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El abrazo del ‘GOLFO’ de Brigid Baker y cómo sobrevivir en el nuevo Titanic

Los siempre impecables Amy Trieger, Isaiah González y Meredith Barton, en “GULF”, estreno mundial de Brigid Baker que tuvo lugar en el Lehman Theater del North Campus de Miami Dade College. Fotografía: Justin Trieger (cortesía de brigid baker wholeproject).
Desde que se dio a conocer que Brigid Baker estrenaría una nueva obra titulada, “GULF” (“GOLFO”, en español), el viernes 9 de mayo en el Lehman Theater del North Campus de Miami Dade College, la mayor motivación para ir a ver la función era descubrir cómo iba a conseguir reproducir el efecto de intimidad que hicieron inolvidables sus presentaciones en el On.Stage Black Box del Miami Dade County Auditorium.
El espacio reducido y la cercanía del público a sus bailarines, le ha servido siempre para establecer una conexión entrañable con los espectadores y a estos, para disfrutar intensamente de las idiosincráticas pinceladas creativas de la coreógrafa y directora artística de brigid baker wholeproject, algo difícil de apreciar en un teatro de proscenio.
Para hacernos creer que estamos en la caja negra del Miami Dade County Auditorium, Brigid manipula el protocolo de acceso a la sala, permitiéndole a los espectadores tomar el programa de mano en el vestíbulo del teatro y transitar por un pasadizo imaginario junto al patio de butacas antes de arribar al escenario del Lehman transformado ahora en un espacio con las condiciones deseadas.

Meredith Barton e Isaiah González en “GULF”, coreografía de Brigid Baker. Fotografía: Justin Trieger (cortesía de brigid baker wholeproject).
Un programa de mano de una sola página y un lugar semioscuro, son constantes en la obra de Brigid. Como lo es la música que ella escoge con extremo cuidado para ambientar el momento en que los presentes toman asiento. En esta ocasión, es la canción “Gracias a la Vida” de Mercedes Sosa. De esta forma, aunque la representación no ha empezado todavía, el espectador ya ha recibido estímulos suficientes como para orientar su lectura de la obra.
Alguien dijo alguna vez que aún interpretando una canción sumamente triste la voz de Ella Fitzgerald sugería siempre la opción de un final feliz. Algo similar ocurre con Brigid, que siempre vislumbra un desenlace positivo en todo lo que ocurre y esta no es la excepción.
“No es una tarea fácil, estar vivo”, afirma el texto de la escritora Maria Popova (Bulgaria, 1984), publicado en marzo de este año en su blog “The Marginalian”, que es ubicado en el programa de mano bajo una foto del punto donde el golfo se une al mar abierto.
En manos de un creador más propenso al enfrentamiento ideológico descarnado, las expresiones de Popova “camiones de ICE están esposando a la gente” y “niños muriendo a tiros” al otro lado del planeta mientras “los primeros pájaros de la primavera están cantando y en todas partes la gente se está enamorando (…)” serían sugerencias suficientes para una hoja de ruta sobrecogedora.
Quizás apropiada para la confección de una puesta en escena militante al estilo del persuasivo “Bridges NOT Walls” de Hannah Baumgarten y Diego Salterini, estrenado por Dance Now! Miami en 2017, o para un montaje melodramático a la manera del desgarrador “The Cuban Project: My Story, Your Story, Our Story” (2023), de Leymis Bolaños Wilmott con Sarasota Contemporary Dance. Dos trabajos recientes bien conseguidos, portadores de mensajes políticos de impacto.

Amy Trieger e Isaiah González en “GULF”, coreografía de Brigid Baker. Fotografía: Justin Trieger (cortesía de brigid baker wholeproject).
Pero el “GULF” de Brigid Baker es una propuesta de otro tipo, y para ella las situaciones presentes en el texto de Popova son referencias a una realidad que necesitamos tener presente pero que no hace falta ser llevadas a escena de manera literal.
En su lugar, y con la habilidad que posee para balancear belleza y urgencia, la creadora de obras maestras como “Crown” (2020), “Abracadabra” (2022) y “Cloud 9” (2023) nos hace apreciar lo que aún tenemos y podríamos perder si no hacemos algo por evitar el hundimiento de la “nave de tontos” en la que se ha convertido el mundo en que habitamos.
“No pensé que fuera posible que un barco tan grande como ese pudiera hundirse”, reconoce un sobreviviente del Titanic en un video “curado” por Brigid para “GULF”.
Un comentario que nos hace considerar si el mundo disfuncional en que vivimos es un nuevo Titanic y todos somos pasajeros de una nave cuyos tripulantes derrochan arrogancia y se sienten insumergibles, como los de entonces. Al hacerlo con la sutileza que la caracteriza, Brigid nos recuerda, igualmente, que pasajeros y tripulación no son la misma cosa. Así que todavía hay esperanza.
Con coreografía, escenografía, vestuario y videos suyos, diseño de iluminación de Quanikqua “Q” Bryant Bradshaw y diseño de sonido, proyecciones y fotografías de Justin Trieger, “GULF” avanza como brisa marina entre secciones con proyecciones de video y escenas bailadas. Seis en total.

La coreografía de Brigid para sus tres intérpretes irremplazables, Meredith Barton, Isaiah González y Amy Trieger, es exquisita de principio a fin. Fotografía: Justin Trieger (cortesía de brigid baker wholeproject).
Los videos muestran escenas catastróficas o impresionantes tomas submarinas que se explican por sí mismas. En los momentos donde bailan los siempre impecables Meredith Barton, Isaiah González y Amy Trieger, el trazo coreográfico se nos va descubriendo poco a poco como una sublimación de las contracciones de un corazón abrumado por la tarea de tener que mantenernos con vida.
Por suerte, el corazón de “GULF” es un corazón que persiste, como el de Brigid, porque ambos están convencidos de que “de algún modo, todo tiene que unirse en un mundo único en el que nosotros, en toda nuestra incoherencia, debemos vivir esta única vida”. Así termina el texto de Maria Popova.
La música de “GULF” es de Sofia Gubaidulina, Jessie Montgomery, Meredith Monk y Gavin Bryars. De este último, Baker incorpora varios fragmentos de “The Sinking of the Titanic”, una composición inspirada por la anécdota sobre la banda del Titanic que continuó tocando mientras el barco se hundía.
La coreografía de Brigid para sus tres intérpretes irremplazables, es exquisita de principio a fin, pero la segunda escena bailada, que ella describe como “un dueto para tres” y que cuenta con la música de la “Rhapsody No. 1” de Jesse Montgomery, son 7 minutos de inefable fragilidad emotiva que se ubican por derecho propio entre lo más inspirador creado por Brigid en toda su carrera.

Meredith Barton e Isaiah González en “GULF”, coreografía de Brigid Baker. Fotografía: Justin Trieger (cortesía de brigid baker wholeproject).
Asumiendo que la forma del Golfo de México es la invitación a un abrazo que idealmente debería mantener unidos a México, Cuba y Estados Unidos, el discurso coreográfico de Brigid adquiere la categoría de alegato a favor de la conexión emocional entre países y seres humanos.
En ese contexto, Meredith, Isaiah y Amy, convertidos en rapsodas, bailan revisitando memorias personales que, de manera casi inmediata, resultan ser igualmente significativas para los espectadores.
En resumen, el “GULF” de Brigid Baker es una obra que fomenta la reflexión crítica sobre el mundo apelando a la empatía emocional y sin recurrir a la obviedad panfletaria o al histrionismo avasallador. Y eso la define como un logro indiscutible, porque hace que salgamos del teatro al terminar la función, con la inferencia de lo que debemos tener en cuenta para sobrevivir en el nuevo Titanic.
Algo a considerar también al decidir cómo y con quién hablar de política, pero ese es un asunto para otro momento.
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