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Exposición individual de Julio Taquechel en Frame on Wheels: entre lo vegetal y lo íntimo

Julio Taquechel. Sin título (2023), 15 x 30 pulgadas. Técnica: acrílico sobre lienzo. Una de las obras que forman parte de la exposición individual del artista en Frame on Wheels del 11 de julio al 11 de agosto de 2026. (Fotografía de Raúl E. Hernández, cortesía).
Adentrarse en la pintura de Julio Taquechel (La Habana, 1955) es, de alguna manera, sumergirse en el mundo de su casa. Eso es lo que el espectador podrá palpar cuando visite su muestra “Trabajos recientes”, en la que se contempla una treintena de pinturas que abarcan aproximadamente los últimos diez años.
Se trata de acrílicos sobre lienzo en los que el color explota a borbotones, en obras que se mueven entre el arte informalista y un extraño surrealismo de compulsividad psicodélica. Emulsiones coloridas que acuden, en muchas ocasiones, al dripping, ese goteo y desparrame de la pintura sobre la superficie del cuadro tan asociado a las prácticas abstracto-expresionistas de Jackson Pollock, y que aquí flotan como ensoñaciones ondulantes de la naturaleza.
Taquechel estudió en el Tecnológico de Artes Gráficas Alfredo López de La Habana, donde se graduó en Diseño Gráfico y Tipografía en 1978. Salió de Cuba en 1985 y empezó a pintar durante sus años en Nueva York. Vive en Miami desde 1992.
En estos momentos, sus cuadros son bien cotizados entre coleccionistas privados y la inauguración de esta exposición, el sábado 11 de julio, en la galería del taller de enmarcado Frame on Wheels de Miami, coincide con el lanzamiento de un número de la revista cultural Miami Klub, que incluye una amplia sección especial dedicada a su obra.

Julio Taquechel en la sala de su casa, rodeado de mesas repletas de libros, cerámicas, jarrones, cajas pequeñas y esculturas. (Fotografía de Salvador Gómez, cortesía).
Visitamos a Taquechel en su casa —donde también tiene su estudio— para conversar y ver las obras que formarán parte de la exposición.
Hasta llegar a la entrada, se recorre un jardín con árboles cuyas ramas flanquean el camino estrecho, de lado a lado, casi como una garganta que conduce a la puerta.
La casa se abre amplia, con paredes pintadas en azules, verdes y rojos apastelados, cubiertas por un sinfín de pinturas de distintos formatos. De ellas cuelgan también crucifijos, cerámicas y otros objetos. Hay una profusión de muebles de distintos estilos: sofás, mesas grandes y pequeñas; mesas repletas de libros, cerámicas, jarrones, pequeñas cajas y esculturas de animales y figuras humanas con rostros de expresión satírica, pintadas con vivos colores, como si hubieran salido de algún cuento de hadas.
Es un habitar que no funciona como simple escenografía doméstica, sino como una forma de lectura: la casa y el jardín parecen abrir ante el pintor un libro de la naturaleza, hecho de ramas, sombras, objetos, memorias y fulguraciones cromáticas.

Julio Taquechel. “Everglades” (2023), 20 x 20 pulgadas. Técnica: acrílico sobre lienzo. Subastado en el Museo de Coral Gables y adquirido por Enrique Santos. (Fotografía de Raúl E. Hernández, cortesía del archivo personal de E. Santos).
De allí nace una relación poética y simbólica entre el lugar que Taquechel habita y la pintura que realiza: cada cuadro parece traducir, en otro lenguaje, las páginas vivas de ese entorno. En ese sentido, los numerosos “Sin título” liberan la imagen de una lectura cerrada y permiten que cada mirada complete su propio sentido.
En “Trabajos recientes” destacan, entre otras, obras como “Everglades” (2023) y “Black and White” (2026). En ambas, la imagen remite a formas membranosas que evocan las manifestaciones de la materia vegetal. Como ha reconocido Taquechel: “Mis pinturas están inspiradas en la naturaleza, en el paisaje”.
Esta percepción se manifiesta con especial fuerza en los matices de coloración entremezclados de las obras mencionadas.
En “Everglades”, el colorido es desbordante: formas descentralizadas, recorridas por continuidades y discontinuidades, cuyo movimiento da la sensación de que la pintura saldrá del cuadro en cualquier momento. En “Black and White”, en cambio, los colores son más sobrios, en escalas de blanco, negro y gris, y la superficie parece más cuajada, más contenida.

Julio Taquechel, “Black and White” (2026), 20 x 20 pulgadas. Técnica: acrílico sobre lienzo. (Fotografía de Raúl E. Hernández, cortesía).
El mundo de las imágenes de Taquechel nos recuerda, muchas veces, esas formas coloridas que emergen al poner un tejido vegetal bajo el microscopio.
Se desata entonces una apoteosis de colores y formas, una apoteosis de luz que crea constelaciones entrelazadas y superpuestas hasta formar un universo que, hasta ese momento, parecía inimaginable. Son pinturas en las que la retina degusta barrocamente toda la energía del color. La mirada queda atrapada en una especie de hipnosis mientras recorre las sinuosidades, los recovecos y las oquedades que produce esa explosión de colorido y luz.

Julio Taquechel. Sin título (2015), 48 x 30 pulgadas. Técnica: acrílico sobre lienzo. (Fotografía de Raúl E. Hernández, cortesía).
Esa experiencia visual no se separa del recorrido inicial por el jardín de entrada. Allí, antes de llegar a la pintura, el cuerpo ya atraviesa una primera composición de ramas, luces filtradas, sombras y colores. El paisaje no aparece entonces como un tema exterior, sino como una forma de habitar: una naturaleza incorporada a la vida doméstica, leída diariamente desde la casa y transformada después en materia pictórica.
Por eso, cuando la obra parece expandirse en células, manchas, veladuras y corrientes cromáticas, también devuelve la memoria sensible de ese entorno inmediato: el jardín como umbral, la casa como refugio y la naturaleza como libro abierto donde Taquechel encuentra signos, ritmos y correspondencias.

El artista, en el patio trasero de su casa, entre ramas, troncos y arbustos, entre flores y hojas de distintas formas y tamaños. (Fotografía de D. Matos, cortesía).
Pero si frondoso resulta el camino de entrada, más frondoso y espeso aún resulta el patio trasero.
Allí, la floresta se eleva con ceibas y laureles cuyas copas explotan en verdes intensos, por donde se cuelan la luz y pequeños fragmentos azules del cielo. La vegetación es tan intensa y barroca, entre ramas, troncos y arbustos, entre flores y hojas de distintas formas y tamaños, que apenas se puede ver por dónde se camina.
El patio es como una bóveda bajo la cual sucede todo un mundo de colores, luces y formas: una amalgama sensible en la que se inscriben los elementos naturales, el agua, la tierra y el aire. Así, la apertura del “Sin título” dialoga con ese campo de fuerzas: deja que el agua, la tierra, el aire, la luz y la materia vegetal sigan respirando en la pintura.

Julio Taquechel. Sin título (2025), 30 x 30 pulgadas. Técnica: acrílico sobre lienzo. (Fotografía de Raúl E. Hernández, cortesía).
No es casual, entonces, el mundo de formas y colores que presentan las pinturas de Taquechel. En ellas hay tanto del jardín como del interior de la casa que habita: una continuidad entre la naturaleza, la memoria doméstica y la imaginación pictórica. Su obra parece nacer de esa convivencia entre lo vegetal y lo íntimo, entre la materia que se expande y la mirada que la organiza. En ese cruce aparece la poesía de una tierra espiritualizada.
QUÉ: “Trabajos recientes”, exposición individual de Julio Taquechel.
CUÁNDO: del 11 de julio al 11 de agosto de 2026. De lunes a viernes, 10:00 a. m. – 7: 00 p. m. Sábado de 10:00 a. m. a 3:00 p.m.
DÓNDE: Frame on Wheels (10723 W Flagler, Miami, FL, 33174).
PRECIO: gratis.
PARA MÁS INFORMACIÓN: (305) 551-9464
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