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GUSTAV & MICHAEL, LA DANZA DE LA VIDA

Posted By Sebastián Spreng
May 10, 2022 at 10:47 PM

Michael Tilson Thomas al frente de la orquesta. Fotografía: Alex Markow (cortesía de la New World Symphony).

Un fin de temporada que superó las expectativas del “Grand Finale” anunciado. Como no podía ser de otro modo, el último concierto del 2021-2022 y formal despedida de Michael Tilson Thomas (MTT), creador y director de la New World Symphony (NWS), la academia orquestal de América con sede en Miami Beach desde 1987, tuvo connotaciones de alto voltaje artístico y emocional. Indudablemente, el mejor concierto de la temporada fue también el fin de una era.

Un programa peculiar con obras de Joseph Boulogne y Gustav Mahler, celebrando al director y al violinista estrella Gil Shaham que tuvo a su cargo la doble responsabilidad de solista y director abriendo la noche con el “Noveno Concierto’” del Chevalier de Saint-Georges (1754-1799).

Polímata, inefable personaje que merece más de una película, el guadalupeño campeón de esgrima (entre otros deportes) no fue sólo coronel durante la Revolución Francesa, la que defendió hasta luego ser encarcelado por sospechoso, asimismo compositor, director y violinista de fuste. En su haber varias óperas, cuartetos, sinfonías y conciertos para el violín del que fue virtuoso. Qué mejor pendant del virtuosismo actual que el eximio Gil Shaham cuya fervorosa, impecable versión del “Noveno” en el más estricto y a la vez refrescante clasicismo, fue acabada demostración del disfrute de hacer música. Un efervescente aperitivo digno del opulento plato principal por venir.

La “Quinta Sinfonia” de Mahler irrumpió de la mano de MTT. Mahler es su compositor favorito, del que grabó la integral de sus sinfonías con la Sinfónica de San Francisco, su orquesta entre 1997-2020. Ovacionado al hacer su entrada como literal Ave Fénix, MTT entregó una versión inolvidable mostrando un Mahler diferente al que nos tiene acostumbrados, quizás menos espectacular, más internalizado, más decantado; de hecho, esencial.

Como el caballero que en “El séptimo sello” de Ingmar Bergman desafía a la muerte con una partida de ajedrez; a medida que avanzaba en sus sinfonías, Mahler mantuvo con ella un juego cada vez más intenso y peligroso, una afrenta que dio por resultado su mejor música; no en vano se dice que toda creación artística se resume a ese desafío.

Después del enigma y la resurrección de sus primeras cuatro, aquí Mahler queda solo frente a la muerte, sin voces, sólo orquesta, entablando un apasionante ajedrez instrumental. No será aquel duelo desolador que llegará con la “Novena”, arrollador y macabro como las pinturas de Ensor, sino un baile elegante, seductor, sutil y provocador, combinando sofisticación vienesa con rusticidad campestre, menos decorativo que Klimt y más cercano al movimiento continuo de “La danza de la vida” del noruego Munch. MTT plasmó esta “Quinta”, como esa danza de la vida y su destino, del que observa en panorámica su existencia. El mismo destino que golpea al principio de la quinta beethoveniana, que nace con fanfarrias de marcha fúnebre y que en secuencias desfila como postales de una vida, al igual que la “Vida de héroe” de su rival Richard Strauss, compuesta tres años antes.

Una emocionante ovación coronó la velada. Fotografía: Alex Markow (cortesía de la New World Symphony).

Frente a una lectura esta sería pueril, demasiado anecdótico caer en fastidiosos detalles de ejecución musical; se estuvo frente al resultado de la experiencia, de un resumen entregado con distante valentía sumado a una orquesta en “estado de gracia”.

Imposible no destacar que el “Adagietto” surgió de la nada con inaudita ternura para crecer y desatarse tristanesco, vibrante y pleno de exquisita transparencia, para irse extinguiendo hasta desaparecer con la misma lejana emoción con la que había nacido. En esta carta de amor a Alma, el tiempo pareció detenerse: el sublime cenit de la noche.

La batalla mahleriana prosiguió quijotesca pero vista desde la serena contemplación, casi lección eviscerada de violencia; en instancias nunca sonó tan eslava, tan esteparia, ni tan judía con sus juegos de abalorios musicales, ni tan balsámica, rayana en el perfumado impresionismo que florecía al otro lado del Rhin.

El gigantesco Scherzo del segundo movimiento acabó por devorar la sinfonía íntegra, esparciendo incontenible la “broma” a la que alude el término. En el socarrón “Rondó” final, esa broma cobró ímpetu arrollador y entonces, como la frase última de Verdi en su “Falstaff”, tanto Mahler como MTT, nos recordaron que “todo en el mundo es burla” asestando una lección de vida para hoy y para siempre.

Después de la emocionante ovación que coronó la velada, quedaría agregar el final del documental “Michael Tilson Thomas (1987-2022)” proyectado al comienzo y que en tres palabras lo dice todo: “Thank you Michael”.

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