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Serie de cine cubano en el Koubek Center reestrena el documental “Nadie escuchaba” 

Written By Alejandro Rios
February 10, 2026 at 8:39 AM

De izquierda a derecha, Jorge Ulla y Néstor Almendros durante la filmación de “Nadie escuchaba”, que tendrá una presentación especial de la Serie de Cine Cubano, del Festival de Cine de Miami, el viernes 20 de febrero a las 7:00 p.m. en el Koubek Center. Fotografía: Miami Film Festival (cortesía).

“Nadie escuchaba” ocupa un sitial de honor en la cinematografía documental del exilio cubano desde su estreno en 1987. Ahora formará parte de una presentación especial de la Serie de Cine Cubano del Festival de Cine de Miami, el 20 de febrero a las 7:00 p.m., en el Koubek Center.

Realizado por Jorge Ulla y Néstor Almendros, el valeroso testimonio les da voz y presencia a las víctimas de la dictadura castrista durante sus veintiocho primeros años de incertidumbre y represión. Se manifiestan tanto quienes apoyaron el llamado proceso revolucionario como quienes se desilusionaron temprano y terminaron enfrentándolo. 

Ulla es un reconocido intelectual con obra en el cine, el mundo editorial y la producción musical. En 1978 realizó el largometraje de ficción “Guaguasí” y en 1980, uno de los documentales más importantes que se hayan filmado sobre el éxodo del Mariel: “En sus propias palabras”.  

Néstor Almendros, fallecido en 1992, tuvo una breve carrera en Cuba (1959-1961) y hoy en día figura en el Olimpo de los directores de fotografía del cine, con obras clave como “Days of Heaven” (1978), por la que obtuvo el premio Óscar a la Mejor Fotografía. Por “Kramer vs. Kramer” (1979), “The Blue Lagoon” (1980) y “Sophie’s Choice” (1982), sería nuevamente nominado.

Para la realización de “Nadie escuchaba”, Ulla y Almendros debieron crear una productora específica —The Cuban Human Rights Film Project— que les garantizara la independencia para evitar intromisiones capaces de descarrilar su mensaje esencial: la revelación de la atrocidad castrista mediante comparecencias serenas e irrefutables.

Cartel promocional realizado por Antonio Fernández REBOIRO (cortesía del Miami Film Festival).

En 1988 Néstor Almendros recuerda los orígenes de “Nadie escuchaba” en una entrevista para  el periódico El País: 

“Después de ‘Conducta impropia’, pensé que no volvería a hacer otra película sobre el tema, que ya estaba bien. Pero luego resulta que hubo un simposio en París en 1986 al que asistieron Yves Montand, Jean-François Revel y Semprún, entre otros. En él iban a testificar durante tres días personas que habían estado presas en Cuba, y pregunté si alguien iba a cubrir este acto. Me dijeron que sí, que lo haría la televisión, los informativos, pero de manera parcial. Yo pensé que se trataba de un hecho histórico que debía registrarse”. 

En la memorable primera secuencia de “Nadie escuchaba”, Ulla establece un diálogo de sordos con comisarios políticos y culturales de la isla, en el que se les solicita permiso para filmar en Cuba un proyecto sobre los derechos humanos. 

En la última de las llamadas, cierto productor del ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos) le cuelga abruptamente el teléfono. La histórica anécdota emplaza a la vista pública el miedo y el fanatismo de los servidores castristas cuando la libertad figura en la conversación.

El anecdotario estremecedor del documental incluye una de las más emotivas secuencias del cine cubano: la anciana madre que reflexiona y llora sobre la pérdida de su hijo —Pedro Luis Boitel—durante una huelga de hambre, por no comulgar con la brutalidad penitenciaria castrista.

El fluir dramatúrgico, mediante una fotografía sin artificios estéticos, remeda la famosa travesía por los círculos del infierno. Hay presos que sobreviven con entereza en las terribles celdas-gaveta, donde solo caben varios cautivos de pie y uno sobre el mugriento piso de heces. Están los que describen las golpizas y los bayonetazos, que pueden causar heridas fatales o incluso la muerte.

Se practican fusilamientos falsos, entre otros siniestros ardides. “Somos tratados como si estuviéramos en un campo de concentración”, confiesa el escritor Esteban Luis Cárdenas, quien sufrió los abusos del presidio cuando intentó asilarse en la embajada de Argentina, y los diplomáticos les permitieron a oficiales del Ministerio del Interior arrastrarlo fuera de la legación.

Jorge Valls (1933-2015), reconocido activista y preso político cubano, es entrevistado en “Nadie Escuchaba”. Fotografía: Miami Film Festival (cortesía).

Una “cederista”, miembro del Comité de Defensa de la Revolución de su cuadra, explica cómo y por qué vigila al prójimo mientras el propio dictador, Fidel Castro, le discute a un periodista la diferencia entre la libertad real “que se practica en Cuba” y la “libertad burguesa” de Europa.

Excomunistas se confiesan traicionados y Pablo Mazorra, opositor negro, asegura que en Cuba a los de su raza no se les trata igual que a los blancos. 

“Nadie escuchaba” es una suerte de “historia universal de la infamia”. Su vigencia es apabullante. Aquellas aguas turbias arrastraron las tormentas que ahora mismo se tragan lo que resta de país, devastado moral y materialmente, sometido a la misma represión de entonces.

Cuando se estrenó con éxito en el Festival de Cine de Toronto (TIFF) y en el Festival de Cine de Miami, así como en otros eventos de similar importancia, el despertar de la prensa no se hizo esperar:

“Lacerante, implacable y conmovedor relato”, se lee en “The Hollywood Reporter”.

“Una urgente y poderosa letanía. Una acusación punzante e incisiva contra el radical chic”, afirma Janet Maslin en “The New York Times”. 

“‘Nadie escuchaba’ es un documental tenso, escueto y aterrador que te enfriará hasta los huesos”, según “NY Daily News”.

Importantes intelectuales en el exilio, alejados de la barahúnda castrista, como el escritor Severo Sarduy, tampoco fueron parcos al opinar: “¿Qué maldición nos acosa, qué dioses pudieron haber enloquecido para ensañarse contra la pobre isla?”

Sobre “Nadie escuchaba”, sentencia, por otra parte, el dramaturgo José Triana, “es el perfecto catálogo de vileza”. 

 QUÉ: Serie de Cine Cubano del Festival de Cine de Miami presenta  “Nadie escuchaba ” (con subtítulos en inglés), patrocinada por ArtesMiami.

 CUÁNDO: 20 de febrero (viernes), 7:00 p.m.

BOLETOS: reservaciones gratuitas en https://miamifilmfestival.com/program/event/nobody-listened/

 DÓNDE: Koubek Center (2705 S.W. 3rd St.) Estacionamiento gratuito disponible.

 PARA MÁS INFORMACIÓN: visite https://miamifilmfestival.com/program/event/nobody-listened/

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La Orquesta Sinfónica del Sur de la Florida rinde homenaje al Mes de la Historia Afroamericana

Written By Jesús Vega
February 5, 2026 at 4:40 PM

La Maestra Sebrina Alfonso, directora fundadora de la Orquesta Sinfónica del Sur de la Florida (SFSO), que se presentará el 17 de febrero en el New World Center de Miami Beach. Fotografía: Steven Shires (cortesía de SFSO).

La Orquesta Sinfónica del Sur de la Florida (South Florida Symphony Orchestra, SFSO) bajo la dirección de su fundadora, la Maestra Sebrina María Alfonso, sigue sorprendiendo al público amante de la buena música con programas novedosos.

En esta ocasión, su concierto es una celebración del centenario del Mes de la Historia Afroamericana y hará coincidir en un mismo espacio piezas clásicas con obras de voces nuevas y talentosas. La cita es el martes 17 de febrero en el New World Center de Miami Beach, a partir de las 7:30 p.m.  Antes del concierto, el Dr. Alan Mason, profesor emérito de música en Barry University, disertará sobre las obras y los compositores del programa.

El repertorio consistirá en el estreno en la Florida, por SFSO, de dos obras de compositores afroamericanos actuales: “Had to Be”, de Nathalie Joachim, y “Four Black American Dances”, de Carlos Simon. Además, la orquesta añadirá una perspectiva de creadores clásicos con la “Sinfonía número 35” de Mozart —conocida como “Haffner”— y el querido “Capricho español” de Rimsky-Korsakov. 

Seth Parker Woods, chelista nominado en tres ocasiones al premio Grammy. Fotografía: Ben Gibbs (cortesía de SFSO).

“Es muy importante presentar a compositores vivos a nuestro público y a los músicos de la orquesta. En el centenario del Mes de la Historia Afroamericana, es especialmente significativo reconocer a los artistas afroamericanos cuyas contribuciones merecen ser escuchadas y celebradas”, destaca la Maestra Sebrina María Alfonso en conversación con Artburst Miami. “Presentar el estreno en la Florida de ‘Had to Be de Nathalie Joachim y el de ‘Four Black American Dances’ de Carlos Simón en la SFSO nos permite honrar tanto el legado histórico como el arte vivo”.

“Had to Be” se inspira en el “Dandismo Negro”, movimiento cultural que combinó la moda masculina europea y afroamericana para expresar estilo, estatus social e identidad; así como las más amplias influencias de la diáspora africana, como las tradiciones musicales del Caribe y Nueva Orleans. Es un concierto en tres movimientos creado especialmente para el chelista Seth Parker, nominado al Grammy, y descrito por el periódico británico The Guardian como un “chelista de poder y gracia”.

“Las raíces haitiano-estadounidenses de Nathalie [Joachim] y la ascendencia de Seth Parker Woods en Nueva Orleans aportan autenticidad y profundidad cultural con profunda resonancia en el sur de Florida”, explica Alfonso. “Son artistas extraordinarios cuyo trabajo está moldeado por la historia, la identidad y la experiencia vivida. Presentar su arte garantiza que la música clásica siga viva, relevante y conectada con nuestra comunidad”.

La compositora Nathalie Joachim. Fotografía: Erin Patrice O’Brien (cortesía de SFSO).

El chelista Seth Parker Woods es un artista y pedagogo versátil, defensor de la música contemporánea en sus múltiples vertientes, y su misión es transformar la manera en que experimentamos la música. “Had to Be” no es la primera pieza musical escrita especialmente para él. Otros creadores como Tyshawn Sorey, Julia Adolphe y Rebecca Saunders le han dedicado creaciones que, en su insuperable estilo de ejecución, cobran una nueva dimensión gracias a su virtuosismo y espíritu revolucionario.

“Seth Parker Woods, chelista nominado tres veces al Grammy, se ha convertido en un nombre para recordar por la profundidad e individualidad que aporta al escenario. Nos llena especialmente de ilusión que interprete una obra escrita específicamente para él por Nathalie Joachim, coencargada originalmente por la Filarmónica de Nueva York, el Festival de Spoleto, la Orchestre Métropolitain y la Chautauqua Institution”, destaca la directora musical de SFSO.

Por su parte, “Four Black American Dances” es un estudio orquestal de prominentes bailes afroamericanos. La pieza revela la gran diversidad de la comunidad afroamericana a lo largo de la historia. Sus movimientos primero y segundo evocan las voces de los esclavos africanos, así como una muestra de la correlación de los afroamericanos pudientes de los años veinte y treinta del siglo pasado. El tercero, “Tap”, no necesita explicación, mientras que el cuarto y final se inspira en los cantos y bailes jubilosos de las iglesias afroamericanas.

El compositor Carlos Simon. Fotografía: Kendall Bessent (cortesía de SFSO).

No por azar, la vigésima octava temporada de SFSO lleva el nombre de “Juxtapositions” (en español, “Yuxtaposiciones”) y es una exploración de la belleza de los contrastes, donde se cruzan lo osado y lo sublime, y las piezas de todos los tiempos comparten espacio musical con las voces más convincentes y célebres de la actualidad.

La Maestra Sebrina María Alfonso explica cuáles son las fuentes que la inspiraron en la preparación de este concierto en el que confluyen lo clásico y lo contemporáneo, en una coexistencia que le da una dimensión mágica al trabajo orquestal. 

“Quería presentar compositores estadounidenses vivos junto a grandes del pasado”, destaca. “Mozart y Rimsky-Korsakov fueron en su día voces nuevas, llenas de ideas audaces, que moldearon la música de su época. Hoy, Carlos Simon y Nathalie Joachim hacen lo mismo, mostrando cómo la música habla a través del tiempo y la cultura, y cómo están definiendo intencionalmente su lugar en la historia de la música actual”.

Pero este esperado concierto, con presentaciones en Miami, Fort Lauderdale y Key West, no es una vuelta de página ni un cierre. La SFSO y su directora musical se mantienen en constante actividad en sus conciertos y en su labor pedagógica con su programa de educación musical, dedicado este año al 250.º aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.

La Maestra Sebrina Alfonso, directora fundadora de la Orquesta Sinfónica del Sur de la Florida (SFSO). Fotografía: Steven Shires (cortesía de SFSO).

“Programas como este me enorgullecen de llevar la música y la educación artística directamente a nuestras comunidades, un compromiso que asumí cuando fundé SFSO en Key West hace 28 años”, asegura Alfonso. “Y espero con entusiasmo nuestro concierto ‘Masterworks’ de marzo, ya que cuenta con otro de mis artistas invitados favoritos, Siwoo Kim, que interpretará el conmovedor ‘Concierto para violín’ de Sibelius junto con la ‘Sinfonía número 8’ de Dvořák. Es una de sus sinfonías más populares, que logra captar el alma de principio a fin y es una pieza musical apasionante tanto para el público como para los músicos”.

“¡También estoy muy ocupada preparando nuestra temporada 2026/27, la vigesimonovena! Cuesta creer que nos acercamos a los treinta años de vida”, agrega. “La próxima promete ser grande y, aunque no puedo revelar demasiado, habrá Beethoven para cada aficionado a la música (en reconocimiento al 200.º aniversario de su fallecimiento), además de algunos giros inesperados”. 

La Maestra Sebrina María Alfonso concluye con una afirmación que vale tanto para este concierto itinerante como para el trabajo en general de la Orquesta Sinfónica del sur de la Florida y sus temporadas pasadas, presentes y futuras: “La magia de la música en vivo es que, una vez que comienza, nos convertimos en una energía única compartida. Nuestras diferencias se desvanecen, y la experiencia habla un lenguaje universal, invitándonos a escuchar con curiosidad y a conectarnos con la música y entre nosotros”.

QUÉ: Concierto de la Orquesta Sinfónica del Sur de la Florida (SFSO), con disertación previa del Dr. Alan Mason, profesor emérito de Barry University.

DÓNDE: New World Center (500 17th Street, Miami Beach, FL)

CUÁNDO:  17 de febrero (martes) a las 7:30 p.m.                    

ENTRADAS: desde $35.00 (excluyendo impuestos) a la venta en southfloridasymphony.org; por teléfono: 305-673-3331; o personalmente en la taquilla del New World Center.

PARA MÁS INFORMACIÓN: visite https://southfloridasymphony.org

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Arts Ballet Theatre of Florida regresa al Sanctuary of the Arts en Coral Gables

Written By Orlando Taquechel
February 1, 2026 at 5:21 PM

Los bailarines de Arts Ballet Theatre of Florida (ABTF) en “Doble Corchea”, coreografía de Vicente Nebrada, la obra que cerrará el programa a presentarse el sábado 7 de febrero en el Sanctuary of the Arts de Coral Gables.  Fotografía: @Patriciasphotography (cortesía de ABTF).

Arts Ballet Theatre of Florida (ABTF), bajo la dirección artística de su fundador, el Maestro Vladimir Issaev, regresa al Sanctuary of the Arts de Coral Gables para ofrecer, el sábado 7 de febrero, una sola función de un programa-concierto que incluye fragmentos de obras de su repertorio de la temporada 2025/2026.

Para Issaev, este regreso es la oportunidad de continuar fortaleciendo la relación artística de ABTF con el Sanctuary of the Arts y con la comunidad de Coral Gables, “donde nos presentamos con éxito por primera vez en febrero del año pasado”, afirma con satisfacción.

Según Ruby Romero-Issaev, directora ejecutiva de ABTF, es algo que han logrado “gracias al apoyo del Departamento de Asuntos Culturales del Condado de Miami-Dade, de la Ciudad de Coral Gables y de South Dade Toyota Kia”.

Cartel promocional del programa “Arts Ballet in Coral Gables” (cortesía de ABTF)

Llama la atención la contribución de un concesionario de autos a una función de ballet.

“Uno de los retos para nosotros es el transporte de los bailarines, ya que en su mayoría no tienen vehículo propio”, explica Romero-Issaev. “Pero contamos con la súper contribución de South Dade Toyota Kia, que nos está apoyando con el transporte de los bailarines que no tienen cómo trasladarse. Y por eso le estamos sumamente agradecidos”.

Fundada en 1997, ABTF cuenta actualmente con 28 bailarines,  10 hombres y 18 chicas. “Siete de ellas son aprendices”, puntualiza Romero-Issaev.

Definitivamente, cuando el público de Miami asiste a una función de danza en estos tiempos de presupuesto enrarecido, no tiene idea de todo lo que sus organizadores tienen que hacer para ofrecerla. Y, por supuesto, eso incluye asegurarse de que los bailarines lleguen a tiempo al teatro. Pero esa es otra historia.

Rachel Collins, bailarina de Arts Ballet Theatre of Florida (ABTF), en “Firebird”, coreografía de Vladimir Issaev. Fotografía: @Patriciasphotography (cortesía de ABTF).

ABTF se presenta con regularidad en el Aventura Arts & Cultural Center de Aventura y en el Amaturo Theater del Broward Center for the Performing Arts en Fort Lauderdale. Sanctuary of the Arts abrió sus puertas en 2020.

La curaduría de arte es un proceso en el que se elige el tema de una muestra (o la función, si se trata de artes escénicas) y se seleccionan las obras a presentar, con el objetivo de ofrecer una experiencia artística enriquecedora que conecte al público con el arte. Armar un programa de danza es exactamente eso. Escoger lo que se presenta (y lo que se elimina) es responsabilidad de la dirección artística de la compañía, que asume el rol de “curador”.

Ainayah Guibel, Kensuke Nakamura y Qian Huí Tan, bailarines de Arts Ballet Theatre of Florida (ABTF), en “Glinka Suite Fantastique”, coreografía de Vladimir Issaev. Fotografía: @Patriciasphotography (cortesía de ABTF).

Issaev reconoce que el escenario (pequeño, sin telón) y las condiciones técnicas (un sistema de iluminación algo limitado) de la sala de conciertos de Sanctuary, con solo un poco más de 300 asientos, obligan a “aligerar” cualquier propuesta.  Pero el Sanctuary también es un recinto acogedor, con personalidad propia, que ofrece al público la oportunidad de apreciar la danza en circunstancias de rara intimidad.

Así que, sin afectar la calidad de las obras a presentar, ABTF ha “curado” un programa ligero y sumamente atractivo para esta función imperdible en Sanctuary.

“El programa se llama ‘Arts Ballet in Coral Gables” y el repertorio que presentamos se basa en el que presentamos en octubre en Aventura y Ft. Lauderdale”, explica Romero- Issaev. “Abrimos con ‘Glinka Suite Fantastique’, un ballet de estilo neoclásico con coreografía de Vladimir, apreciado por su elegancia y fluidez”.

Ataru Matsuya y Sakura Ono, bailarines de Arts Ballet Theatre of Florida (ABTF), en el pas de deux “Talismán”, coreografía de Vladimir Issaev. Fotografía: @Patriciasphotography (cortesía de ABTF).

“A continuación”, agrega, “vamos a presentar el Adagio del ‘Pájaro de Fuego” de Vladimir —en octubre hicimos la producción completa— y la escena del baile de las princesas y las manzanas”. Es imposible traer la producción al Sanctuary, pero por lo menos les daremos a los presentes una idea de la belleza del ballet y de la emocionante música de Stravinsky”.

“Y para los balletómanos de la zona, que son muchos”, proclama, “llevamos el pas de deux ‘El Talismán’, un clásico de [Marius] Petipa en el que los dos bailarines que lo interpretan muestran lo mejor de su técnica, y gusta mucho”.

Para cerrar, ABTF ha ubicado una icónica obra de grupo del reconocido coreógrafo venezolano Vicente Nebrada (1930-2002) titulada “Doble Corchea”.

Samuel Portilla y Qian Hui Tan, bailarines de Arts Ballet Theatre of Florida (ABTF), en “Doble Corchea”, coreografía de Vicente Nebrada. Fotografía: @Patriciasphotography (cortesía de ABTF).

“Nebrada está siempre en nuestro repertorio por su genialidad, además de por la cercanía, el afecto y todo lo vivido en Venezuela, algo que siempre tomamos en cuenta en muchas de nuestras producciones y ahora mucho más”, comenta el Maestro Issaev, quien nació en Rusia pero trabajó en el Ballet Nacional de Caracas con Nebrada antes de trasladarse a Miami en 1997.

El montaje de “Doble Corchea” estuvo a cargo de Mary Carmen Catoya, exbailarina principal del Miami City Ballet, quien formó parte del elenco venezolano original. Catoya nació en Venezuela, al igual que Ruby Romero-Issaev, y actualmente es bailarina principal y ballet mistress de ABTF.

Hace apenas unos días, “Double Corchea” fue todo un éxito al presentarse en la Gala de Clausura de la Miami International Ballet Competition (MIBC).

Ataru Matsuya, bailarín de Arts Ballet Theatre of Florida (ABTF), en el pas de deux “Talismán”, coreografía de Vladimir Issaev. Fotografía: @Patriciasphotography (cortesía de ABTF).

“Sabemos que el público de Coral Gables está ansioso por ver la pieza y conocer un poco más sobre Nebrada.  Justo Rafi [Maldonado-López], director del Sanctuary, nos pidió traer algo de Venezuela”, comenta la directora ejecutiva de ABTF y concluye:

“Para Arts Ballet, es importante complacer al público. Coral Gables nos demostró el año pasado qué tan interesados estaban en lo que hacemos y qué tan difícil puede resultar trasladarse al norte de Miami-Dade. Entonces, nosotros vamos a Coral Gables… Siempre y cuando haya apoyo, trataremos de complacer al público, que, al final, es quien tiene la gran necesidad de que las artes estén a su alcance”.

QUÉ: “Arts Ballet in Coral Gables”, programa-concierto de Arts Ballet Theatre of Florida

DÓNDE: Sanctuary of the Arts (410 Andalusia Ave., Coral Gables, FL 33134).

CUÁNDO: 7:30 p.m. del sábado 7 de febrero de 2026, 7:30 p.m.

BOLETOS: $43.00 (admisión general), disponibles en https://www.sanctuaryofthearts.org/upcoming-events/

PARA MÁS INFORMACIÓN: visite www.artsballettheatre.org o llame al (305) 948-4777

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Miami descubre a Macarena Giménez, epítome exquisito del aplomo académico

Written By Orlando Taquechel
January 29, 2026 at 5:13 PM

Macarena Giménez, la fascinante nueva bailarina principal de Miami City Ballet. Fotografía: Matthew Holler (cortesía del archivo personal de Macarena Giménez).

Bastaron dos apariciones en la escena de la Ziff Ballet Opera House del Adrienne Arsht Center para que Macarena Giménez (Buenos Aires, Argentina, 1993), la fascinante nueva bailarina principal de Miami City Ballet (MCB), conquistara al público de Miami.

En la primera, durante la función de apertura de la temporada 2025-2026 de la compañía que ahora dirige Gonzalo García, Macarena intervino en la obra de grupo “Year of the Rabbit”, de Justin Peck, y resultó ser una presencia imposible de ignorar.

En la segunda, el 14 de diciembre, debutó como el Hada de Azúcar en el espectacular “Cascanueces” de George Balanchine y demostró ser el epítome exquisito del aplomo imperturbable que define la serenidad absoluta y la autoridad emocional de los grandes intérpretes académicos.

Macarena Giménez y Chase Swatosh, bailarines principales de Miami City Ballet, en “Year of The Rabbit”, coreografía de Justin Peck, el viernes 17 de octubre de 2025, en el Arsht Center. Fotografía: cortesía de Miami City Ballet.

Miami acaba de descubrir a Macarena Giménez —Lourdes López lo hizo mucho antes; fue ella quien la invitó a unirse a MCB—, pero Macarena descubrió que quería ser bailarina a muy temprana edad.

“Tenía apenas tres años y estaban presentando ballet en la televisión”, nos relata al inicio de nuestra conversación, que tuvo lugar en la sede del Miami City Ballet en Miami Beach. “Y le dije a mi mamá: ‘Yo quiero hacer eso’.  Ella pensó llevarme a la gimnasia artística, pero durante 6 meses le insistí: ‘No, yo quiero pararme en puntitas de pie, como hace la chica’. Y a los 3 años y medio tuve mi primera clase de ballet”.

Su sueño era formar parte de la compañía del Teatro Colón, pero su carrera profesional empezó con el ballet de Iñaki Urlezaga, bailarín argentino del Royal Ballet que, al retirarse, regresó a Argentina y formó su propia compañía. “Recién había cumplido los 15 años; dejé la escuela de ballet del Colón y entré a su compañía, donde estuve 4 años”. Primero, con un contrato de cuerpo de baile y, después, como bailarina principal.

Macarena Giménez, durante nuestra conversación —entre ensayos— en la sede de Miami City Ballet en Miami Beach. Fotografía: Salvador Gómez (cortesía).

En 2012, por fin, entra en el ballet del Teatro Colón, como miembro del cuerpo de baile. En el 2016, pasa a ser solista y en el 2017, a primera bailarina. En 2022, dejó Argentina para incorporarse al Sarasota Ballet como bailarina principal, donde permaneció durante tres años.

Sobre Miami, menciona que “en muchos aspectos es muy parecido a Buenos Aires. Nosotros vivíamos en la Capital Federal, a unas cuadras del teatro, y el tránsito es muy similar”. Pero hace una breve pausa como para rectificar la afirmación anterior: “Bueno, la manera de vivir es diferente y creo que lo positivo es que tenemos la playa ahí enfrente. Sobre todo, teniendo a la nena. Ayuda mucho y, para desconectar, es un plan perfecto para nosotros”. Macarena está casada con el también bailarín Maximiliano Iglesias, con quien tiene una hija llamada Emma.

“Con mi marido, Maximiliano Iglesias, y nuestra hija, Emma, después de un show”, nos dice Macarena Giménez, bailarina principal de Miami City Ballet. Fotografía: archivo personal de Macarena Giménez (cortesía).

Con respecto a su incorporación al MCB, ella afirma estar feliz y agradecida porque Gonzalo —que nos visitó brevemente durante la entrevista— y todos los bailarines le han hecho sentir parte del grupo desde el primer día. “La compañía realmente funciona como una familia y me encanta como nos apoyamos entre todos”.

“Gonzalo es una gran persona y un gran artista”, asegura. “Yo me acuerdo, como si fuese hoy, de cuando Paloma Herrera, bailarina principal argentina, se estaba retirando y bailó “Romeo y Julieta” con Gonzalo en Argentina. En ese momento yo todavía estaba en el cuerpo de baile, creo que fue en 2015… Todos estábamos embobados con él”.

Macarena Giménez y Stanislav Olshansky, bailarines principales de Miami City Ballet,  en el “Cascanueces” de George Balanchine, el domingo 14 de diciembre de 2025, en el Arsht Center. Fotografía: cortesía de Miami City Ballet.

A MCB, como institución, ha tenido que adaptarse. “Es que vengo de un teatro [el Teatro Colón] donde el escenario y las salas de ensayo están en el mismo lugar, así que la agenda del día a día es un poco diferente. Ahora tengo que acordarme de llevar todas las cosas al teatro donde estemos bailando”, comenta divertida.

Entre el ballet clásico, el neoclásico, el moderno y el contemporáneo —de todos hablamos—,  ella asevera preferir al primero: “Soy una mujer muy estructurada y el ballet clásico me da seguridad. Pero siento libertad para explorar nuevos movimientos, incluso en mi manera de bailar, que después puedo sumar a lo clásico, y eso me gusta”.

Como Kitri, en el ballet “Don Quijote”, junto a Juan Pablo Ledo, primer bailarín del Ballet Estable del Teatro Colón. “La primera vez que desempeñé este rol principal fue a los 17 años, en España. Es un ballet que me ha acompañado desde el principio”, relata Macarena Giménez. Fotografía: Máximo Parpagnoli (cortesía del archivo personal de Macarena Giménez).

El ballet es la técnica académica por excelencia y contar con una formación estructurada y rigurosa abre las puertas a la versatilidad. Proyectar excelencia tanto en “Year of the Rabbit” como en “Cascanueces” es prueba fehaciente.

En ese sentido, comenta que está muy agradecida por haber tenido, durante su carrera en Argentina, la oportunidad de bailar obras de George Balanchine y de contar con repositorios que viajaron a Buenos Aires desde Estados Unidos. “Pero también”, agrega, “he hecho Forsythe, he hecho Nacho Duato, he tenido al mismísimo Vladimir Vasiliev y a Natalia Makarova guiándome en el estudio. Eso me hace feliz y siempre he tenido curiosidad por hacer cosas nuevas. Así que estoy contenta”.

Pero entre las obras de Balanchine que bailó en Argentina o durante sus tres años con el Sarasota Ballet, no estaba su “Cascanueces”.  “En la Argentina, al menos en los años en que yo fui parte de la compañía, se bailaba la versión de [Rudolph] Nureyev, que es completamente diferente”.

Macarena Giménez en “Giselle”. Fotografía: Máximo Parpagnoli (cortesía del archivo personal de Macarena Giménez).

Al abordar las diferencias entre las versiones de Nureyev y de Balanchine, Macarena califica la de Nureyev como “super dark” —son sus palabras— y siente que la de Balanchine “es la más lograda en cuanto a la obra como un todo y a lo que queremos contar, sobre todo teniendo en cuenta que es la época de Navidad y es para chicos”.

“Los sets, los trajes y el baile de la obra de Balanchine son mucho más alegres”, agrega. “Es un montaje mucho más apto para todo público, diría yo. La de Nureyev también, pero la trayectoria de Clara es otra. El Hada del Azúcar acá es solamente el Hada del Azúcar y Clara es otra nena. En Nureyev, desde el primer momento eres Clara y es la misma Clara la que hace el pas de deux  al final”.

Como Odette, en el ballet “El Lago de los Cisnes”, junto a Juan Pablo Ledo, primer bailarín del Ballet Estable del Teatro Colón. “Mi ballet favorito”, proclama Macarena Giménez. Fotografía: Máximo Parpagnoli (cortesía del archivo personal de Macarena Giménez).

Repasamos entonces otros papeles que ha interpretado.  “La primera vez que hice Kitri fue a los 17 años, en España. ‘Don Quijote’ es un ballet que me ha acompañado desde el principio”. Y agrega: “Giselle es otro de mis papeles favoritos”.

Su ballet clásico preferido es “El lago de los cisnes”. “En el ‘Lago’ puedes encontrar mucha libertad: cada vez que lo bailas es diferente y siempre hay mucho para aprender en el lenguaje clásico puro. Además, tenés la posibilidad de ser ‘la buena’ y ‘la mala’ y de mostrar dos personalidades muy diferentes”.

Menciona con mucho cariño a “Romeo y Julieta”. “He bailado el de Kenneth MacMillan en Buenos Aires y el de Frederick Ashton en Sarasota, pero el de MacMillan tiene algo especial y creo que también me gustaría ser Julieta 24/7”.

En el rol de Julieta en “Romeo y Julieta”, de Kenneth MacMillan. “Me gustaría ser Julieta 24/7”, exclama Macarena Giménez. Fotografía: Máximo Parpagnoli (cortesía del archivo personal de Macarena Giménez).

Macarena tiene que partir para un ensayo y no queremos dejarla ir sin conocer los tres momentos memorables de su carrera.

“Bueno, voy a empezar por el más reciente: en 2024, cuando, estando con el Sarasota Ballet, bailé con el Royal Ballet en Londres en una función de homenaje a Frederick Ashton”, responde de inmediato. “Creo que es una de mis experiencias más soñadas e inimaginables”.

“El segundo momento, sin duda alguna, fue haber trabajado con Natalia Makarova y enterarme de que estaba embarazada mientras ensayábamos ‘La Bayadera’, que bailé con mi marido y con Herman Cornejo del ABT [American Ballet Theatre]. Makarova me ensayó personalmente para ambos roles: Nikiya y Gamzatti. Eso fue con el Teatro Colón en el año 2016”.

Con Ricardo Graziano en “The Walk to the Paradise Garden”, de Sir Frederick Ashton, en el Royal Opera House (ROH) con el Royal Ballet. “Uno de los momentos memorables de mi carrera”, afirma Macarena Giménez. Fotografía: Carol Lancelloti (cortesía del archivo personal de Macarena Giménez).

¿Y el tercero? “Ay, no sé, no sé. Es que tengo muchos momentos lindos. No sé qué te pueda decir”, responde con una sonrisa encantadora y un aire de disculpa que parece encerrar segundas intenciones.

Eso nos lleva a pensar que ella tiene la ilusión de que ese tercer momento memorable sea una experiencia futura con el Miami City Ballet. Nosotros también, así que por ahora solo nos queda esperar.

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De la función al Piano Bar: Teatro Miami abre sus puertas en Medley

Written By Jose Antonio Evora
January 24, 2026 at 10:52 PM

“El Gran Circo Maravillas cierra por fin sus puertas” es la obra de Abilio Estévez, producida por Laura Amores, con la que se inaugura el Teatro Miami el viernes 6 de febrero.  Fotografía: Jorge Otiniano (cortesía de Antihéroes Project).

Imagínese una sala en la calle 74 del NW, cerca del Palmetto, donde usted pueda ver una obra teatral producida por un talentoso actor y director que decidió hacerse empresario y, cuando termine la función, subir a la planta alta para disfrutar de un show de piano bar donde canta su esposa, una formidable intérprete vocal también convertida en empresaria.

Eso es lo que promete Teatro Miami, que abrirá sus puertas el viernes 6 de febrero a las 8:30 de la noche en 7265 NW 74 St., Suite 2, en Medley, con la obra de Abilio Estévez “El Gran Circo Maravillas cierra por fin sus puertas”, producida por Laura Amores bajo la dirección de José Manuel Domínguez y Micheline Calvert. El actor y la cantante, es decir, los empresarios, son Mijaíl Mulkay y Olga Thomas.

La fachada del Teatro Miami, ubicado en la Suite 2 de 7265 NW 74 St., en Medley, unas pocas cuadras hacia el este, bajando desde la autopista 826, el Palmetto. Fotografía: Olga Thomas (cortesía de Teatro Miami).

Con 187 lunetas, Teatro Miami y su piano bar, “El Feeling”, son algo más que la aparición de un prometedor nicho de artes escénicas en el sur de la Florida. Son también una prueba de que los recortes de ayuda y subvención pública sufridos por artistas del sur de la Florida pueden enfrentarse con algo más que críticas a los gobiernos.

“He sido un actor con suerte; he podido hacer cine y televisión, pero mi formación ha sido básicamente teatral”, confiesa Mulkay. “Si me preguntaran cuál prefiero, respondería que el teatro es donde más cómodo me siento y donde consigo mejores resultados”.

Mulkay se estableció en Miami en 2013 después de haber trabajado durante una década en Colombia, y de haber formado parte en Cuba de los grupos Teatro Estudio, Irrumpe y El Público. En la isla actuó en películas como “Lista de espera”, “Entre ciclones”, “Perfecto amor equivocado” y “Miradas”. En televisión se le recuerda por su personaje de Lungo en la serie “Tierra brava”. Su padre, Iván Mulkay, fue muy célebre por los episodios de “Aventuras”.

Afiche de “El Gran Circo Maravillas cierra por fin sus puertas”, realizado por Pedro J. Abreu (cortesía de Antihéroes Project).

Nacida en Miami de padres cubanos, Olga Thomas fue parte de la Orquesta América, estuvo en “Don Francisco Presenta”, “Sábado Gigante” (Univisión) y “El Show de Carlucho” (America TeVé) y canta en inglés con la banda “The Sultans”.

“El teatro tiene un proceso que me encanta, y es toda la parte creativa antes de llegar a las funciones”, dice. “Incluso, esa primera etapa me gusta más; es una fase de descubrimientos, cuando van saliendo las cosas, cuando te dices ‘encontré la solución’; eso me parece mágico”.

Mijaíl Mulkay, copropietario de Teatro Miami, encarna uno de los personajes de “El Gran Circo Maravillas cierra por fin sus puertas” bajo la dirección de José Manuel Domínguez y Micheline Calvert. Fotografía: Jorge Otiniano (cortesía de Antihéroes Project).

MANOS A LA OBRA

Una pareja de amigos, Daniel Felipe y Elizabeth Rodríguez, se les acercó a él y a su esposa con la propuesta de crear algo juntos, a partir de un podcast que él había publicado, cuenta Mulkay.

“Hagamos un teatro”, les dijo; “busquemos un espacio, empecemos de cero como queramos nosotros y hasta donde podamos”. Entonces fundaron Miami Art House, la empresa matriz de Teatro Miami.

Mijaíl Mulkay y Nabilah Molina en una escena de la obra durante su primera temporada, en septiembre, en la sala Sandrell Rivers, donde solo tuvo cuatro funciones. Fotografía: Jorge Otiniano (cortesía de Antihéroes Project).

Si la preparación de la obra teatral es más apasionante para ti que la obra misma, ¿cómo relacionas eso con la creación de un espacio donde ya vas a producir como empresario?

“Son cosas diferentes: sueñas con tener un espacio, pero ahí viene una etapa de aprendizaje técnico”, responde. “Por los años que llevo en el teatro tengo nociones de todo un poco, y cada parte lleva su especialización”.

Porque la idea no es saciar el ego, asegura. 

“Voy a poner mis cosas, obviamente, pero lo veo más enfocado al negocio, a la posibilidad de que en la ciudad haya un espacio nuevo donde productores y directores que no tienen dónde presentarse puedan hacer sus obras y, a la vez, que eso pueda convertirse en una fuente de ingresos palpable para todos”, dice el empresario.

De izquierda a derecha, Nabilah Molina, Reina Ivis Canosa y Mijaíl Mulkay en “El Gran Circo Maravillas cierra por fin sus puertas”, que tendrá una temporada de nueve funciones durante tres fines de semana. Fotografía: Jorge Otiniano (cortesía de Antihéroes Project).

No sobran los espacios teatrales privados en Miami, observa. Y no es fácil acceder a teatros públicos como el Tower. 

“Está el Teatro Trail, está Teatro 8, y hay muchos proyectos teatrales independientes que necesitan espacio”, comenta. “Las cosas que hacen Nilo Cruz, Alexa Kuve; quiero vincular la sala al Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami, y que entre en ese circuito también”.

Basta asomarse a la página de Teatro Miami en internet (tan sencillo como www.teatromiami.com) para confirmar que hay una cartelera después de “El Gran Circo Maravillas cierra por fin sus puertas”. Ahí está “Toc Toc” del 27 de febrero al 14 de marzo, seguida de “Azul”, “Mi vida for rent”, “Taxi” y “Socio visita socio”.

PHOTO [7]: Mijaíl Mulkay y Micheline Calvert, quien encarna a uno de los personajes y dirige el montaje junto con José Manuel Domínguez. Fotografía: Jorge Otiniano (cortesía de Antihéroes Project).

“Y tengo varias opciones de productores que me están hablando para rentar el espacio: si puedo abrir desde el miércoles con un día de standup comedy, otro de Microteatro, con un formato de pagar $35 para ver todas las obras, y las funciones de fin de semana, por lo menos vamos a tener material para el primer semestre”, dice Mulkay.

QUÉ: Gran apertura de la nueva sala Teatro Miami con la obra de Abilio Estévez “El Gran Circo Maravillas cierra por fin sus puertas”. Encuentro con el autor y descarga musical el primer fin de semana

DÓNDE: Teatro Miami (7265 NW 74 St., Suite 2, Medley, FL 33166)

CUÁNDO: Función inaugural viernes 6 de febrero, 8:30 pm. Temporada hasta el domingo 22 de febrero, con funciones viernes y sábados 8:30 pm, y domingos 5:00 pm

PRECIOS: entre $48.30 y $83.40

PARA MÁS INFORMACIÓN: visite www.teatromiami.com

ArtburstMiami.com es una fuente mediática sin fines de lucro dedicada a las artes que presenta historias frescas y originales de escritores especializados en teatro, danza, artes visuales, cine, música y más. No te pierdas ninguna historia visitando  www.artburstmiami.com

 

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Las misteriosas alegorías de Petah Coyne en el Lowe Art Museum

Written By Dennys Matos
January 24, 2026 at 9:46 PM

Exposición “Petah Coyne How much a heart can hold” (“Cuánto puede contener un corazón”). Obras en sala. En el centro de la imagen, obra “Untitled #1379 (The doctor’s wife)”, 1997-2018. Lowe Art Museum, UM. Fotografía: D. Matos (cortesía).

Cuando el espectador recorre los trabajos que forman la muestra “How much a heart can hold” (“Cuánto puede contener un corazón”) de Petah Coyne (Estados Unidos, 1953), percibe a flor de piel la potencia expresionista y misteriosa de sus obras. 

Trabajos conectados, de alguna manera, con percepciones en forma de estructuras de oposición alegóricas: la ingravidez de lo aéreo frente al peso de lo afincado en la tierra; el reino de la biología animal contrapuesto a la botánica del mundo vegetal; la fragilidad frente a la impenitente dureza y, al final, la permanencia frente a la desaparición. Las dicotomías alegóricas son apreciables en las tres partes en que se subdivide la muestra: a) El trabajo de las mujeres; b) Las relaciones de las mujeres; y c) Mujeres ocultas y transformadas.

Petah Coyne, “Untitled #1408 (The lost landscape)”, 2015-2018.  Técnica mixta. 66 x 65 x 61 in. Lowe Art Museum, UM. Fotografía: D. Matos (cortesía).

Aquí, la alegoría es entendida como la describe Walter Benjamin (Alemania, 1892-España, 1940) en su libro “El origen del drama barroco alemán”(1925). Para Benjamin, el significado no se revela como unidad orgánica (símbolo), sino como fragmento, signo, emblema y montaje de restos. La alegoría se convierte en una vía de conocimiento (no en un adorno retórico).

En este sentido , hay en esta muestra obras suspendidas en el aire como, por ejemplo, “Untitled #1411 (Jane Austen), 2016–19”, “Untitled #720 (Eguchi’s ghost), 1991–2007” o “Untitled #1375 (No Reason Except Love: Portrait of a Marriage), 2011–12”.

Petah Coyne, “Untitled #720 (English’s ghost)”, 1992-2007. Técnica mixta. 120 x 68 x 75 in.  Lowe Art Museum, UM. Fotografía: D. Matos (cortesía).

Hay otras obras, en cambio, cuyas estructuras instalativas, están ancladas en el suelo como sucede con, por ejemplo, “Untitled # 1379 (The doctor’s wife)”, 1997-2018. Aun así, es mayoritaria la presencia de obras suspendidas en el aire que, sin embargo, esparcen partes suyas por el suelo.

Esta disposición instalativa aérea enfatiza dos elementos. Por un lado, el atrezo de la puesta en escena de obras escultóricas, cuya teatralidad colgante al modo de lámparas, candelabros o vestidos/arquitecturas blandas, pone al espectador “debajo” o “frente a” un acontecimiento que invita a percibirlas como altares.

Petah Coyne, “Untitled # 1568 (Zora Neale Hurston)”, 2023-24. Técnica mixta.78 x 1013 x 15 inc. Lowe Art Museum, UM. Fotografía: D. Matos (cortesía).

Por otro lado, la intención de redimensionar una proyección afectiva de estas obras, proponiendo su lectura como especies de ofrendas, donde lo ornamental, casi rozando el kitsch de la cultura popular, no es inocente, sino el reverso de una sensibilidad que poéticamente amplifica la decadencia.

Ese mismo grado de poesía alegórica se convierte en un duelo permanente, material y espiritual, a través, sobre todo, de las esculturas instalativas.

Petah Coyne, “Untitled #1375 (NoReason Except Love: Portrait of a Marriage)”, 2011–12. Técnica mixta. 81 x 61 x ½.  Lowe Art Museum, UM, 2026. Fotografía: D. Matos (cortesía).

En la mayor parte de las obras de esta muestra, la flor se convierte en un capital alegórico fundamental. Flores petrificadas que se hibridan con aves taxidermizadas, flores entretejidas con velas y manos que se derriten como atuendo que da abrigo a lo que parece una virgen totémica, como en “Untitled #1378 (Zelda Fitzgerald)”. 

Aquí y en otras obras, como “Untitled #1375 (No Reason Except Love: Portrait of a Marriage)”, se despliega el pensamiento estético  de Petah Coyne, activando su poética de los materiales: flor, ave, cera, maderas, textiles , etc. Donde, por ejemplo, la vela-cera implica vida breve y seducción, una cera que describe “permanencia”, pero esta permanencia se traduce en embalsamamiento como una vida en detención, no como una vida en continuidad.

Exposición “Petah Coyne How much a heart can hold” (“Cuánto puede contener un corazón”). Obras en sala. Lowe Art Museum, UM. Fotografía: D. Matos (cortesía).

Las aves, como parte del mundo animal, encarnan la energía y el movimiento, pero, al ser taxidermizadas, se convierten en alegoría de la finitud. Del mismo modo alegórico es el empleo de la vela-cera, que funciona como mediador entre ambos reinos: procede de lo orgánico, se comporta como sustancia ritual y, al solidificarse, vuelve “eterno” lo que debía derrumbarse.

La piel de estas obras, en su constelación alegórica, acumula una atmósfera mortuoria bajo su apariencia ornamental. Es un arte que, a pesar de su realismo naturalista, no nos invita a tocarlo. Y esto es una reacción de extrañeza ante el pulso de la vida que estas imágenes contienen. A la vida que han tenido estos objetos y estas cosas.  A la historia que ha latido en ellos, como si hablaran registrando los detalles de esa vida, pero, al mismo tiempo, expresando que ahora son solo restos de vidas muertas.

Exposición “Petah Coyne How much a heart can hold” (“Cuánto puede contener un corazón”). Obras en sala. Lowe Art Museum, UM. Fotografía: D. Matos (cortesía).

No hay nada más que ver a esas aves de plumaje de blanco perfecto, encaramadas sobre esa magnífica estructura floral para celebrar el milagro de la naturaleza, pero, a la vez, percibir su encapsulamiento mortuorio, por la taxidermia perfecta de las aves y el “desecamiento” perfecto de las flores.

Es como si, a tono con la reflexión de Benjamín, la historia se contemplara como un paisaje de ruinas (materiales o morales). Estas obras, entre otras cosas, avanzan, una estética del resto como cadáver, como desolación, como un clímax de la naturaleza mortificada, que el arte contemporáneo alegóricamente busca redimir.

Exposición “Petah Coyne How much a heart can hold” (“Cuánto puede contener un corazón”). Obras en sala. Lowe Art Museum, UM. Fotografía: D. Matos (cortesía).

La luz y la oscuridad, lo refulgente y la opacidad, el mundo animal y el vegetal, en juego con la artificialidad, proyectan sensibilidades profundas y contrapuestas sobre la percepción humana del mundo. Es una percepción de la existencia que nos introduce en escenarios fantasmagóricos, una mezcla surreal que navega entre el sueño y la pesadilla. Es el deleite en la belleza de lo que ha estado vivo que, al apagarse, lanza sus fuegos fatuos para producir una luz mortecina sobre los objetos y las cosas.

“How much a heart can hold” (“Cuánto puede contener un corazón”) de Petah Coyne, nos recuerda que en la contemporaneidad el arte expresa una sensibilidad sociocultural donde habitan la pérdida y el duelo, la tristeza y los afectos que hicieron de la humanidad el mundo tantas veces soñado, y otras tantas veces fracasado.

QUÉ: Exposición “How much a heart can hold” (“Cuánto puede contener un corazón”) de Petah Coyne. 

CUÁNDO: Hasta marzo, 2026.  Lowe Art Museum, Miami University. Abierto de miércoles a sábado de 10:00 a 16:00. Cerrado los domingos, lunes, martes y durante los días festivos de la universidad.

DÓNDE: Lowe Art Museum (1301 Stanford Drive, Coral Gables, Miami, FL 33146). 

PRECIO: Entrada general gratuita, pero se recomienda reservar con antelación en https://www.lowe.miami.edu/visit-about/reserve-tickets/index.html. Es posible que las personas que lleguen sin entrada no puedan acceder debido al aforo limitado del edificio.

PARA MÁS INFORMACIÓN: visite https://www.lowe.miami.edu/visit-about/plan-your-visit/index.html

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Cuando la tradición y la innovación van de la mano 

Written By Sebastián Spreng
January 20, 2026 at 4:22 PM

La Royal Philharmonic Orchestra, bajo la dirección de Vasily Petrenko, se presentó en el Knight Center del Adrienne Arsht Center for the Performing Arts y revalidó los laureles de su ilustre linaje.  Fotografía:  Frances Marshall (cortesía del Arsht Center).

El segundo fin de semana de enero mostró a Miami fortalecida en el ámbito de la música erudita, acertando en ambas grandes vertientes del género: la tradición y la innovación. La primera tuvo lugar en el Knight Center del Adrienne Arsht Center for the Performing Arts de Miami; la segunda, en la New World Symphony de Miami Beach.

La presentación de la Royal Philharmonic Orchestra (RPO) bajo la dirección de Vasily Petrenko disipó la impresión algo opaca de su visita anterior, revalidando los laureles de su ilustre linaje y recordando por qué sigue siendo una de las cinco grandes orquestas londinenses.

Con un programa francamente convencional, pero magistralmente ejecutado, incluso los más trillados caballitos de batalla emergieron indemnes. Petrenko se impuso con una autoridad elegante y natural, mientras Ray Chen brilló como solista en el “Concierto para violín” de Tchaikovsky.

Vasily Petrenko se impuso con una autoridad elegante y natural. Fotografía: Ben Wright (cortesía del Arsht Center).

El virtuoso violinista taiwanés-australiano ofreció una interpretación intrépida, de espectacularidad incuestionable, aunque a costa de una mayor profundidad lírica. Acentos vigorosos y una deslumbrante batería técnica estuvieron claramente orientados al impacto inmediato. Si el segundo movimiento ofreció el necesario remanso poético, plasmado con sensibilidad, el final retomó el ímpetu inicial.

La RPO brindó un acompañamiento sólido y disciplinado, cuidando siempre el equilibrio con el solista. Como bis, el carismático Chen ofreció su arreglo de “Waltzing Matilda”, el himno “no oficial” de Australia, como si se tratara de una fantasía virtuosa y, como era previsible, dejó al público rendido a sus pies.

El concierto abrió con la obertura “Helios” (1903) de Carl Nielsen, que, aunque inspirada en el amanecer y el ocaso de Atenas, deja traslucir claras resonancias wagnerianas y evoca en algunos pasajes las ondinas del Rin. Poco frecuentada, la partitura del compositor danés sirvió como una carta de presentación.

El carismático Ray Chen ofreció su arreglo de “Waltzing Matilda” y  dejó al público rendido a sus pies. Fotografía: © Decca Records 2024 (cortesía del Arsht Center).

No obstante, la gran triunfadora de la velada fue la “Segunda Sinfonía” de Sibelius, en la que la orquesta exhibió pleno dominio y autoridad en una partitura de alto calibre, justamente querida por el público. Las cuerdas, iridiscentes, delinearon con precisión la navegación final de la obra, aportando la luz del severo paisaje nórdico frente a los imponentes contrastes de los vientos.

Sombra y luz compitieron musicalmente en una interpretación monolítica, sabiamente esculpida por Petrenko. Una versión enraizada en la mejor tradición europea, rica en carácter, densidades y transparencias, culminó soberana en uno de los finales más célebres del canon sinfónico, con un derroche sonoro de violines, violonchelos y metales. Tan memorable como el bis de Grieg, que cruzó el Báltico hacia la luminosa primavera noruega.

La noche anterior, la New World Symphony (NWS) celebró el decimoquinto aniversario del New World Center (NWC), el espléndido complejo diseñado por el recientemente fallecido arquitecto canadiense-estadounidense Frank Gehry (1929-2025), con un concierto dedicado a su memoria.

Una exposición sobre la historia del edificio, instalada en el lobby, funciona como memento de la realización del sueño de Michael Tilson Thomas, una conjunción afortunada que ha colocado a la ciudad en el mapa musical más allá de su identidad turística.

El compositor John Adams dirigió sus propias obras. Fotografía: Alex Markow (cortesía de la New World Symphony).

A ello se sumó una coincidencia notable: la reunión del compositor John Adams, quien dirigió sus propias obras, del pianista Víkingur Ólafsson y de Stéphane Denève, director artístico de la NWS. Un acontecimiento literalmente histórico para Miami Beach, que además fue compartido con el público del SoundScape Park adyacente vía wallcast.

Una velada íntegramente dedicada a John Adams no es moneda corriente y entraña no pocos riesgos —como bromeó el propio compositor en sus palabras introductorias—, ya que para muchos su música sigue siendo un gusto adquirido.

El programa, sin embargo, se reveló como un vasto fresco que ilustró con claridad su evolución estética: desde el austero minimalismo inicial hasta la riqueza expresiva de su lenguaje actual. Cuatro décadas condensadas en cuatro obras dieron lugar a un auténtico “Festival Adams”.

Con “The Chairman Dances: Foxtrot for Orchestra” (1985), boceto de la escena del banquete de “Nixon in China”  y con “I Still Dance” (2019), inspirada en la pareja Tilson Thomas–Joshua Robison, se mostró al Adams más implacablemente rítmico, juguetón y reconocible. Ambas piezas, verdaderas “tocatas con esteroides”, evidencian, además, el fértil diálogo entre el cine y la música académica. Ejecutadas con fervor, se convirtieron en auténticas montañas rusas sonoras, con una New World Symphony que respondió de manera ejemplar tanto bajo Adams como bajo Denève.

Vikingur Olafsson, quizá el pianista joven más célebre del momento. Fotografía: Alex Markow (cortesía de la New World Symphony).

Así como Richard Strauss supo destilar la esencia de “El caballero de la rosa” y “La mujer sin sombra” en espléndidas suites orquestales, Adams —operista de raza— hace lo propio en la “Doctor Atomic Symphony”, compendio de su ópera homónima de 2007 sobre Robert Oppenheimer y la creación de la bomba atómica. En sus tres movimientos —El laboratorio, Pánico y Trinidad— el compositor construye un tríptico magistral que no solo resume la ópera, sino que incluso parece enriquecerla cromáticamente.

Desde el comienzo de tintes cinematográficos hasta el endiablado tapiz para cuerdas del segundo movimiento, en el que los becarios de la orquesta brillaron de manera memorable, la obra culmina en un final monumental. Allí, Adams confía a la trompeta —impecable Jack Farnham— la transfiguración del aria para barítono “Batter my heart, three-person’d God”, cincelando una melodía tan conmovedora como desoladora. Denève condujo con fiereza una partitura que exige todo.

El núcleo del programa fue “After the Fall” (2024) para piano y orquesta, el tercer concierto para piano de Adams, concebido para Víkingur Ólafsson, quien lo interpretó bajo la dirección del propio compositor. En un solo arco de unos 25 minutos, la obra adopta la estructura implícita de tres secciones contrastantes, diferenciándose claramente de sus predecesoras por un discurso más introspectivo y refinado, hecho a la medida del pianista islandés. Profundamente modelado para su sensibilidad bachiana, el concierto integra progresivamente el piano en una trama orquestal translúcida y urgente, sin solución de continuidad.

Stéphane Dèneve y John Adams. Fotografía: Alex Markow (cortesía de la New World Symphony).

El contraste entre tradición y modernidad se vuelve explícito en la reelaboración del Preludio en do menor del “Clave bien temperado” de Bach en la sección final. Lejos de la cita decorativa, Adams celebra aquí la continuidad con el pasado como una contemplación panorámica de la civilización musical, de la que toma prestado con picardía y responsabilidad. Sin heroísmo ni imposturas, se aboca al riesgo de recrear el futuro. La orquesta acompañó con transparencia al solista, quien fue apropiándose gradualmente del discurso, agigantado hasta desembocar en el feroz tour de force de la conjunción Bach–Adams, resuelto por Ólafsson con pasmosa destreza.

Víkingur Ólafsson, quizá el joven pianista más célebre del momento, ofreció un bis tan pertinente como sublime: una transcripción del Andante de la Sonata para órgano n.º 4 de Bach, dedicada a Gehry, que sirvió como última y suprema pieza del rompecabezas. El inagotable manantial Bach como esencia, principio y fin, al que siempre se regresa. Un corolario inolvidable que reclama un pronto regreso y recuerda la función última de la música: servir al espíritu humano.

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