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Arts Ballet Theatre of Florida: una entrega deslumbrante que es recompensada con una ovación de pie

Los bailarines de Arts Ballet Theatre of Florida (ABTF) en “Polovetsian Dances”, coreografía de Vladimir Issaev. (Fotografía de @patriciasphotography, cortesía de ABTF).
La Gala de Primavera del Arts Ballet Theatre of Miami (ABTF), último programa de la temporada 2025-2026 de la compañía fundada y dirigida por el Mtro. Vladimir Issaev resultó ser una función disfrutable de principio a fin, por la frescura de sus intérpretes, la luminosidad de su puesta en escena y el altísimo nivel de las obras presentadas.
Definitivamente, no es una exageración afirmar que esta actuación fue el mejor cierre de temporada de la historia de la compañía.

De izquierda a derecha: Kanon Tanaka, Yayoi Sasaki, Qian Hui Tan y Mayu Kanazawa en “Tarde en la Siesta”, coreografía de Alberto Méndez. (Fotografía de @patriciasphotography, cortesía de ABTF).
Desde las cálidas melodías del compositor cubano Ernesto Lecuona (1895-1963) —el programa abrió con “Tarde en la Siesta” de Alberto Méndez, en un montaje de Mary Carmen Catoya— hasta la sonoridad espectacular del compositor ruso Alexander Borodin (1833-1887) y sus “Danzas Polovtsianas” —en versión coreográfica del propio Issaev—, la música que escuchó el público presente en el Aventura Arts & Cultural Center tuvo la admirable virtud de hacer avanzar el programa con impresionante eficacia teatral.
Es un logro distintivo al que igualmente colaboraron las otras tres obras que completaron el programa:
“Danzón” (música del mexicano Arturo Márquez y coreografía del colombiano Yanis Pikieris), una obra de grupo creada para el Ballet de Monterrey en 1973 —también en montaje de Mary Carmen Catoya—, “Shostakovich Suites” (música de Dimitri Shostakovich y coreografía de Issaev) y “La Traviata pas de deux”, de Issaev, con música del italiano Giuseppe Verdi. Shostakovich e Issaev nacieron en Rusia.

Los bailarines de Arts Ballet Theatre of Florida (ABTF) en “Danzón”, coreografía de Yanis Pikieris. (Fotografía de @patriciasphotography, cortesía de ABTF).
El origen diverso de sus creadores no impidió que el resultado fuera un espectáculo magníficamente integrado y de sobrecogedora autenticidad estilística. Contar con Issaev como maestro, coreógrafo y director artístico es la garantía de una visión integradora que, durante años, ha sido el motor de la praxis creativa de la agrupación.
Estamos hablando aquí de la materialización de una idea largamente gestada que finalmente ha florecido, sin importar las dificultades impuestas por la realidad circundante. En gran medida, debido a dos circunstancias que ABTF comparte con todas las pequeñas compañías de ballet del mundo: el número limitado de sus integrantes y su carácter de talento itinerante.

Los bailarines de Arts Ballet Theatre of Florida (ABTF) en “Shostakovich Suites”, coreografía de Vladimir Issaev. (Fotografía de @patriciasphotography, cortesía de ABTF).
En estos momentos, por suerte para todos —artistas y público—, ABTF cuenta con un grupo de bailarines muy talentosos procedentes de doce países que han manifestado su interés en permanecer en la compañía, lo que ha permitido a Issaev transformar el acostumbrado reinicio anual —nueva temporada, nuevos bailarines— en una estrategia de continuidad y desarrollo.
Los aciertos de esta hermosa Gala auguran un futuro magnífico para un ABTF que, a todas luces, parece imparable.
Sin duda alguna, la afable versatilidad de sus bailarines es quizás el secreto mejor guardado de la danza actual en Miami. Ellos saben cómo proyectarse en situaciones sofisticadas (“Tarde en la siesta”); cómo bailar de forma divertida (“Danzón”) y cómo transitar un trazo coreográfico que es a la vez ilustración y reflexión (“Shostakovich Suites”).

Sebastián Casares, Leonardo Bares, Remina Tanaka y Ataru Matsuya en “Shostakovich Suites”, coreografía de Vladimir Issaev. (Fotografía de @patriciasphotography, cortesía de ABTF).
Ellos también saben que bailar con una fluidez casi detenida les facilita alcanzar un nivel inigualable de autoridad expresiva. El mejor ejemplo es el exquisito desempeño de Indira Mayrani y Yoichi Habaguchi en “La Traviata pas de deux”.
Por último, en las “Danzas polovtsianas”, todo el elenco acepta la invitación al virtuosismo sin desfallecer en el intento, y el resultado supera todas las expectativas.
Así las cosas, todos ellos consiguieron que el espectáculo transmitiera de manera natural una rara sensación de integridad.

Indira Mayrani y Yoichi Habaguchi en “La Traviata pas de deux”, coreografía de Vladimir Issaev. (Fotografía de @patriciasphotography, cortesía de ABTF).
“Tarde en la Siesta”—donde las protagonistas son cuatro hermanas—tiene lugar en el patio de una casona en una colina habanera. Probablemente en la Loma del Mazo, en el barrio de La Víbora. En Cuba se les llama “lomas” a las colinas y se considera que La Habana tiene 7 colinas (como Roma).
Kanon Tanaka es Esperanza y Mayu Kanazawa es Dulce. Soledad es interpretada por Qian Hui Tan y Consuelo, por Yayoi Sasaki. Este elenco le aporta un exotismo al aire nostálgico que inunda la reconocida obra maestra de Méndez, lo que la convierte en un ejercicio inédito.

Kansuke Nakamura, Ataru Matsuya y José Luis Pechené en “Polovetsian Dances”, coreografía de Vladimir Issaev. (Fotografía de @patriciasphotography, cortesía de ABTF).
Por supuesto, los conflictos de las niñas ricas y privilegiadas, inmersas en la somnolencia propia del período de descanso y digestión que llamamos “siesta”, han sido los mismos en todo el mundo desde tiempos inmemoriables. Y aquí también, al terminar la siesta, las reglas de conducta, basadas en lo establecido como correcto o incorrecto, recuperan su importancia en la vida de las cuatro hermanas.
El danzón es el baile nacional de Cuba, pero tiene un arraigo enorme en México, particularmente en el puerto de Veracruz.
En el “Danzón” de Márquez/Pikieris participa toda la compañía. Ninguno de los bailarines es cubano —y Sebastián Cazares es el único mexicano—, pero todos muestran comprensión del estilo. Sobresalió el colombiano José Pechené, al bailar el segundo “pas de deux” con Kanon Tanaka (igualmente brillante en el papel de Esperanza en “Tarde en la siesta”).

Indira Mayrani (al frente) y las bailarinas de Arts Ballet Theatre of Florida (ABTF) en “Polovetsian Dances”, coreografía de Vladimir Issaev. (Fotografía de @patriciasphotography, cortesía de ABTF).
En “Shostalovich Suites”, una obra organizada en once secciones, Issaev rebosa de ideas y los bailarines no tienen un momento en el que no sean menos que espléndidos. Pero, por alguna razón, el pas de quatre masculino que bailan Sebastián Casares, Leonardo Bares, Remina Tanaka y Ataru Matsuya, y el adagio que interpretan Kansuke Nakamura y Mayu Kanazawa permanecen en la memoria.
En las “Danzas polovtsianas”, presentadas después de “La Traviata pas de deux”, una adorable Indira Mayrani y el preeminente Ataru Matsuya se llevan las palmas.

Los bailarines de Arts Ballet Theatre of Florida (ABTF) en “Polovetsian Dances”, coreografía de Vladimir Issaev, con Ataru Matsuya al centro, en el aire. (Fotografía de @patriciasphotography, cortesía de ABTF).
Con respecto a las “Danzas polovtsianas” de Issaev, cabe destacar que se trata de una propuesta visualmente deslumbrante, con mucho que admirar y disfrutar. Una vivencia enriquecedora, tanto para los intérpretes como para los espectadores, que despierta un agradecimiento incondicional y, por ello, se ve recompensada con una ovación de pie.
Basta decir que al finalizar la función, uno titubea entre abandonar definitivamente el teatro o quedarse cerca, anhelando una intervención divina. Esperando que alguien salga al vestíbulo y nos grite “Regresen, lo van a bailar otra vez”, para obedecer, retornar a nuestros asientos y vivir de nuevo la experiencia de una noche inolvidable.
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