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Dos programas irreprochables al cierre del 31.º Festival Internacional de Ballet de Miami

Written By Orlando Taquechel
August 24, 2026 at 10:50 PM

Marcella Borges y Emerson Ferreira, del Ballet do Theatro Municipal do Rio de Janeiro (Brasil), en el pas de deux de “Don Quijote” de Marius Petipa. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet/International Ballet Festival of Miami).

Terminó por todo lo alto el 31.º Festival Internacional de Ballet de Miami (IBFM, por sus siglas en inglés), con dos funciones en el Fillmore Miami Beach, que lo posicionaron como su mejor edición desde la pandemia de COVID, y sus Galas, como las más cercanas a la idea original de Pedro Pablo Peña, su fundador.

Definitivamente, los tiempos son otros y, en ocasiones, circunstancias imposibles de controlar —la problemática de las visas para los artistas invitados, las limitaciones del presupuesto, el cambio de uso del teatro Jackie Gleason y la renovación del Miami-Dade County Auditorium— le han dificultado a Eriberto Jiménez, su director actual, ofrecer una Grand Classical Gala (Gran Gala Clásica) a la altura de las expectativas: con un buen programa integrado por obras de ballet clásico, interpretadas por grandes artistas (de ahí su titulo).

Carlos Veitía agradece el premio “A Life for Dance”, junto a Eriberto Jiménez y David Camorlinga Tagle, creador de la estatuilla, al inicio de la Grand Classical Gala del sábado 15 de agosto en el Fillmore Miami Beach. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet/International Ballet Festival of Miami).

 

La llamada Closing Gala of the Stars (Gala de Clausura de las Estrellas) del día siguiente, el domingo en la tarde, siempre ha sido más fácil de armar porque, de alguna manera, ha devenido en una selección de lo mejor presentado en el festival.

Pero este año hay motivo para festejar, porque ambas funciones ofrecieron programas irreprochables, lo que ha significado un renacer de las galas del IBFM.

Emily Estrada y Ataru Matsuya, de Arts Ballet Theatre of Florida (ABTF), en el pas de deux de “Festival de las Flores de Genzano” de August Bournonville. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet/International Ballet Festival of Miami).

En la Grand Classical Gala del sábado 15 de agosto se presentaron trece obras, casi todas fueron pas de deux. Algo parecido ocurrió en la Closing Gala of the Stars, con algunos títulos repetidos. Siete países (Brasil, Canadá, Colombia, Italia, México, Uruguay y USA) fueron representados por 12 compañías, de las cuales 5 eran norteamericanas. Solo dos eran locales: Arts Ballet Theatre of Florida (ABFT) y Cuban Classical Ballet of Miami (CCBM).

La función del sábado abrió con la entrega del premio “A Life for Dance” a Carlos Veitía, coreógrafo y bailarín dominicano, fundador de la compañía de danza Ballet Concierto y director del Teatro Nacional Eduardo Brito.  En la función del domingo se dio a conocer que el premio “Criticism and Culture of Ballet” fue para Christine Jowers, fundadora y editora de la plataforma digital “The Dance Enthusiast”, quien no estuvo presente.

Marize Fumero y Marco Micov, del Milwaukee Ballet, en el pas de deux de “Romeo y Julieta”, con coreografía de Arionel Vargas. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet/International Ballet Festival of Miami).

El programa artístico de la Grand Glassical Gala comenzó de manera placentera con el coqueteo de los encantadores Emily Estrada y Ataru Matsuya, de Arts Ballet Theatre of Florida (USA), en el pas de deux del ballet “Festival de Flores en Genzano” de August Bournonville.

Inmediatamente después, se presentó el pas de deux de “Romeo y Julieta”, a cargo de la siempre formidable Marize Fumero —acompañada por Marco Micov y representando al Milwaukee Ballet—, en una actuación premiada en ambas funciones con una cálida ovación.

Laura Barbosa y Eduardo Diez, del Ballet de Monterrey (México), en el pas de deux de “La Bella Durmiente” de Marius Petipa. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet/International Ballet Festival of Miami).

A continuación, Laura Barbosa y Eduardo Diez, dos intérpretes dotados de una elegancia innata y desconcertante, procedentes del Ballet de Monterrey (México), se erigen en el descubrimiento más agradable de esta edición al bailar con impoluta ecuanimidad el pas de deux de “La Bella Durmiente”.

Tres pas de deux reconocidos como “caballos de batalla” espectaculares — omnipresentes en las galas de concierto — completaron la primera parte del programa: “Diana y Acteón”, “Aguas Primaverales” y “El Corsario”.

Danna Sandoval y András Felipe Ángel, de la Compañía Colombiana de Ballet (Colombia), en el pas de deux “Diana y Acteón” de Agrippina Vaganova. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet/International Ballet Festival of Miami).

Danna Sandoval y Andrés Felipe, de la Compañía Colombiana de Ballet (Colombia) —que dirige José Manuel Ghiso— fueron asertivos en “Diana y Acteón”; Brenna Mulligan y Luciano Perotto, de Ballet San Antonio, aprovecharon al máximo cada instante del brevísimo “Aguas Primaverales” de Asaf Messerer; Ana Paula Montero y Emanuel Talongo, de la Compañía Nacional de Danza (México), sobresalieron en “El Corsario”, que cerró la primera parte del programa.

Brenna Mulligan y Luciano Perotto, del Ballet San Antonio, en “Aguas Primaverales”, de Asaf Messerer. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet/International Ballet Festival of Miami).

Después del intermedio, Chanell Cabrera y Ariel Martínez, del Washington Ballet, se entregaron apasionadamente a la interpretación de “Finding Lights” (Buscando Luces), una interesante coreografía de ballet contemporáneo.

En las galas de concierto con artistas invitados, es inevitable que se repitan algunas obras. Los participantes quieren mostrar lo que consideran su mejor trabajo. Casi siempre “adaptado” para causar asombro positivo. El público lo sabe e incluso lo agradece.  ¿Quién quiere ser testigo de una experiencia fallida?

Ana Paula Montero y Emanuel Tolongo, de la Compañía Nacional de Danza (México), en el pas de deux del ballet “El Corsario” de Marius Petipa.  (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet/International Ballet Festival of Miami).

Así las cosas, “Diana y Acteón” regresó a cargo de Ihosvany Rodríguez y Natalie Álvarez, del CCBM, que también dirige Eriberto Jiménez. La experiencia de Rodríguez y la belleza estatuaria de Álvarez, sumadas a la autoridad de sus alardes técnicos, constituyen una apuesta ganadora.

El virtuosismo interpretativo de Rachele Buriassi y Esnel Ramos, de Les Grands Ballets Canadiens (con sede en Montreal, Canadá), es la esencia del exquisito trabajo de pareja que los hace ideales para bailar “Talismán”, un pas de deux con música de Riccardo Drigo y coreografía de Marius Petipa, programado inmediatamente después.

Ihosvany Rodríguez y Natalie Álvarez, del Cuban Classical Ballet de Miami, en “Diana y Acteón”, de Agrippina Vaganova. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet/International Ballet Festival of Miami).

Pero hay que reseñar que fue en la Gala de Clausura, glosando con maestría el adagio de Frigia y Espartaco del ballet “Espartaco”, con música de Aram Jachaturian y coreografía de Yuri Grigoróvich, cuando ofrecieron una actuación de inefable espiritualidad por la que 2026 será recordado como “el año en que Buriassi y Ramos visitaron Miami y conmovieron a los espectadores hasta las lágrimas”.

Definitivamente, ellos pusieron las cosas difíciles a los que vendrían después, pero el Ballet Nacional Sodre (Uruguay) tenía reservado un arma secreta para competir: el carisma explosivo del brasileño João Víctor Monteiro, un intérprete idóneo para el papel del mercader Lankendem en el ballet “El Corsario”, que se nos presenta en la escena en la que pretende vender a la esclava Gulnara, interpretada por Yasmin Lomondo.

Rachelle Buriassi y Esnel Ramos, de Les Grands Ballets Canadiens (Canadá), en el adagio de Frigia y Espartaco del ballet “Espartaco”, de Yuri Grigorovich.  (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet/International Ballet Festival of Miami).

El carácter canallesco del pas d’esclave (paso de la esclava) versionado por Anna María Holmes, que Monteiro y Lomondo bailan en estado de gracia, es el antídoto ideal para la dulce sensación lastimera que “Espartaco” ha dejado en la audiencia.

Monteiro es un rufián tan divertido que nos hace olvidar la historia de Frigia y Espartaco desde el instante en que extiende un brazo hacia adelante, con la palma de la mano hacia arriba, apunta a Gulnara y busca un comprador. No hay duda alguna: el Lankendem de Monteiro es un placer culpable ineludible.

Yasmin Lomondo y João Victor Monteiro, del Ballet Nacional Sodre, en el pas d’esclave del ballet “El Corsario”, con coreografía de Anna Marie Holmes. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet/International Ballet Festival of Miami).

El único solo del programa que vino después resultó ser un tributo al estilo personalísimo de Mina, la legendaria cantante pop italiana. “Vedrai Vedrai” es el título de la canción que escuchamos y el motivo de inspiración para el coreógrafo e intérprete Nicola Marchionni, de Amici di Maria De Filippi (Italia). Hay tanta honestidad en el desborde histriónico de la ejecución desafiante de Marchionni que el resultado elude la crítica.

Todavía hay tiempo para otros dos pas de deux de la autoría de Marius Petipa, que garantizan la aceptación de los amantes del espectáculo brillante: “El Corsario” (otra vez, ¿por qué no?) y “Don Quijote”.

El primero, interpretado por dos atinados bailarines: Brenna Mulligan y Luciano Perotto, del Ballet San Antonio. El segundo, bailado con entusiasmo contagioso por Marcella Trindade Borges y Emerson Ferreira, del Ballet do Theatro Municipal do Rio de Janeiro (Brasil), sirve para cerrar la función a la altura de las expectativas.

Nicola Marchionne, de Amici di Maria De Filippi (Italia), en “Verai Verai”, un solo de su propia creación. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet/International Ballet Festival of Miami).

En la Gala del domingo abundan los aciertos, tanto entre quienes repitieron la entrega como entre quienes aprovecharon la oportunidad para demostrar versatilidad, algunos de ellos en obras de estilo contemporáneo.

Entre todos los participantes, solo dos intérpretes no habían actuado en la gala anterior: Nora Yun Schaefer y Andreas Cross, ambos de Arts Ballet Theatre of Florida. Ellos bailaron un agradable dueto titulado “Danzón”, con música de Antonio Márquez y coreografía de Yanis Pikieris.

Chanell Cabrera y Ariel Martínez, del Washington Ballet, en “Finding Lights” (Buscando Luces), de Edward Liang. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet/International Ballet Festival of Miami).

Por su parte, Brenna Mulligan y Luciano Perotto tuvieron la responsabilidad de cerrar el programa y clausurar el festival. Algo que hicieron con un “Corsario” incluso más seguro y extrovertido que el de la noche anterior.

En conclusión, hay que celebrar que las galas del IBFM han recuperado su razón de ser y su lustre.

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