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Hitos de un año de música clásica que desafió barreras para elevar el espíritu

Written By Sebastián Spreng
December 15, 2025 at 12:45 PM

El director de orquesta venezolano Domingo Hindoyan convenció con la “Sinfonía del Nuevo Mundo” de Dvořák, logrando un equilibrio ejemplar y permitiendo que la New World Symphony brillara. Fotografía: Alex Markow (cortesía de la New World Symphony).

En Miami, la buena música sobrevive. Aun entre obstáculos urbanos y culturales, la ciudad demuestra que puede seguir ofreciendo veladas de gran jerarquía.

La Serie Clásica del Adrienne Arsht Center cerró la temporada 2024-25 con un despliegue que revivó la pasión por la música. Ignorando los desafíos que plantea el estacionamiento, el público respondió ante un arte que trasciende cualquier dificultad.

La Chicago Symphony Orchestra. Fotografía: Alex Markow (cortesía de la New World Symphony).

La incomparable Chicago Symphony Orchestra, bajo el mítico Riccardo Muti, regaló un programa que combinó tradición y grandeza: la “Inconclusa” de Schubert, la Cuarta de Tchaikovsky y la obertura de “Norma” de Bellini.

En marzo, la London Symphony Orchestra, bajo la dirección de Sir Antonio Pappano, deslumbró con la violinista holandesa Janine Jansen y la “Serenade” de Bernstein, mientras que la Orquesta Filarmónica de Israel, con el talentoso Lahav Shani, pese a su sólido desempeño, quedó un punto por debajo del impacto de la londinense.

Hilary Hahn y la National Symphony Orchestra. Fotografía: cortesía del Arsht Center.

La National Symphony Orchestra y Gianandrea Noseda exhibieron un nivel inusitado con Hilary Hahn y el “Concierto para violín” de Brahms. Su interpretación combinó virtuosismo, limpieza y nobleza estilística, mientras la “Quinta” de Beethoven resplandeció con una frescura inesperada.

La Cleveland Orchestra ofreció un espectacular desempeño con las violinistas estrella Sayaka Shoji y María Dueñas, bajo la batuta de Kahchun Wong y Stéphane Denève, respectivamente. Su interpretación de “Cuadros de una exposición” de Mussorgsky, en la orquestación de Ravel, fue un despliegue de color, transparencia y precisión que transformó cada nota en imágenes vívidas.

La violinista María Dueñas y la Cleveland Orchestra. Fotografía: cortesía de la Cleveland Orchestra.

En Miami Beach, el adiós de Michael Tilson Thomas (MTT) marcó un hito en la historia de la New World Symphony (NWS), que fundó hace veintisiete años.

Coincidentemente, MTT se despidió con la Quinta de Beethoven, la misma obra que inauguró la orquesta en 1988. Fue una velada de emociones intensas, con un largo adiós que culminó en un bis apropiadamente nostálgico: la sempiterna “Primavera” de Grieg.

Siguiendo la senda dejada por MTT, la orquesta mostró nuevos bríos bajo el liderazgo del francés Stéphane Denève, quien este año ofreció algunos de los mejores momentos del año. 

Su “Requiem de Guerra” de Benjamin Britten constituyó otro hito: la combinación de solistas de primerísimo nivel – el “Agnus Dei” por Ian Bostridge y Roderick Williams se reveló como una instancia imborrable tanto en emoción como en calidad – contribuyendo con un éxito rotundo en la serie “Resonance of Remembrance”, conmemorando el octogésimo aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto.

Michael Tilson Thomas y la New World Symphony. Fotografía: Alex Markow (cortesía de la New World Symphony).

Los conciertos finales de la NWS destacaron por su excelencia sostenida y por los anhelados debuts de dos artistas británicos de renombre: el cellista Sheku Kanneh-Mason y el director Edward Gardner.

Bajo Stéphane Denève, el último “Wallcast” combinó la suite de “The Book Thief” de John Williams con los contrastes de Berlioz y Shostakovich. Kanneh-Mason brilló con el “Primer Concierto para violonchelo” de Shostakovich ofreciendo una interpretación impecable que incluyó un inolvidable pizzicato de “She used to call me” de Bob Marley. 

La “Sinfonía fantástica” de Berlioz probó la madurez y cohesión de la orquesta, bajo la dirección de Denève, con cada sección destacando precisión e intensidad.

El debut de Edward Gardner al frente de la orquesta, con Gil Shaham como solista, incluyó el “Concierto para violín” de Dvořák. Shaham desplegó maestría y nobleza proverbial en el diálogo con Gardner. Luego, el “Concierto para orquesta” de Bartók puso a prueba tanto a los instrumentistas como al director, mostrando el refinamiento alcanzado al final del ciclo.

Una noche de intensidad y simbolismo, en la que la música trascendió lo puramente artístico para convertirse en mensajera del espíritu humano, abrió la presente temporada. 

El violonchelista británico Sheku Kanneh-Mason. Fotografía: Alex Markow (cortesía de la New World Symphony).

Stéphane Denève inició el programa al aire libre en SoundScape Park con la “Fanfarria para el hombre común” de Copland, dando la bienvenida a los asistentes del primer Wallcast de la temporada. Debutó Zewei Ma, notable flamante becaria de dirección orquestal, con “Chuphshah! Harriet’s Drive to Canaan” de James Lee III.

Con la “Heroica” beethoveniana, Denève condujo con intensidad controlada. Previamente, la orquesta interpretó el “Retrato de Lincoln” de Copland, recitado por Joshua Malina, y proyectó en las pantallas la imagen del monumento a Lincoln, reforzando un mensaje universal de libertad y responsabilidad cívica.

El director de orquesta británico Edward Gardner.  Fotografía: Alex Markow (cortesía de la New World Symphony).

Brilló Nicolaj Szeps-Znaider en una colosal versión del “Concierto para violín” de Tchaikovski, que culminó con un bis: “Estrellita” de Manuel Ponce. También destacó la “Tercera Sinfonía” de Florence Price, en la que Denève subrayó su vitalidad rítmica y su claridad expresiva.

El director de orquesta venezolano Domingo Hindoyan convenció con la “Sinfonía del Nuevo Mundo” de Dvořák, logrando un equilibrio ejemplar y permitiendo que la orquesta y Alban Gerhardt brillaran en el “Segundo Concierto para violonchelo” de Shostakovich.

Indudablemente, el último fin de semana oficial de la NWS resultó ser el mejor regalo del año, con el único concierto de Mahler de la temporada, bajo la batuta de Manfred Honeck, que le dio a la orquesta un brillo y un carácter inusitados. 

Patrick Dupré Quigley y Seraphic Fire. Fotografía: cortesía de Seraphic Fire.

El director austríaco nos obsequió una noche vienesa de la mejor estirpe y de la gran tradición austrogermana. Una obertura chispeante, francamente magistral, elevó las acciones de “El murciélago” de Johann Strauss II; la “Sinfonía 93” de “papá” Haydn sonó elegante y clara, y la “Cuarta Sinfonía” de Mahler puso de manifiesto un enfoque diferente, detallado y preciso, con un vuelo poético tan celestial como el que quiso el compositor.

Después de un tercer movimiento literalmente sublime, la soprano Lauren Snouffer fue el ángel que describió las delicias de la vida celestial. Memorable Honeck, a los 18 años de su primera visita, ésta clama por un pronto regreso.

En la Florida Grand Opera (FGO), “Silent Night” de Kevin Puts, revivió la célebre tregua de 1914. La puesta en escena de Tomer Zvulun retrató astutamente el conflicto con trincheras en tres niveles. Destacaron el tenor Kameron Lopreore y la soprano Sarah Joy Miller, especialmente en su soliloquio a capella. Más modesta que “La pasajera” de Weinberg, la ópera recuerda que, incluso en la guerra, es posible vislumbrar un instante de paz.

Hay que resaltar igualmente a  Seraphic Fire, que deslumbró bajo su creador, Patrick Dupré Quigley, con los seis Motetes de Bach, utilizados para irse despidiendo del exitoso coro que fundó hace un cuarto de siglo. Quigley imprimió una sonoridad rica y transparente que condujo a la emoción contenida del recinto repleto; la veintena de voces alabó espléndidas al Bach más elevado, es decir, a lo más granado del espíritu humano.

El joven pianista clásico británico Benjamin Grosvenor.  Fotografía: Louis Jay (cortesía)

Por último, es imposible no mencionar la destacada actuación de Benjamin Grosvenor para Friends of Chamber Music.

El joven pianista británico, asiduo visitante de la institución señera fundada por el lamentado Julian Kreeger, mostró una madurez envidiable y un impresionante crecimiento como artista en un programa por demás exigente que abarcó la “Segunda Sonata” de Chopin, “Gaspard de la nuit” de Ravel y “Cuadros de una exposición” de Mussorsky. Cada una, en una versión sencillamente memorable.

Miami demostró, una vez más, que más allá de todo, la buena música siempre encuentra su camino.

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