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Exposición ‘revisitada’ de pintores cubanos en el Frost Art Museum

Written By Dennys Matos
April 24, 2026 at 2:28 PM

Mariano Rodríguez. “El desayuno” (The Breakfast), 1943. Óleo sobre lienzo. 30 x 41 pulgadas. Claude and María Ruibal Collection © Estate Mariano Rodríguez. (Fotografía de Cora Jean Rafe, cortesía).

Revisitar una exposición de arte es volver a considerar la idea original y las obras de los artistas incluidos en ella, con un nuevo enfoque.

En el caso de “Pintores modernos cubanos de La Habana a Nueva York, revisitada”, del 2 de mayo al 18 de octubre en el Patricia & Phillip Frost Art Museum de Miami, el simple hecho de presentarla en una ciudad con una numerosa población cubana la convierte en una experiencia imperdible.

Con el título “Pintores modernos cubanos de La Habana a Nueva York”, la muestra tuvo lugar primero en Bonhams, Nueva York, en febrero de este año. El término “revisitada” es una aclaración  que se le ha agregado para su presentación en Miami.

Pero ambas están inspiradas y conmemoran la ya histórica muestra “Pintores Modernos Cubanos”, en el MoMA de Nueva York, en 1944, organizada por Alfred H. Barr, Jr., entonces director del museo, y José Gómez Sicre. 

Mariano Rodríguez. “Gladiolos”, 1942. Óleo sobre lienzo, 29 x 25 pulgadas. Emilio and Silvia Ortiz Collection. © Estate Mariano Rodríguez. (Fotografía cortesía de la Fundación Mariano Rodríguez).

En ese año, Cuba llevaba ya cuatro años con su proyecto de modernidad rodando sobre los rieles de la nueva constitución aprobada en 1940, lo que certificaba la derogación, en 1934, de la Enmienda Platt, cuya inclusión en la Constitución de 1901 había sido tan lesiva para la independencia y la soberanía nacional cubanas en su relación con Estados Unidos. 

“Pintores Cubanos Modernos” (MoMA, Nueva York, 1944) presentaba a 13 pintores cubanos, entre los cuales figuraban tanto figuras de la primera vanguardia (1920-1930) como de la segunda (1940-1950). Barr se refiere a esto cuando distingue, dentro de la muestra, una ‘generación mayor y un grupo de artistas jóvenes’. 

Si cruzamos las nóminas de artistas de los pintores presentes en “Pintores Cubanos Modernos” de 1944 y “Pintores modernos cubanos de La Habana a Nueva York”, curada por Elizabeth T. Goizueta y Cristina Figueroa Vives, vemos que se incluyen, de la primera vanguardia, a Carlos Enríquez, Amelia Peláez y Fidelio Ponce de León; y, de la segunda vanguardia, a Mariano Rodríguez, Mario Carreño, Cundo Bermúdez, René Portocarrero, y Roberto Diago. 

Wifredo Lam, que sí está en la muestra reciente, no figuró en la exposición del MoMA de 1944. 

Mariano Rodríguez. “Desnudo reclinado en el jardín” (Reclining Nude in Garden), 1942. Óleo sobre lienzo, 33 x 36 pulgadas, Latin Art Core Gallery Collection, Miami © Estate Mariano Rodríguez. (Fotografía de Rogelio López Marín “Gory”).

Esta edición en el Frost Art Museum, en comparación con la de Bonhams, es mucho más extensa y profunda. Entre otras cosas, porque “con galerías más amplias”, apunta Elizabeth. T. Goizueta en entrevista vía email, “tenemos la magnífica oportunidad de añadir más obras, bien de la exposición original del MoMA, o bien de las galerías neoyorquinas de los años 1940 más relevante, fotos y cartas, y revisar la información que presentaremos al público el 2 de mayo”. 

“Con tantas joyas nuevas”, amplía Goizueta, “nos dimos cuenta de que el carácter de esta segunda exposición ha cambiado (para mejor, me atrevo a decir), y eso se refleja en el nuevo título”.

Por otra parte, “permite reunir”, señala Cristina Figueroa Vives, también en entrevista vía email, “ocho décadas después, un conjunto significativo de piezas, al tiempo que incorpora materiales inéditos procedentes del Archivo Visual José Gómez Sicre, fotografías, correspondencia y scrapbooks, que enriquecen la comprensión del contexto en el que estas obras fueron producidas y circuladas”.

Mariano Rodríguez. “Mujer en el balcón” (Woman on a Balcony), 1942. Óleo sobre lienzo. 26 x 30 pulgadas. Isaac and Betty Rudman Trust © Estate Mariano Rodríguez. (Fotografía cortesía del coleccionista).

Es una ocasión de lujo para ver en Miami este proyecto expositivo, con obras como “Mar Pacífico” (1936) y “El Balcón” (1942), de Amelia Peláez; “Retrato de María Luisa Gómez Mena” (1943), de Kundo Bermúdez; “Autorretrato” (1944), de Antonio Gattorno; y “Retrato de Concha” (1941). 

Pero, también, obras importantes de Mario Carreño (“La Diosa del mar”, 1943) de Wifredo Lam (“Le Sorcier de l’océan (Alafi Incam / Ogun Ferraille”, 1947), de Mariano Rodríguez (“El desayuno”, 1943 y “Gladiolos”, 1942), de René Portocarrero (“Primavera,” 1940), además de obras emblemáticas de Carlos Enrique (“Desnudo”, 1940) y Fidelio Ponce de León (“San Ignacio de Loyola”, 1940). 

Así las cosas, podemos afirmar que “Pintores cubanos modernos: de La Habana a Nueva York, revisitada”, proyecta un horizonte interpretativo ampliado y arroja nuevas luces sobre el fenómeno de las vanguardias cubanas. 

Amelia Peláez. “El balcón” (The Balcony), 1942. Gouache sobre papel adherido a tabla. 24 × 33 pulgadas. Isaac and Betty Rudman Trust. © Amelia Peláez Foundation. (Fotografía cortesía de la Fundación Amelia Peláez)

En este sentido, la primera vanguardia construye una mirada moderna sobre Cuba, cuyo discurso entiende la identidad nacional como una conquista social y cultural. En la gestación y articulación de este discurso, tanto la Revista de Avance (1927) como El Grupo Minorista (1923) desempeñaron un papel fundamental. 

La primera enfatizó la revuelta estética contra los cánones academicistas (neo)coloniales y el segundo enarboló la relación entre arte y política como responsabilidad cívica ciudadana, contra la dictadura de Gerardo Machado y el intervencionismo imperialista estadounidense, imbricándose en muchos aspectos con el pensamiento político y revolucionario cubano del siglo XX. 

De ahí, en parte, que la primera y la segunda vanguardia apelaran, con sus distinciones y particularidades poéticas y discursivas, a una serie de enunciados como el mestizaje, el paisaje, lo rural, lo doméstico, lo popular, el individuo y la sociedad, el deseo y la soledad y, muy importante, lo etnorracial afrocubano. Todos, como elementos cuyas narrativas describían e interpretaban los valores nacionales.

Amelia Peláez. “Marpacífico”, 1936. Óleo sobre lienzo. 29 x 37 ³/₈ pulgadas. Giulio V. Blanc Collection. Courtesy of Lodovico and Margherita Blanc © Amelia Peláez Foundation. (Fotografía cortesía de la Fundación Amelia Peláez).

Todos estos enunciados, excepto el de lo etnorracial afrocubano, fueron tomados y reinterpretados a partir de los acervos vanguardistas europeos. 

Barr subraya que la pintura cubana moderna logró fundir influencias de París, México, el Renacimiento y el Barroco con “elementos nativos cubanos” que, sobre todo, la segunda vanguardia convirtió en un rico ajiaco de subjetividades.  Pero esta muestra, puntualiza Goizueta, “abarca una perspectiva más amplia: la de reconocer y traer a la luz la importancia que tuvo esa exposición, junto con otras, durante la década de los años 1940, los años duros de la guerra y la posguerra mundiales”. 

René Portocarrero. Figura para una mitología imaginaria (Figure for an Imaginary Mythology), 1945. Gouache sobre papel montado sobre cartón. 36 × 27 pulgadas. Cortesía de Latin Art Core. (Fotografía de Rogelio López Marín “Gory”).

Recordemos que las vanguardias europeas estuvieron vinculadas a los procesos totalitarios en Europa, donde, como ejemplos más evidentes, están el futurismo italiano vinculado al fascismo de Mussolini y el constructivismo ruso con el estalinismo (Boris Groys, “Obra de arte total Stalin”, Pre-Textos, 2008; Slavoj Žižek, “¿Quién dijo totalitarismo?”, Pre-Textos, 2002). 

Cierto que las vanguardias cubanas compartieron con las europeas el impulso modernizador, el nacionalismo, el antiacademicismo y el espíritu de progreso, pero estos discursos no piensan desde el culto al Estado ni desde la movilización de la sociedad como un cuerpo total, sino desde la conciencia de una nación cultural inacabada, desembarazada del pasado (neocolonial), envuelta en el mestizaje y lo afrocubano. 

Por otro lado, el nacionalismo de las vanguardias cubanas —y esto es un elemento decisivo— no fue un nacionalismo modernizador chovinista, sino que tendió más bien a inscribirse en un horizonte cívico-republicano y social-liberal, no en uno totalitario como el que desafortunadamente se impuso con la deriva totalitaria de la revolución. 

Mario Carreño. La Diosa del mar (Goddess of the Sea), 1943. Duco, conchas marinas, abanico de mar y collage textil sobre panel. 37¼ x 46 ½ pulgadas.  Cortesía de Latin Art Core. (Fotografía de Rogelio López Marín “Gory”).

Por último, y volviendo al principio, el clima político que desemboca en la Constitución de 1940 es interpretado y asumido por la gran mayoría del campo artístico e intelectual como una búsqueda de la democracia. Creando un imaginario dominante de modernización que ahora conviene rescatar para el futuro democrático de Cuba, como articulación entre nación, cultura y reforma social.

QUÉ: “Pintores cubanos modernos: de La Habana a Nueva York, revisitada”

DÓNDE: The Patricia & Phillip Frost Art Museum (10975 SW 17th St., Miami, FL 33199).

CUÁNDO: del 2 de mayo al 18 de octubre. De martes a domingo, de 11 de la mañana a las 5 de la tarde.

BOLETOS: Gratis

PARA MÁS INFORMACIÓN: visite https://frost.fiu.edu o llame al (305) 348-2890 

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