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Jonas Kaufmann, un recital que dejó al público insatisfecho

Posted By Daniel Fernández
November 9, 2021 at 12:17 AM

Jonas Kaufmann y Helmut Deutsch (al piano), la noche del 14 de septiembre en el Knight Concert Hall del Arsht Center. Fotografía: Daniel Azoulay (cortesía del Arsht Center)

Aunque en Miami la rechifla al final de un espectáculo musical, incluso clásico u operístico, suele significar aprobación, júbilo, aplauso; cabe preguntarse si los estruendosos silbidos que venían del mezzanine y el balcony del Knight Concert Hall del Arsht Center, indicaban disgusto y desaprobación. Y no es que el famoso tenor Jonas Kaufman, en la noche del 14 de septiembre, no luciera su poderosa voz y no cumpliera con un extenso programa, sino que el público esperaba más de un divo de esa categoría.

Es preciso recordar que el nutrido público no sólo había pagado altos precios, sino que se había sometido a las reglas impuestas debido a la pandemia. No sólo la máscara nasobucal era obligatoria, sino que había que presentar, antes de acceder al vestíbulo, carnet de vacunación o, en su defecto, certificado de no estar contaminado, extendido 24 horas antes. Luego había que someterse a las ya tradicionales requisas a la entrada, con detector de metales, y con el añadido de que no se podían pasar alimentos ni agua al interior. Se había habilitado en los jardines la venta de café, agua y golosinas que solían venderse en los vestíbulos antes de la pandemia.

Por eso quizá el publico pensó que podía exigir más, que el siempre sonriente divo iba a complacer a su público de Miami con alguna aria de las más famosas, o bien, con algo más ligero que el denso programa en sólido alemán con el que se presentó, con el extraordinario Helmut Deutsch al piano, quien fuera acompañante durante 12 años del legendario barítono Hermann Prey.

Jonas Kaufmann y Helmut Deutsch (al piano), la primera parte de la noche estuvo toda dedicada a Liszt.  Fotografía: Daniel Azoulay (cortesía del Arsht Center)

La primera parte de la noche estuvo toda dedicada a Liszt; canciones con textos de Heine, Goethe, Lenau y otros. Bien escogidos los Lieder, alternando los dramáticos con los melancólicos, los reflexivos con los intensos.  En algunos, como “Vergiftet sind meine Lieder, S. 289, No. 3”, pudo el cantante hacer gala de su voz de helden tenor. En otros, destacó su especial sensibilidad para los nostálgicos pianos, aunque no siempre le quedaron limpios los finales afalsetados.

Es preciso destacar la labor de Deutsch, que resultó no sólo un inteligente apoyo para Kaufmann, sino que supo ganarse sus propios méritos en los momentos en solitario; especialmente en “Im Rheim, im schonen Strome S. 272” y en “Ihr Glocken von Marling, S. 328”. La primera, donde el piano recrea las bellas ondas del río Rin, la segunda, donde evoca el tañido del campanario del pueblo. Su trabajo fue siempre de exquisito gusto y acertada participación sin robar protagonismo. Un maestro.

La segunda parte del programa, que se ofreció sin intermedio, sino una leve pausa como para que los intérpretes tomaran agua y no más, fue peor recibida, quizá agravada por la circunstancia de que el público no tuvo tiempo de visitar los servicios o descansar del interminable rosario de canciones alemanas, que por más que gusten, ¿quién en su casa escucha 21 canciones alemanas, más o menos en el mismo estilo, sin siquiera tomar agua?

Jonas Kaufmann y Helmut Deutsch (al piano), las 12 canciones que siguieron a las de Liszt pertenecían a 11 compositores diferentes. Fotografía: Daniel Azoulay (cortesía del Arsht Center)

Las 12 canciones que siguieron a las de Liszt pertenecían a 11 compositores diferentes; sólo se repetía Schubert, porque sin duda es uno de los favoritos del género y el que posee más canciones, unas 654. Muy escogido el repertorio, bellezas establecidas de siempre en todos los programas de Lieder, como “Das Veilchen, K. 476”, de Mozart, y “Der Musensohn, Op 92 No. 1, D. 764” y “Wanderers Nachtlied II, D. 768”, de Schubert, la famosísima “Wiegenlied Op. 49, No. 4”, de Brahms, que compartieron cartelera con obras menos conocidas de Zemlinsky, Chaicovsky o Chopin, y la sorpresa de una obra de Carl Bohm.  El público, aunque con muestras de fatiga, correspondió empáticamente a algunas obras conocidas, incluso aplaudiendo con mayor o menor participación de los asistentes, a pesar de que se había sugerido al principio del recital de que se abstuvieran de aplaudir hasta el final, para no estropear el efecto.

Jonas Kaufmann y Helmut Deutsch (al piano)… aunque con muestras de fatiga, el público correspondió empáticamente a algunas obras conocidas. Fotografía: Daniel Azoulay (cortesía del Arsht Center)

Al final, como dije al principio, hubo gran algarabía, ovación de pie y rechifla, pues el público esperaba, algo así como “Nessun dorma”, como encore, pero no, después de largo rato de aplausos y chiflidos, y un par de salidas a saludar, volvieron el tenor y el pianista a escena con una partitura escuálida, y sin siquiera decir el título cantó algo más… de lo mismo; por supuesto, en alemán. Y se fue con su sonrisa a otra parte.

Quizá el tenor estaba cansado, pues se encuentra de gira por Estados Unidos, pero en una primera visita se debe ser un poco generoso, especialmente si se trata de un divo con tan vasto repertorio. A la salida los rostros, perdón los ojos, porque las bocas estaban tapadas, no expresaban alegría ni contento. En los parqueos, ya sin máscaras, muchos desahogaban su frustración en varios idiomas, ninguno era el alemán.

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