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XVI Festival Flamenco de Miami: su atractivo ‘crossover’ y un momento mítico inesperado

Eva Yerbabuena y el elenco de “Yerbagüena (Oscuro Brillante)”, la noche del jueves 6 de marzo en el Knight Concert Hall del Arsht Center. Fotografía: Daniel Azoulay (cortesía del Arsht Center)
Desde el momento en que el flamenco transformó su expresión folclórica en una propuesta teatral, sus creadores sellaron su suerte como arte “crossover”. Un término que hace referencia a la ampliación del atractivo popular de un artista emblemático de un estilo, generalmente, por un cambio de medio o por adaptación en la manera de hacer.
En el flamenco teatralizado, los elementos que originalmente atraían a un público inevitablemente constreñido a una cultura e idiosincrasia, se combinan con formas mucho más aceptadas y populares en otras latitudes y medios, para llegar a un público más amplio.

Manuel Liñán (al centro) en “Muerta de Amor”, la obra que abrió la edición XVI del Festival Flamenco Miami, el miércoles 5 de marzo en el Knight Concert Hall del Arsht Center. Fotografía: Daniel Azoulay (cortesía del Arsht Center).
En este contexto, el éxito de la XVI edición del Festival Flamenco itinerante que dirige y produce Miguel Marín, presentado recientemente en el Arsht Center, es un buen ejemplo.
Sin cuestionar la autenticidad creativa de sus principales protagonistas (Manuel Liñán, Eva Yerbabuena, Patricia Guerrero y Alfonso Losa), las obras presentadas fueron espectáculos donde el vínculo entre lo especializado y lo más amplio se estableció apelando a las referencias emocionales de la audiencia.
En el mundo tan conectado en que vivimos, todos compartimos recuerdos de un libro que hemos leído, una canción que tarareamos o una película que disfrutamos y tenemos una vida inspirada y afectada por los mismos eventos (el infame COVID incluido).
No es que Liñán, Yerbabuena, Guerrero y Losa hayan creado sus obras pensando en referencias específicas. Los referentes son una presencia omnipresente en sus vidas y en las nuestras. Es la empatía por la condición humana que los define y caracteriza, lo que les ha permitido alcanzar el éxito mundial como artistas, porque el arte flamenco de hoy en día, es la experiencia del encuentro por excelencia.

La Compañía Manuel Liñán en “Muerta de Amor”. Fotografía: Daniel Azoulay (cortesía del Arsht Center).
Así las cosas, el “Muerta de Amor” de Liñán -el espectáculo que abrió el festival- es una puesta en escena que desarma al espectador por su humanidad. En “Yerbagüena (Oscuro Brillante)” Yerbabuena utiliza el formato tradicional de un vehículo estelar para hacernos reflexionar sobre nuestras propias expectativas y en “Alter Ego”, Guerrero y Losa invitan a la audiencia a disfrutar de un pas de deux que revaloriza el virtuosismo como recurso comunicativo.
“Muerta de amor” tiene un protagonista (Liñán) y una historia (la remembranza de sus encuentros amorosos con otros hombres), un leit-motiv (las coplas, que parecen ser “la banda sonora de su vida”), un tema (la pasión) y un asunto (la búsqueda del amante ideal) pero es, sobre todo, una obra de grupo.
Acompañan a un Liñán magnífico, el desempeño excepcional de seis bailaores que además, actúan y cantan (José Maldonado, Alberto Selles, Juan Tomás de la Molia, Miguel Heredia, José Angel Capel y David Acero), el cante de Juan de la María, la guitarra de Francisco Vinuesa y la percusión de Javier Teruel.
Mención aparte merecen el violín sublime de Victor Guadiana y el desborde expresivo de la prodigiosa cantaora Mara Rey, intentando afirmar su unicidad como eslabón perdido entre una tonadillera y una torch song singer. Algo que consigue con creces.

(De izquierda a derecha) El guitarrista José Manuel Martínez Muñoz “El Peli”, la cantaora Sandra Carrasco y la bailaora Patricia Guerrero en “Alter Ego”. Fotografía: Daniel Azoulay (cortesía del Arsht Center)
“Muerta de Amor” es una obra maestra y un aporte del imaginario social gay al baile flamenco -o viceversa- que probablemente será recordado como un evento parteaguas para el teatro LGBTQ en España, como lo fue el “Torch Song Trilogy” de Harvey Fierstein para el drama estadounidense.
Pero no hace falta ser español o gitano, homosexual o gay (que no es lo mismo) para entender la excitación y la añoranza presentes en la vida de Liñán. La esencia de “Muerta de Amor” llega a todos los espectadores.
Por su parte, Eva Yerbabuena (idea original, dirección artística, coreografía y baile) y su equipo (el compositor, director musical y guitarrista Paco Jarana, los cantaores Miguel Ortega, Antonio El Turry, Manuel de Ginés y Ezequiel Montoya, el bailaor José Manuel Ramos “El Oruco” y Daniel Suárez en la percusión y electrónica) hacen de “Yerbagüena (Oscuro Brillante)” un espectáculo complaciente y desafiante al mismo tiempo.
Complaciente, al inicio y al final, cuando ofrece lo supuestamente esperado por el público: zapateado en el primer cuadro; bata de cola y mantón en la última escena. Desafiante, en cada una de sus participaciones individuales, cuando Yerbabuena abandona la escena para cambiarse de ropa, y en los momentos en que ella regresa para mostrarse inédita y entregada a la danza expresionista.
En ambas situaciones, Eva Yerbabuena reafirma su autoridad y categoría.

Patricia Guerrero y Alfonso Losa en “Alter Ego”. Fotografía: Daniel Azoulay (cortesía del Arsht Center)
Pero el festival se tenía reservado un brillante colofón con el “Alter Ego” de Patricia Guerrero y Alfonso Losa, abrazados por las voces privilegiadas de Sandra Carrasco e Ismael “El Bola” y la guitarra de José Manuel Martínez Muñoz “El Peli”.
La excepcionalidad de “Alter Ego” nos hace imposible intentar la descripción sintetizada habitual en una reseña, baste decir que rebosa de secuencias inolvidables. La intensidad de los arranques de furia de Losa y la musicalidad exquisita de Guerrero provocan incredulidad y admiración.
Pero por un instante, la música desaparece y el público es testigo de una experiencia única cuando Guerrero y Losa se transmutan en íconos y despiertan el recuerdo de una actuación mítica considerada un logro inalcanzable.
Desde que en 1940 Eleanor Powell y Fred Astaire bailaron “Begin the Beguine” e intercalaron una secuencia sin música en la exigente rutina que ejecutaban sin esfuerzo aparente, ese mismo recurso -mil veces utilizado antes y después- no había tenido desde entonces una propuesta que pudiera competir con ellos en la memoria colectiva de los amantes de la danza, pero Guerrero y Losa lo consiguen. Ojalá “Alter Ego” tenga una versión fílmica que le permita a las generaciones futuras poder apreciar el desempeño de ambos.
En esta edición del festival abundaron los momentos que van a ser recordados con agrado pero el mano a mano de Guerrero y Losa en estado de gracia es el trance seductor que garantiza al evento un lugar en la historia de la danza en Miami.
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