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Miami City Ballet a ritmo de vals

Written By Orlando Taquechel
March 13, 2026 at 12:07 PM

Los bailarines de Miami City Ballet en “Roses del Sur (Tres Valses para Toby)”, coreografía de Alexei Ratmansky (fotografía cortesía de Miami City Ballet).

El programa de Miami City Ballet (MCB) “En la Ciudad Mágica”, se presentó en el Adrienne Arsht Center de Miami del 20 al 22 de febrero y en el Kravis Center de West Palm Beach entre el 28 de febrero y el primero de marzo.

Su título hace referencia al apodo histórico de la ciudad de Miami, acuñado en 1896 por Ethan V. Blackman, un periodista de Daytona que nunca había visitado Miami, motivado por un plano de la ciudad y por el entusiasmo de Henry Flagler, principal desarrollador de la costa este de la Florida.

Las bailarinas de Miami City Ballet en la famosa pose inicial del ballet “Serenade” de George Balanchine (fotografía cortesía de Miami City Ballet).

“Serenata” (1934), la archifamosa obra maestra de George Balanchine, abrió el programa y fue seguida —tras una breve pausa— por el sui generis “Tarantela” (1964), también de Balanchine. La primera cuenta con música de Tchaikovsky; “Tarantela” tiene música de Louis Moreau Gottschalk.

Después del intermedio, se presentó el estreno mundial de “Rosas del Sur (Tres Valses para Toby)”, de Alexei Ratmansky, con música de Johann Strauss hijo.  Un merecido homenaje a la filántropa Toby Lerner Ansin, fundadora de la compañía, quien estuvo presente la noche del viernes 20 de febrero, que aquí reseñamos.

En “Serenata”, con música de Tchaikovsky, los bailarines de la compañía que ahora dirige Gonzalo García mostraron su dominio en un trabajo que Edward Villela, su primer director artístico, incorporó al repertorio de MCB en 1991.

Cameron Catazaro y Hannah Fischer en “Serenata”, coreografía de George Balanchine (fotografía cortesía de Miami City Ballet).

Pocas obras coreográficas reciben una ovación al abrirse el telón y “Serenata” siempre lo consigue, simplemente mostrando a 17 bailarinas en formación.  Esta es la primera coreografía que hizo Balanchine en los Estados Unidos y no tiene argumento, aunque algunas situaciones dramáticas son sugeridas por sus solistas.  En esta ocasión, Hannah Fischer, Dawn Atkins, Jordan-Elizabeth Long, Cameron Catazaro y Chase Swatosh. Todos impecables.

Con los años, “Serenata” se ha consolidado en el gusto del público amante del ballet como una experiencia nostálgica neoclásica que se agradece.

Como también se agradece la presencia en el programa de “Tarantela” —más que un pas de deux, una sucesión trepidante de solos—, porque es una obra creada por Balanchine para Edward Villella y funciona como un recordatorio: Toby Lerner Ansin fue quien invitó en 1985 a Villella a dirigir la recién fundada compañía, a seleccionar sus bailarines y a preparar su primer programa, que se presentó al público en 1986. Villella dejó la compañía en 2012.

Las bailarinas de Miami City Ballet en “Serenata”, coreografía de George Balanchine (fotografía cortesía de Miami City Ballet).

Los vibrantes Taylor Naturkas y Satoki Habuchi, en el baile, y el detallista Francisco Rennó, al piano, constituyen un equipo imbatible y el público los premia con un cálido aplauso.

Pocos hemos pensado en la romántica Venecia y sus canales, como una ciudad asentada en una laguna costera, pero eso es lo que es. Y esa es la laguna a la que hace referencia el vals atmosférico de Strauss, de 1883, utilizado por Ratmansky y con música de la opereta de Strauss “Una noche en Venecia”.

La opereta fue un fracaso, pero el vals es una de las composiciones más populares de Strauss y, además, un buen ejemplo del encanto y la elegancia propios de su estilo.

Los vibrantes Taylor Naturkas y Satoki Habuchi en “Tarantela”, coreografía de George Balanchine (fotografía cortesía de Miami City Ballet).

Ratmansky lo utiliza aquí como banda sonora para el desempeño de ocho bailarinas de ensueño: Mayumi Enokibara, Hannah Fischer, Macarena Giménez, Chole Humphrey, Ashley Knox, Jordan-Elizabeth Long, Yuliia Moskalenko y Nicole Stalker.

El segundo vals, que da nombre a la obra, data de 1880 y utiliza una mezcla de melodías de otra opereta, “El pañuelo de encaje de la reina”, en la que, curiosamente, uno de los personajes es Cervantes, el autor de “Don Quijote”.

La pieza fue dedicada al rey Humberto I de Italia y es una presencia recurrente en los conciertos de fin de año de la Orquesta Filarmónica de Viena. Esta composición, algo introspectiva al inicio, extrovertida después y burbujeante al final, es ideal para mostrar a ocho bailarines que, más que amigos, parecen “uña y carne” o, como diríamos en inglés, sugieren la existencia de algún que otro “bromance”.

Taylor Naturkas en “Tarantela”, coreografía de George Balanchine (fotografía cortesía de Miami City Ballet).

 Esta es la sección más interesante de “Rosas del Sur” por el virtuosismo cariñoso de su trazo coreográfico, que nos descubre a un Ratmansky dueño y señor de una rara precisión léxica en circunstancias de divertida simplicidad.

Precisión y divertida simplicidad son cualidades que comparten sus ocho bailarines arrebatadores:  Lorenzo Dunton,  Satoki Habuchi,  Steven Loch,  Jordan Martinez,  Stanislav Olshanskyi, Alexander Peters, Ethan Rodrigues y Chase Swatosh.

Al final, ellas y ellos regresan organizados en parejas para entregarse de lleno al majestuoso “Vals del Emperador”, y el resultado es un cierre absolutamente mágico para la obra —y el programa—, que el público aplaude con enorme entusiasmo.

Hannah Fischer en “Rosas del Sur (Tres Valses para Toby)”, coreografía de Alexei Ratmansky (fotografía cortesía de Miami City Ballet).

Sin olvidar que los tres valses que integran “Rosas del Sur” también constituyen una oportunidad para acercarse a los sofisticados arreglos de Arnold Schoenberg. Un acontecimiento cuando fueron creados en 1921, y una experiencia sonora subyugante para los oídos de hoy, constantemente sometidos a la agresión de otros ruidosos estilos musicales.

Así las cosas, lo que pudo haber sido solo un trabajo de encargo, con pocas probabilidades de trascender una vez terminado el festejo –como otros muchos en la historia de la danza –, resulta ser un acierto que queda en la memoria como una obra de inefable candor, disfrutable de principio a fin.

“Rosas del Sur (Tres Valses para Toby)” es un triunfo para MCB y un buen candidato para asumir el rol de pieza emblemática de la compañía.

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