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Un ‘Cascanueces’ rejuvenecido y una renovada experiencia de disfrute

Posted By Orlando Taquechel
December 18, 2017 at 7:24 PM

El Miami City Ballet (MCB) presentó por fin en el Arsht Center la nueva producción de su gran espectáculo navideño, el “Cascanueces” de Tchaikovsky y Balanchine, ahora con diseños originales de escenografía y vestuario creados por los artistas cubanoamericanos Isabel y Rubén Toledo. El estreno mundial tuvo lugar en Los Angeles unos días antes.
La dirección artística de la compañía, a cargo de Lourdes López desde 2012, consideró que era tiempo de renovar la puesta en escena en repertorio desde 1990 y lo ha conseguido de manera espléndida gracias a los hermosos trajes y decorados de los Toledo, las proyecciones ingeniosas de Wendall K. Harrington y la elocuencia de las luces de James F. Ingalls.
Hay muchos logros a destacar en este nuevo “Cascanueces”, pero es referencia obligada la secuencia inicial concebida como un travelling de seguimiento que lleva al espectador del cielo al interior de la casa de la familia Stahlbaum, abriendo puertas y seccionando edificios. La casa de los Stahlbaum es aquí una casa de muñecas donde el papel que cubre sus paredes está destinado a cobrar vida al servicio de la imaginación infantil más delirante.
Sin embargo, lo que hace del primer acto una experiencia inolvidable es la espectacularidad que se consigue utilizando nuevamente el principio del travelling para darnos la transformación gigantesca del árbol de Navidad y sorprendernos cuando descubrimos que al final tenemos el punto de vista de un niño pequeño, lo que nos permite apreciar de manera diferente la batalla entre los ratones y los soldaditos de plomo.
Durante el primer acto, donde hay más teatro que danza, los intérpretes del MCB aciertan como actores. Ellen Gocki, Alex Manning y Shimon Ito sobresalen como Columbina, Arlequín y el Soldado y el cuerpo de baile ejecuta de manera desenvuelta el siempre bien recibido Vals de los Copos de Nieve.
En términos de color, las escenas de la fiesta del primer acto tienen tonos pasteles mas oscuros y en el segundo la tierra de los dulces es presentada como un paraíso tropical en tonos pasteles más frescos, con una piña gigante coronando el dosel del trono desde donde Maria Stahlbaum y el Pequeño Príncipe disfrutaran de los bailes que ejecutan en su honor los habitantes del lugar.
La entrada a escena de los bailarines a cargo de esos divertimentos (Chocolate Caliente, Café, Té, Bastones de Caramelo, Madre Jenjibre, Rocío y las Flores) sirve para apreciar la variedad y creatividad de los nuevos trajes, todos magníficos. Pero la reinvención del personaje de la Madre Jengibre como una muñeca de trapo dotada de una enorme cabeza está destinada a ser la imagen emblemática de este montaje.
El vestuario creado por Isabel Toledo merece un estudio aparte. Es evidente que ella sabe que el diseño de moda y el diseño de vestuario son dos conceptos completamente diferentes pero hay que reconocer que su experiencia con el primero le permite abordar el segundo con considerable ventaja.
Así las cosas, era de esperarse la elegancia y autoridad teatral que ostentan los trajes creados para la escena en casa de los Stahlbaum pero es maravilloso descubrir vestidos con volantes que parecen rendirle tributo a los diseños de Gilbert Adrian y Bernard Newman para las estrellas de cine de los años 30.
No hay duda alguna que hacer que una bailarina se sienta más bella se refleja en su actuación. Disfrutando sus hermosos vestidos nuevos, las bailarinas del MCB proyectan una femineidad efervescente que deslumbra.
Por último, la habilidad de Toledo para la apropiación nostálgica de colores y texturas la emparentan con el gran Cecil Beaton y los vórtices creados al girar en los valses alcanzan exquisitez hipnótica en el trazo gracias a la ingravidez de unos vestidos que invocan la imagen icónica de Elizabeth Taylor en “A Place in the Sun”.
En otra época, muchos de los trajes de Toledo para “Cascanueces” ya estarían siendo reproducidos y comercializados en las grandes tiendas por departamentos. Quizás todavía es posible que así ocurra.
Inevitablemente, el segundo acto resulta estático después de los alardes visuales del primero pero la ejecución de los bailarines compensa la pasividad aparente del entorno escenográfico y la iluminación.
En este contexto, hay que alabar el desempeño de Nicole Stalker, Didier Bramaz, Shimon Ito, Kleber Rebello y Ashley Knox. Los radiantes Jennifer Lauren y Renan Cerdeiro fueron muy aplaudidos como el Hada del Azúcar y su Caballero pero Jordan-Elizabeth Long y Nathalia Arja dieron la impresión de bailar desatendiendo el exhorto descriptivo de la música. Una vez más, el cuerpo de baile estuvo excelente en todas y cada una de sus intervenciones.
En resumen, el “Cascanueces” rejuvenecido del MCB ha transformado un espectáculo hartoconocido en una renovada experiencia de disfrute que se agradece.

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