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Dos ilustres franceses en Miami Beach

Written By Sebastián Spreng
May 6, 2026 at 3:36 PM

In Memoriam MTT, un tributo impostergable. (Fotografía de Alex Markow, cortesía de la New World Symphony).

Las mejores intérpretes de la otoñal Mariscala —de “El caballero de la rosa” de Richard Strauss— sostienen que el secreto para hacer más memorable el adiós final consiste en dejar al público con un ojo lloroso y el otro esperanzado. 

Bajo esa premisa podría trazarse un paralelo con el concierto que cerró la temporada 2025–26 de la New World Symphony (NWS) en Miami Beach: una velada tan emocional como esperanzada, donde pasado y futuro confluyeron con naturalidad. No fue sólo un programa bien estructurado, sino también la reafirmación de una tradición formativa y artística profundamente arraigada en la visión de sus fundadores.

Por un lado, el tributo impostergable a su creador, Michael Tilson Thomas (MTT), fallecido hace dos semanas, así como a su filántropa, Lin Arison, fallecida en octubre pasado. Por otro lado, la despedida de los becarios que culminaron su ciclo y, last but not least, la del infatigable Howard Herring, director ejecutivo que se retira tras 25 años de gestión tan impecable como —cabría aventurar— irrepetible.

Guiado por dos ilustres franceses, el programa reunió a dos compositores, en todos los aspectos cercanos a MTT, cuya música supo transmitir como pocos o ninguno: Leonard Bernstein y George Gershwin. 

En Bernstein convergen la genealogía artística y la afectiva de MTT, discípulo y heredero. En Gershwin, una afinidad electiva cultivada a lo largo de décadas. Y el programa se reveló como un mapa afectivo que delineaba las raíces y las pasiones del maestro recientemente fallecido

Generoso y certero, Stéphane Denève abrió la velada con un documento audiovisual histórico: la obertura de “Candide” dirigida por MTT en los Kennedy Center Honors de 1980, frente al homenajeado Bernstein. Ágil e incisiva, impregnada de ironía teatral, su interpretación —aun mediada por la distancia temporal— conserva intacta su capacidad comunicativa.

Siguió el arreglo orquestal de Nicholas Hersh de “Make Our Garden Grow”, erigido en metáfora viva: al igual que Bernstein, MTT formó generaciones de músicos que hoy continúan floreciendo.

Jean-Yves Thibaudet y Stéphane Denève. (Fotografía de Alex Markow, cortesía de la New World Symphony).

La Segunda Sinfonía de Bernstein, “The Age of Anxiety”, ocupó el centro del programa. 

Inspirada en la égloga homónima de W. H. Auden, la obra se sitúa entre lo sinfónico y lo narrativo. Compuesta a los 30 años, despliega su personalidad multifacética a través de las historias de tres personajes en un bar de Manhattan durante la guerra. 

Es también su propia historia y las reflexiones de un hombre brillante, que describe las siete etapas de la vida, más otras siete que reflejan la búsqueda de los personajes. Una reflexión autobiográfica en la que el piano encarna al compositor en su búsqueda de sentido, luchando por ser comprendido en un mundo extraño.

Recientemente condecorado en su país, el pianista Jean-Yves Thibaudet regresó como solista con la combinación de virtuosismo técnico y sutileza expresiva a la que nos tiene acostumbrados.  Recorriendo con naturalidad la riqueza de una partitura intrincada, alternando pasajes de brillantez rítmica con momentos de sutil introspección. Su interpretación encarnó plenamente esa cualidad tan bernsteiniana: “está escrito, no es improvisación, pero suena como si lo fuera”. 

Denève, por su parte, equilibró la densidad estructural con la fluidez discursiva. En “Masques” reveló con precisión el pulso jazzístico de la obra, abordado por Thibaudet con impagable soltura idiomática. El Epílogo fue delineado con elocuencia contenida, evitando excesos retóricos y privilegiando una comunicación directa y profunda.

Denève introdujo una modificación en el programa para incluir “La cathédrale engloutie” de Claude Debussy, en homenaje a Lin Arison. En su versión orquestal —inspirada en la transcripción de Leopold Stokowski—, la obra adquirió una dimensión casi arquitectónica mientras Thibaudet desplegó una paleta de colores que evocó la imagen de una catedral emergiendo de las profundidades, en un envolvente juego de resonancias y silencios.

Stéphane Denève y la New World Symphony (NWS). (Fotografía de Alex Markow, cortesía de la New World Symphony).

La segunda parte  abrió con las “Variations on I Got Rhythm” de Gershwin, en arreglo de William Schoenfield, bajo la dirección de la becaria Ziwei Ma. La lectura restituyó la vitalidad de la última obra clásica completa del compositor, equilibrando el rigor formal y la espontaneidad jazzística. Thibaudet reafirmó, una vez más, la vigencia de Gershwin gracias a su versatilidad estilística.

“An American in Paris”, obra emblemática del repertorio estadounidense, fue interpretada por Denève con una profunda comprensión de sus contrastes: la elegancia estilizada de la tradición francesa y la vitalidad expansiva del imaginario urbano norteamericano. 

En esta ocasión, fue al revés: fue un francés en América, honrando su Nuevo Mundo. Los solos instrumentales —en particular la trompeta en la sección blues— aportaron momentos de gran expresividad, mientras la cohesión del conjunto permitió una lectura de brillantez soberana. El acompañamiento visual, mediante un collage de imágenes, enriqueció la experiencia sin distraer en demasía  la sustancia musical.

El bis, la obertura de “Girl Crazy”, recuperó al Gershwin más cercano al teatro musical, aquel que impulsó las carreras de Ethel Merman y Ginger Rogers. Bajo la dirección de Denève, la música fluyó con naturalidad y elegancia, captando el espíritu desenfadado —aunque sofisticado— de canciones como “Embraceable You” y “But Not for Me”.

Así, Denève selló una velada que se inscribe tanto en la memoria artística como en la historia institucional de la New World Symphony. 

Más que un homenaje retrospectivo, el concierto se configuró como una afirmación de continuidad: la certeza de que el legado de MTT no se agota en su figura, sino que perdura en la práctica viva de quienes, formados bajo su influencia, siguen haciendo de la música un espacio de transmisión, renovación y sentido.

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