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La inquietud de lo contemporáneo en el 31.º Festival Internacional de Ballet de Miami

De izquierda a derecha: Alexander Duval, Gabriela Rodríguez, Cora Collado y Ednis Ariel Gómez, bailarines del Ballet Nacional Dominicano, en “Sinestesia”, coreografía de Pablo Pérez. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet y del International Ballet Festival of Miami).
Lo clásico, en la danza como en las demás artes, lleva en su etiqueta la promesa de un valor comprobado y eterno. Sin embargo, un arte afianzado en el presente tiene que establecer su mérito mediante un ingenio fresco y acertado, quizá con agradables sorpresas o incluso con un reto que rompe expectativas demasiado cómodas.
Pronto llegan las galas del 31.º Festival Internacional de Ballet de Miami para exaltar el clasicismo, pero ya el viernes 7 de agosto, en el Teatro Manuel Artime, el programa contemporáneo de este evento anual, dirigido por Eriberto Jiménez, incluyó doce piezas inquietas y osadas que certificaron el buen arte acuñado en nuestros días.
En un año en que la participación internacional se ha reducido a solo dos grupos extranjeros, las ofertas del Ballet Nacional Dominicano (BND)—con su picante especial del Caribe, pero también con una elaboración novedosa que cruza fronteras—resultaron ser las que más levantaron los ánimos y calentaron el ambiente.

Cora Collado, bailarina del Ballet Nacional Dominicano, en “Quisqueya”, coreografía de Erick Guzmán. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet y del International Ballet Festival of Miami).
Esta compañía, fundada en 1981, ha asistido al festival con frecuencia y hemos podido confirmar que lleva un buen tiempo en una trayectoria acertada con sus propuestas. En la presente edición y bajo la dirección de Pablo Pérez, BND sigue demostrando que puede captar los sentidos con el intelecto.
Los dominicanos abrieron la noche con los matices autóctonos de su país en la versión solista de “Quisqueya”, de Erick Guzmán, donde la bailarina Cora Collado, dúctil y esbelta, se presenta con la cara cubierta por un gran sombrero de paja, como ícono de su pueblo, mientras despliega movimientos en puntas pero a un dictado de percusión que parece ser el latido de su herencia.
La técnica del ballet determina cómo se posiciona, avanza y se extiende, pero ella demuestra una fuerza nutrida por raíces nacionales al ondularse con una coordinación rítmica entre los brazos y las caderas. Collado logra otorgar a esta alegoría dominicana una intimidad intensa. Quedó consagrada y quedamos encantados.

Los bailarines del Ballet Nacional Dominicano, Gabriela Rodríguez y Alexander Duval, en “Desde el Silencio”, con coreografía de Duval. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet y del International Ballet Festival of Miami).
Por su parte, “Desde el Silencio” le dio la oportunidad al bailarín Alexander Duval de ejercer, con chispa y empeño, su talento como coreógrafo e intérprete, acompañado por Gabriela Rodríguez.
Comienza, como el título indica, con una lucha artística en la que los contrincantes se disputan unas zapatillas de punta que la mujer resguarda como si fueran talismanes. Este calzado atrae y alerta cuando lo baten—curioso llamado de sirena—para alzar el único sonido. El hombre acaba por alardear de su propio poder con movimientos expansivos, al fin clavados en una quinta posición perfecta. Dándose tregua, ya con música, la pareja llega a un acuerdo lírico.

Ednis Ariel Gómez, bailarín de Ballet Nacional Dominicano, en “All Human Beings”, con coreografía de Pablo Pérez. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet y del International Ballet Festival of Miami).
Luego, Pablo Pérez tomó el mando como coreógrafo para rendir tributo a la Declaración Universal de los Derechos Humanos en “All Human Beings” (Todos los Seres Humanos), con la lectura del documento en inglés y en español, acompañando la exhibición de la virtud física de Ednis Ariel Gómez.
Su musculatura, simétrica y llamativa, dominó el escenario con pasos y poses dignas del Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci.

Ednis Ariel Gómez y Alexander Duval, bailarines del Ballet Nacional Dominicano, en “Pan-Pan Cul”, coreografía de Pablo Pérez, con música de Antonio Vivaldi. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet y del International Ballet Festival of Miami).
Lo noble cedió a las diabluras de “Pan-Pan Cul”, también de Pérez, con música de Antonio Vivaldi.
Gómez y Duval parecen salir de una nube al presentarse primero, engalanados, entre metros de tul blanco, dígase el desborde de un tutú romántico. Aunque extraen diversión de lado a lado, yendo para aquí y para allá, con su “dame y te daré”—el título es la frase en francés que promete darles “pao pao” a los niños traviesos—los bailarines, ahora en atuendo mínimo, abogan con la seria intención de soltar las cargas culturales.
En “Sinestesia” regresan los ya mencionados cuatro bailarines, vestidos con un surtido de colores (diseño de Renata Cruz), lo que permite a Pérez jugar con ellos, como si fueran serpentinas de arcoíris. Así demuestran, entre curvas y líneas, cómo sus movimientos se convierten en un concierto, como si entonaran melodías.

Alessio Badiali y Benedetta Pollini, bailarines de la compañía italiana Lyric Dance Company. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet y del International Ballet Festival of Miami).
Visitándonos desde Florencia (Italia), Lyric Dance Company, fundada por su actual director, Alberto Canestro, y establecida en 2004, aportó dos ballets al festival que quedaron dentro de una zona segura del neoclasicismo.
“Riflessi” (Reflejos), extracto de una obra basada en Marilyn Monroe, y “Ave María”, un homenaje a Maria Callas, ambas del director, transmitieron emociones sobrias, algo genéricas, en lugar de las pasiones volcánicas de esas divas.
Aunque a veces con más digna intención y dulzura que destreza, los jóvenes intérpretes Benedetta Pollini y Alessio Badiali no dejaron de tener su encanto.

Brenan González y Darlyn Pérez, bailarines de Marez Dance Company, en “At the edge of everything”. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet y del International Ballet Festival of Miami).
Fue interesante descubrir un grupo de nuestra ciudad, Marez Dance Company, bajo la dirección de Brodie, Rachelle Masse y Darlyn Pérez, coreógrafas de “At the edge of everything” (Al borde de todo), en colaboración con Brenan González, quien acompañó a Pérez en el escenario. Éstos trazaron una serie de intensas formaciones con movimientos agudos y, a la vez, con fluidez sinérgica, cuerpos abiertos o abrigados, unos contra otros.
Hasta más fervorosos y con un cometido admirable, aunque menos pulidos, fueron el par de solos que representaron al Cuban Classical Ballet of Miami (CCBM), bajo la dirección artística de Eriberto Jiménez. Interpretados por sus creadores, “Unseen” de Eleni Gialas quedó inconcluso y como blanco de tantos tiros corporales, y “Dreams” (Sueños) de Carlos Realegeno—mejor enfocado—despertó un atletismo contundente en este rastreo onírico.

Carlos Realegeno, bailarín del Cuban Classical Ballet of Miami, en “Dreams”, un solo de su propia creación. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet y del International Ballet Festival of Miami).
Mientras un dúo de Jiménez cargaba con una dimensión histórica concentrada en almas emparejadas.
“Sueño de Martí en la Alameda”, con música de Silvestre Revueltas, alude a un famoso mural de Diego Rivera en el que aparece el apóstol de Cuba entre figuras cumbre de México. Aquí, los intérpretes Cynthia Ham y Natanael Leal, bajo sus conos de luz, pasan de lo meditativo a las perturbaciones, interesándonos no tanto por un encuentro específico como por el difuso ambiente poético.

Cynthia Ham y Natanael Leal, bailarines del Cuban Classical Ballet of Miami, en “Sueño de Martí en la Alameda”, coreografía de Eriberto Jiménez, con música de Silvestre Revueltas. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet y del International Ballet Festival of Miami).
Impulsado por la evocadora música—incremental e insistente—de Philip Glass, “Nosotros”, también de Jiménez, fue su mejor regalo para su compañía.
Los cuatro intérpretes—Gialas y Leal, Natalia Rocamonde y Realegeno—bien situados en la técnica y con fuerza afectiva, sostuvieron la intrincada estructura. Tuvo mérito que las convenciones del pas de deux se desafiaran cuando, por turno, los dos hombres y las dos mujeres se apartaron del grupo para lucir sus propios intercambios físicos, subrayando el presente de la danza.

Carlos Realegeno y Natanael Leal, bailarines del Cuban Classical Ballet of Miami, en “Nosotros”, de Eriberto Jiménez, con música de Philip Glass. (Fotografía de Simon Soong, cortesía de Miami Hispanic Ballet y del International Ballet Festival of Miami).
El festival culminará con las galas clásicas. El sábado 15 de agosto a las 8 de la noche y el domingo 16 a las 5 de la tarde. Ambas en el Fillmore Miami Beach, en el Jackie Gleason Theater.
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