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Los artistas indígenas contemporáneos Manuel Chavajay y Antonio Pichillá exponen sus obras en Miami

Manuel Chavajay, vista de la instalación “Ru sook jab” [Nido de lluvia], 2024. La obra da acceso a la exhibición “Manuel Chavajay: Xojowi ja qa tee ruachulew” [Danzas de la madre tierra] en el Institute of Contemporary Art (ICA Miami). (Fotografía: Oriol Tarridas, cortesía del ICA Miami).
Una cultura de un pueblo: la maya tz’tujil de San Pedro la Laguna —en las faldas del lago Atitlán, en Guatemala— se inserta en estos días de calor y lluvia en la ciudad de Miami, y lo hace a través de dos de sus artistas contemporáneos más relevantes: Manuel Chavajay y Antonio Pichillá.
Ambos, aunque con quehaceres y trayectorias muy distintos, hacen de su tierra y de la visión del mundo que emana de su lugar de origen y residencia el leitmotiv de su trabajo.
Para ser apreciados, basta con asistir al Institute of Contemporary Art [ICA Miami], donde actualmente se exhibe la primera exposición institucional de uno de ellos en los Estados Unidos: “Manuel Chavajay: Xojowi ja qa tee ruachulew” [Danzas de la madre tierra]. O con visitar la casa-residencia de artistas de DC Art Foundation, donde se exhibe la obra más reciente del otro, Antonio Pichillá, quien ha sido el último invitado a trabajar en este espacio.

La foto captura uno de los momentos de la performance en las orillas del lago Atitlán, en San Pedro la Laguna, Guatemala, donde nació Chavajay y desde donde ha desarrollado su obra. (Fotografía de Mileydy Artiles, cortesía de la artista).
Los dos lugares dan cuenta de la presencia de la cultura indígena en el mundo de hoy, dentro y fuera de Occidente, en el límite, más allá de los estereotipos y las formas de hacer arte con las que se le ha identificado. Acercan la vida de quienes observan el mundo amurallado por montañas a esta ciudad bañada por el mar y el Caribe, donde el sol aplana la vista y abundan los arcoíris.
Muestran otra perspectiva, incluso una en la que los artistas no tienen que transitar por Nueva York o Tokio, ni vivir en las urbes modernas para acceder a los grandes museos, las universidades o el mercado del arte. Tanto Chavajay como Pichillá se convirtieron en figuras internacionales sin haber migrado en busca del éxito. Entre otras muchas explicaciones posibles, por la descentralización que ha propiciado el internet y por el auge de las teorías de descolonización que romantizan el mundo indígena.

Vista de la segunda sala de la exhibición de Chavajay. Para este artista maya-t’zutujil pintar se convierte en mirar hacia arriba, buscar el sol y convertir el interior de las ollas de barro en pequeños planetarios. (Fotografía de Mileydy Artiles, cortesía de la artista).
Otra clave, sin embargo, es la influencia del artista visual, antropólogo y maestro Roberto Cabrera (1939-2014), quien a principios de siglo dirigió la Escuela Nacional de Artes Plásticas [ENAP] Rafael Rodríguez Padilla en la Ciudad de Guatemala. Gracias a él y sus proyectos de investigación-acción en el interior del país, muchos artistas indígenas tuvieron más oportunidades de formación y fueron desmarcados del arte popular.
Aunque unos años más tarde que Pichillá, quien sí recibió una influencia directa de Cabrera, Chavajay se graduó de la misma escuela, en principio con una marcada vocación pictórica. Destacó en sus inicios por su gran habilidad técnica, el uso de colores intensos y, sobre todo, por su interés en captar los reflejos y la mirada que se devuelve y rebota, sin duda inspirada por los espejos de agua del lago Atitlán, el ícono y la fuente de devoción más trascendental en Guatemala.

Detalle del interior de una de las ollas de barro que forman parte de la obra “Vientre de los cosmos”. 2024-2026. Amarradas junto a otras, revelan cielos y constelaciones de un universo que puede pasar desapercibido si el visitante no se inclina a buscarlas. (Fotografía de Mileydy Artiles, cortesía de la artista).
En una de sus orillas se encuentra San Pedro la Laguna, el segundo pueblo de mayor densidad poblacional de los doce que se sitúan alrededor del lago y uno de los epicentros del turismo new age desde los años sesenta. Estos dos elementos son centrales para entender la propuesta de la exhibición actual de Chavajay en el ICA Miami.
En los telones pintados que cuelgan, e incluso en las pinturas enmarcadas, sobresalen el amarillo, las formaciones concéntricas del sol [toj en la cosmovisión maya], centro de luz en las visiones de volcanes y montañas, que se acercan y se alejan en relación con su presencia.

Antonio Pichillá. “Tejiendo el paisaje” (2020), video-performance. Al igual que en Chavajay y en gran parte de los artistas guatemaltecos, el lago de Atitlán es una divinidad en sí misma. Contiene los poderes de la naturaleza y el asombro incesante que produce la belleza. (Fotografía: captura de pantalla, cortesía de DC Art Foundation).
A ella se debe también la difuminación del color y la opacidad de las representaciones que no buscan el realismo, sino el vínculo entre lo visto y lo sentido, el reflejo en su totalidad. No se trata solo de la óptica, sino de su efecto, que, como una onda, una vibración, interpela al cuerpo y lo afecta, lo transforma, creando otras formas de ver, entender y relacionarse con el universo.
Desde ahí se entiende una performance como “Ru Sook Jab” [Nido de lluvia], cuya documentación abre la primera sala de la exposición. Sobre una manta y vestido con el traje tradicional de los hombres mayas-tz’tujiles, Chavajay danza sobre el mismo petróleo quemado con el que las lanchas que trasladan turistas contaminan el lago. El ritual invoca al nahual Kej, quien sostiene el equilibrio de la naturaleza. Está, por supuesto, afuera, en una de las orillas del lago.

Antonio Pichillá. “Abuelo” (2026). Aunque a primera vista este cuadro tejido recuerde a Carlos Cruz-Diez y a las obras del arte óptico, en realidad es una recreación de patrones presentes en los pantalones que llevan los hombres en las comunidades mayas tz’utujiles. La abstracción geométrica ya tenía una tradición en el mundo indígena antes de ser conceptualizada en Occidente. (Fotografía: Evelyn Sosa, cortesía de DC Art Foundation).
Por su parte, en la video-performance que registra la acción “Tejer el paisaje” (2020), Pichillá, usando telas blancas, negras y amarillas —como si fueran hilos—, conecta unos troncos de árboles que murieron al ser absorbidos por las aguas del lago.
Trabaja allí como si lo que hubiera quedado fuera un urdidor, el instrumento que se usa para tensar, medir, estructurar los patrones —la urdimbre— del tejido. Crea una escultura monumental, otra realidad que conversa con las mitologías y los poderes que se le atribuyen a ese lugar, de la manera en que lo ha hecho desde sus inicios en el arte: amarrando, uniendo, encapsulando. Así monta y desmonta, inventa rituales entre el arte y la curandería.
Desde muy joven, Pichillá cura a su familia y a sus vecinos mediante recreaciones simbólicas, fuego, nudos, envoltorios y telas que luego reaparecen en su manufactura. Sus cuadros, textiles e instalaciones casi siempre hacen eco de esta experiencia.

Antonio Pichillá. “Serpiente bicéfala” (2026), escultura de hilo y madera. El artista incorpora el urdidor, tradicionalmente utilizado para crear patrones textiles, al esqueleto de su pieza. Lo reinterpreta, como en gran parte de su obra, a través de los movimientos zigzagueantes de Kukulkán, la serpiente emplumada para los mayas. (Fotografía: Evelyn Sosa, cortesía de DC Art Foundation).
También están allí, en la sala de DC Art Foundation, y hablan tanto de los ancestros, las abuelas y los abuelos, siempre invocados en el mundo maya, como del telar, del tacto y de la visión.
Al igual que Chavajay, Pichillá trabaja con su tierra y su gente, investiga, sirve a su comunidad y la reimagina en una conversación infinita con ese Dios-lago, que rinde tributo a la tierra, al cielo y a la interacción entre los planetas.
QUÉ: “Manuel Chavajay: Xojowi ja qa tee ruachulew/ Danzas de la madre tierra” y Exposición de las obras del artista en residencia Antonio Pichillá
DÓNDE: Chavajay: en el Institute of Contemporary Art [ICA Miami] (61 NE 41st Street, Miami, FL 33137). Pichillá: en la Sala de DC Art Foundation (676 NW 23rd St., Miami, FL, 33127)
CUÁNDO: Chavajay: hasta el 22 de noviembre de 2026 (de miércoles a domingo, de 11:00 a. m. a 6:00 p. m.). Pichillá: hasta el 30 de julio de 2026 (de lunes a viernes, de 10: 00 a. m. a 6:00 p. m.) Con cita previa, contactando a Cristina Figueroa al (305) 404-7882 o escribiendo a info@dcartfoundation.org
PRECIO: Entrada gratuita a ambas exposiciones. Para la de Chavajay, reservando tickets online en https://icamiami.org/tickets/
PARA MÁS INFORMACIÓN: Chavajay: llame al (305) 901-5272 o escriba a hello@icamiami.org Pichillá: visite https://www.dcartfoundation.org/miami
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