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Sin cuarta pared: el parricidio postal de ‘todo lo que no dije’

Written By Jose Antonio Evora
July 26, 2026 at 11:45 AM

Christian McGaffney es el ‘narrador’ surtido de postales en “Todo Lo Que No Dije”, la producción de Miami New Drama que cierra temporada este domingo 2 de agosto en el Colony Theatre de Lincoln Road en Miami Beach. (Fotografía de Ari Feldmiller, cortesía de Miami New Drama).

No hay motivo para asustarse: el protagonista de “Todo lo que no dije”, la producción de Miami New Drama que está a punto de cerrar temporada en el Colony Theater de Lincoln Road, en Miami Beach, jamás mata a su padre, ni siquiera en pesadillas.

Como se verá, un parricidio postal es otra cosa.

Tampoco hay en la representación ningún acto de extrema crueldad, salvo el hecho de que ese padre desapareció de la vida de su hijo cuando este probablemente más lo necesitaba.

La escribió Harley Elías; Michel Hausmann dirigió el montaje y lo interpreta Christian McGaffney, visto antes en el Colony como protagonista de “Las Aventuras de Juan Planchard”. Las funciones, en español con traducción simultánea al inglés, terminan el domingo 2 de agosto en el black box habilitado en el escenario del Colony.

El muy difícil tema del hijo renegado se aligera aquí con ingredientes muy livianos: las postales, los aviones de papel y el teatro. Todo ocurre en una escenificación de corte lúdico, durante la cual el protagonista involucra al público hasta el punto de que varios espectadores, guiados por el actor, representan al propio padre, a la tía, a un detective privado, a una enfermera y a un guardia de seguridad.

QUE NO SE DIGA

Una fórmula que combine postales, aviones de papel y el juego escénico desatado por la participación de los espectadores no parece inclinada a profundizar en las zonas oscuras de un conflicto como el que nos ocupa. He ahí la primera cualidad de la obra: es una aproximación ligera a un tema muy espinoso.

“Un pequeño misterio se transforma en un viaje inolvidable entre recuerdos, migración, música, aviones de papel y conexiones perdidas”, afirma la nota de presentación de “Todo lo que no dije”, protagonizada por Christian McGaffney. (Fotografía de Ari Feldmiller, cortesía de Miami New Drama).

No sería justo cuestionar si valía la pena hacerlo así, porque tanto el autor como el director y los productores tienen sobrados derechos para elegir por dónde quieren que transcurra su relato escénico. Al mismo tiempo, el público y la crítica disfrutan de semejante libertad para preguntarse cuán satisfactorios resultan el enfoque y su resultado.

El protagonista sin nombre, identificado solo como “narrador”, cuenta que llevaba décadas sin saber de su padre hasta que descubrió en un mercado de pulgas una postal que podría haberle escrito él. 

De acuerdo con la presentación que Miami New Drama hace en su página de internet, “un pequeño misterio se transforma en un viaje inolvidable entre recuerdos, migración, música, aviones de papel y conexiones perdidas”.

Nótese que ese inventario de efectos desencadenados por el hallazgo no menciona las potenciales secuelas psíquicas de la separación, cuyo motivo ignora el hijo/protagonista. Digamos, aceptando su propia premisa, que el autor se decantó por un personaje a salvo de rencores, libre de la mortificación del abandono, porque luego —imaginemos— vivió colmado del amor incondicional que le prodigaron otros familiares y otras personas.

Pero el conflicto, el hueco negro perforado en el alma de ese hijo que se pregunta por qué el padre no quiso saber más de él, sigue ahí, y para que el personaje gane riqueza interior no le basta contar que se hizo esa pregunta: era necesario un desgarramiento al estilo de “El Foso y el Péndulo” de Edgar Allan Poe: “¿Cómo no había comprendido que era necesario el foso, que ese foso solo era la razón del hierro ardiente que me asediaba?”.

A fin de cuentas, sí es lícito decir que el personaje debería asomarse a la desolación sembrada en su alma por el desprecio de quien le dio la vida. Y representarla en términos de acción, al menos por encima, no importa cuán mínima sea. En todo caso, no escamotearla por completo.

Pero no. La obra va por otro camino.

“Yo vine aquí esta noche para que ustedes me ayudaran a reescribir mi historia”, declara el narrador al presentarse ante el público. Quienes acepten las reglas y se incorporen al juego disfrutarán mucho. Sin embargo, el espectador, sacudido visceralmente por el conflicto, empezará a hacerse preguntas que “Todo lo que no dije” nunca llega a abordar. 

LA PROCESIÓN VA POR DENTRO

Se puede sospechar que el autor quiso diluir el peso emocional del conflicto en una distracción fértil, equivalente a un juego de cartas, aquí representado mediante postales. En sí mismo, ese podría ser un efecto del abandono paterno: mirar hacia otra parte, el clásico “denial” no tanto de la dramaturgia como de la vida misma, para echar a un lado el sufrimiento. “La procesión va por dentro”, solían decir los abuelos.

El detective privado, así como el padre, la tía, la enfermera y el guardia de seguridad, serán interpretados por espectadores a quienes el protagonista entrega postales con los diálogos que deben decir. (Fotografía de Ari Feldmiller, cortesía de Miami New Drama).

Visto así, el espectáculo da gusto. En primer lugar, porque Christian McGaffney hace creíble que su personaje está en trance, y que, si en vez de una postal aparentemente remitida por el padre se hubiese encontrado un reloj detenido en el tiempo, habría iniciado la historia diciendo que el segundo final marcado por sus manecillas fue cuando su padre le habló por última vez. 

Da igual: cualquier cosa que le sirviera para enajenarse y manipular la fuente de su dolor en un relato controlado por él de principio a fin.

La excelencia del trabajo actoral de McGaffney, muy bien coreografiado por Hausmann, subvierte la gravedad del tema, hasta el punto de que el espectador empieza a involucrarse en esa especie de terapia que el personaje se da a sí mismo con las postales y los aviones de papel. 

De todas formas, la pregunta sigue siendo: si después de hallar la postal en el mercado de pulgas, el texto le hubiese abierto el camino para desahogarse en una catarata de resentimientos, ¿cuál habría sido el resultado?

Aunque la opción del parricidio postal sea preferible en la vida real a la de “Edipo Rey” y “Tebas Land”, eso no significa que también lo sea en el teatro, que es mejor cuando toca lo insondable. La dramaturgia más genuina es la que logra colarse en esa procesión que va por dentro.

QUÉ: “Todo lo que no dije”, en sus últimas funciones. En español, con traducción simultánea al inglés.

DÓNDE: Colony Theatre Black Box (1040 Lincoln Road, Miami Beach, FL 33139).

CUÁNDO: jueves 30 y viernes 31 de julio, 8:00 pm; sábado 1 de agosto, 2:00 pm y 8:00 pm, y domingo 2 de agosto, 3:00 pm

PRECIO: Entre $65 y $85. Una parte de cada entrada se destina a apoyar las comunidades afectadas por los terremotos en Venezuela

PARA MÁS INFORMACIÓN: visite https://miaminewdrama.org/show/todo-lo-que-no-dije/

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