Artículos En Español
Exaltación y experimentación en el inicio de la temporada de la New World Symphony

El “Bolero” de Ravel y la New World Symphony (NWS), con Macarena Giménez y Stanislav Olshanskyi del Miami City Ballet. (Fotografía de Alex Markow, cortesía de la NWS).
Los dos conciertos inaugurales de la temporada oficial de la New World Symphony (NWS) superaron las expectativas con dosis altas de exaltación y reafirmaron el carácter de laboratorio musical de la Academia Orquestal de América.
Es todo un desafío iniciar la temporada con la “Coral” beethoveniana en el recinto del New World Theater, además de la incorporación de treinta nuevos becarios en proceso de integrarse plenamente durante el ciclo.
El primer concierto comenzó con la celebración del Mes de la Hispanidad.
Bajo la vigorosa batuta de Ziwei Ma, la efervescente “Kauyumari” de Gabriela Ortiz, dio paso al rítmico “Fandango para violín y orquesta” de Arturo Márquez, encargado y estrenado por Anne Akiko Meyers en 2021. Si bien es demasiado extensa, le permitió a la distinguida solista lucir su sonido, en esencia, poderoso, en una partitura destinada a resaltar sus virtudes interpretativas.
La segunda parte, dedicada al repertorio francés tan caro al director artístico Stéphane Denève, encontró en “Ibéria” de Claude Debussy, un terreno ideal para su refinamiento tímbrico y su capacidad de delinear detalles con exquisitez.

La violinista Anne Akiko Meyers y Stéphane Denève. (Fotografía de Alex Markow, cortesía de la NWS).
El popular “Bolero” de Ravel, cerró la velada con una interpretación fervorosa y una orquesta que respondió con entusiasmo al impulso contagioso del director.
Una coreografía de Nathalia Arja resultó ser un extra bienvenido. Proyectada en las pantallas, regresó al origen del “Bolero” como danza, coreografiada por Bronislava Nijinska para Ida Rubinstein en 1928.
Los eximios bailarines del Miami City Ballet, Macarena Giménez y Stanislav Olshanskyi, ofrecieron una interpretación de alto nivel. En cierta medida, perjudicada por innecesarios primeros planos que no permitieron apreciarlos de cuerpo entero. Al privilegiar la sensualidad por encima de la coreografía, la bella realización audiovisual terminó por opacar aquello que debía realzar.

El flautista Demarre McGill junto a Stéphane Denève. (Fotografía de Alex Markow, cortesía de la NWS).
El segundo programa, concebido como homenaje a Michael Tilson Thomas, fundador y director musical de la New World Symphony, fallecido el pasado 22 de abril, propuso un recorrido desde el presente hacia el pasado.
La velada comenzó con “Notturno” para flauta, arpa y cuerdas, joyita compuesta por Tilson Thomas en 2005 para su cuñada, la flautista Paula Robison y en homenaje a Paul Renzi, flauta de la Sinfónica de San Francisco durante medio siglo.
A partir de una melodía de corte oriental, casi zen, la partitura transita hacia una evocación italiana de inequívoco aliento operístico. Demarre McGill, flautista principal de la Sinfónica de Seattle, ofreció una interpretación superlativa, secundado por las cuerdas, en una convincente reivindicación de esta bella obra de cámara.
El homenaje cobró intensidad con el Adagietto de la “Quinta Sinfonía” de Mahler, compositor central en la trayectoria artística de Tilson Thomas. Mientras se proyectaba una filmación de su interpretación en la New World Symphony, Denève condujo a los músicos en vivo siguiendo los tempi y la concepción de su antecesor. Desde los pianísimos más delicados hasta los clímax sonoros, la memoria se convirtió en música en tributo al creador de la entidad.

Michael Tilson Thomas y Stéphane Denève dirigen el Adagietto de Mahler. (Fotografía de Alex Markow, cortesía de la NWS).
Si Mahler representó la continuidad emocional con el universo artístico de Tilson Thomas, la “Sinfonía n.º 9” de Beethoven no sólo se anticipó al bicentenario de la muerte del compositor que se celebrará en 2027, sino que aprovechó para introducir un enfoque diferente: el de la experimentación interpretativa. Denève recordó que Tilson Thomas había grabado la Novena en dos ocasiones y que había regresado a ella a lo largo de su carrera.
Basándose en la edición de 1996 del director y musicólogo Jonathan Del Mar, Denève se inclinó por respetar las indicaciones metronómicas originales del compositor, cuyos tempi difieren radicalmente de los que suelen escucharse hoy. La elección reabrió una controversia histórica: ¿eran precisos los primeros metrónomos de Beethoven? ¿Pudo su sordera avanzada afectar su percepción del equilibrio y la mezcla instrumental? De hecho, no existen respuestas ni versiones definitivas.
La disposición escénica reforzó la sensación de inmediatez: violines a los lados del director, contrabajos a la izquierda y la percusión en plataformas elevadas a la derecha. El apoteósico movimiento final añadió a la obra una dimensión teatral y colectiva. Rotundo y sedoso, el canto de chelos y contrabajos anunciaba la célebre “Oda a la alegría”, de Friedrich Schiller, mientras solistas y el confiable Master Chorale of South Florida ocupaban los laterales y el fondo del escenario.
Dashon Burton aportó una sonoridad imponente pese a una dicción algo resbalada. Ellie Dehn, Tamara Mumford y el radiante tenor Sean Panikkar completaron dignamente el cuarteto.
Durante la marcha turca, como curiosidad y sorpresa, los percusionistas desfilaron en la primera fila de butacas. El coro, preparado por el infatigable Brett Karlin, ofreció su acostumbrada eficacia, sosteniendo un desenlace vertiginoso en competencia con los solistas y la orquesta, con las sopranos algo sobreexigidas por una tesitura imposible.

La “Novena” de Beethoven en el New World Center. (Fotografía de Alex Markow, cortesía de la NWS).
La interpretación dejó una cuestión abierta. La “Novena” se aborda cada vez más con tempi acelerados para recuperar el impulso original de una música que la tradición romántica convirtió en un monumento que Wagner llegó a llamar “el evangelio humano del arte del porvenir”. Se busca al Beethoven revolucionario, impetuoso, capaz de romper las formas y precipitarse hacia el futuro.
Una “Novena” demasiado solemne puede perder su fuego, pero una excesivamente rápida corre el riesgo de quedarse sin alma, dejando atrás su grandeza al no hacernos sentir cuánto ha costado el arduo camino hacia la fraternidad humana. La New World Symphony, como líder de ese futuro, apostó por el desafío de replantear ese dilema de tan ardua resolución.
ArtburstMiami.com es una fuente mediática sin fines de lucro dedicada a las artes que presenta historias frescas y originales de escritores especializados en teatro, danza, artes visuales, cine, música y más. No te pierdas ninguna historia visitando www.artburstmiami.com