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Miami City Ballet o cómo conseguir que el público asista al teatro dos días seguidos

Los bailarines de Miami City Ballet, con Hannah Fisher y Cameron Catazaro al frente, en “Diamantes” de “Joyas”, coreografía de George Balanchine (fotografía de REN Media, cortesía del Miami City Ballet).
Miami City Ballet (MCB), bajo la dirección de Gonzalo García, presentó en el Arsht Center de Miami su tercer programa de la temporada 2025-2026 y, por primera vez en su historia, democratizó su programación mediante la alternancia de propuestas.
Así las cosas, el público miamense amante del ballet también tuvo, por primera vez, la posibilidad de asistir a funciones de la compañía dos días seguidos y de disfrutar de ofertas bien diferentes. O sea, algo así como reimaginar el programa como una muestra con obras del repertorio.

Los bailarines de Miami City Ballet en “Esmeraldas” de “Joyas”, coreografía de George Balanchine. Al frente, de izquierda a derecha: Steven Loch, Jordan-Elizabeth Long, Mayumi Enokibara, Damian Zamorano, Nicole Stalker, Macarena Giménez y Stanislav Olshanskyi (fotografía de REN Media, cortesía del Miami City Ballet).
En este caso, las obras fueron “Joyas”, de George Balanchine, y “Carmen”, de Annabelle López-Ochoa.
“Joyas” es un ballet sin argumento, organizado en tres secciones (“Esmeraldas”, “Rubíes” y “Diamantes”), creado por George Balanchine en 1967 para el New York City Ballet.
Considerado el primer ballet abstracto “de toda una noche”, una denominación utilizada anteriormente solo para identificar una obra narrativa de dos o tres horas de duración, dividida en actos y que constituye todo el programa, Miami City Ballet incorporó “Joyas” a su repertorio en 1992.

Macarena Giménez en “Esmeraldas” de “Joyas”, coreografía de George Balanchine (fotografía de REN Media, cortesía del Miami City Ballet).
Solo hay cuatro tipos de piedras preciosas: diamantes, rubíes, zafiros y esmeraldas. En “Joyas”, Balanchine hace referencia a tres de ellas en el vestuario de los bailarines: verde en “Esmeraldas”, rojo en “Rubíes” y blanco en “Diamantes”.
“Esmeraldas” cuenta con música de Gabriel Fauré y se caracteriza por su musicalidad; “Rubíes”, con música de Igor Stravinsky, se destaca por su ímpetu; y “Diamantes”, con música de Tchaikovsky, es un canto a la opulencia.
Reseñar funciones con obras de repertorio previamente vistas nos permite prestarles especial atención a los intérpretes.

Taylor Naturkas y Alexander Peters en “Rubíes” de “Joyas”, coreografía de George Balanchine (fotografía de REN Media, cortesía del Miami City Ballet).
En las tres secciones de “Joyas”, los solistas concentran la atención del espectador, pero el cuerpo de baile establece el estilo y el tono. Romántico afrancesado en “Esmeraldas”, neoclásico jazzeado en “Rubíes” y clásico imperial en “Diamantes”.
En la función del viernes 27 de marzo, el cuerpo de baile de las dos primeras secciones se desempeñó en todo momento a la altura de las circunstancias, pero en “Diamantes” le tomó algo de tiempo alcanzar la cohesión requerida.
“Esmeraldas” contiene dos pas de deux y un pas de trois.

Los bailarines de Miami City Ballet, con Dawn Atkins en el centro, en “Rubíes” de “Joyas”, coreografía de George Balanchine (fotografía de REN Media, cortesía del Miami City Ballet).
Los pas de deux, de fluidez deslumbrante, fueron bailados de manera exquisita por dos bailarinas con personalidades contrastantes, Jordan-Elizabeth Long y Macarena Giménez, acompañadas con absoluta caballerosidad por Steven Loch y Stanislav Olshanskyi, respectivamente.
El desempeño de Macarena Giménez, en particular, sugiere una afinidad natural con el aliento melódico de Fauré, lo que la reafirma como una bailarina excepcionalmente refinada.
Mayumi Enokibara, Damian Zamorano (como “el poeta”) y Nicole Stalker ofrecieron un pas de trois ejecutado con una precisión admirable.
Después de un primer intermedio, se presentó “Rubíes”, que incluye un juguetón pas de deux y un papel para una “muchacha alta” imposible de ignorar.

Cameron Catazaro en “Diamantes”, de “Joyas”, coreografía de George Balanchine (fotografía de REN Media, cortesía del Miami City Ballet).
El casting es perfecto: Taylor Naturkas y Alexander Peters son encantadores en el pas de deux y las piernas de Dawn Atkins —interpretando a una divertida “sirena” heredera de Marlene Dietrich y Cyd Charisse, rodeada de admiradores— son un tesoro.
Por su parte, en “Diamantes”, los aristócratas Hannah Fisher y Cameron Catazaro son la viva expresión de la majestuosidad.
Cada una de las secciones de “Juegos” es ovacionada con entusiasmo y sus solistas salen al proscenio para responder al aplauso insistente de los espectadores que se han levantado de sus asientos.
Al día siguiente, asistir a la presentación de la “Carmen” de Anabelle López Ochoa era una cita obligada al enterarnos de que la función iba a contar con música en vivo, algo que, de manera inexplicable e imperdonable, le fue negado durante la temporada de su estreno mundial, en abril del año pasado.

Taylor Naturkas (Micaela) y Stanislav Olshanskyi (Don José) en “Carmen”, coreografía de Annabelle López Ochoa (fotografía de REN Media, cortesía del Miami City Ballet).
La música en vivo en el ballet es fundamental para que se ajuste en tiempo real a la interpretación de los bailarines.
Disfrutar del trabajo de una orquesta que permite a los bailarines sentir y expresar la música con su propia dinámica interpretativa es uno de los grandes placeres que proporciona la danza escénica.
La orquesta, a todas luces ampliada y bajo la batuta de la Dra. Laura Joella, como directora invitada, era todo lo que “Carmen” necesitaba para consolidarse como una propuesta exitosa.
Las actuaciones de aquellos que formaron parte del elenco original en personajes creados especialmente para ellos (Dawn Atkins como Carmen, Stanislav Olshanskyi como Don José y Taylor Naturkas como Micaela) se notaron enriquecidas y los que no interpretaron sus personajes esa primera noche (Steven Loch como el Destino, Ethan Rodrigues como Escamillo y Chase Swatosh como Zuñiga) tuvieron ahora la oportunidad de dejar su impronta en ellos.
En este contexto, sobresalieron la desenvoltura melodramática de la versátil Taylor Naturkas y la habilidad de Ethan Rodrigues para dotar de inefable humanidad a un personaje esencialmente caricaturesco.

Dawn Atkins (Carmen) y Steven Loch (El Destino) en “Carmen”, coreografía de Annabelle López Ochoa (fotografía de REN Media, cortesía del Miami City Ballet).
Definitivamente, este tercer programa de temporada de Miami City Ballet mostró a una compañía que explora la diversificación con conocimiento de causa.
A juzgar por la respuesta del público en las dos funciones que reseñamos y por el número de espectadores que comentaban haber asistido a la función del día anterior o tener planeado regresar al día siguiente, presentar un programa con ofertas alternativas parece ser una estrategia muy prometedora.
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