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La belleza aterradora de Kibbutz Contemporary Dance Company

Posted By Orlando Taquechel
Caption: Fotógrafo: Eyal Hirsch (cortesía de KCDC)
November 7, 2018 at 1:27 PM

La afamada compañía israelí Kibbutz Contemporary Dance Company (KCDC por sus siglas en inglés) se presentó el  fin de semana pasado en el South Miami Dade Cultural Center (SMDCAC) de Cutler Ridge ofreciendo una sola función de su puesta en escena “Horses in the Sky”.

KCDC fue fundada en un kibutz (léase comunidad colectivista) por Yehudit Arnon (1926-2013) una bailarina y coreógrafa nacida en Checoslovaquia y sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz que en 1973 estableció la compañía y desarrolló una Aldea de Danza hoy de fama internacional que continúa siendo el hogar de la compañía.

Durante una charla previa a la función con Rami Be’er, director artístico de KCDC desde 1996, en el Lab Theater de SMDCAC y bajo la experimentada conducción de Jordan Levine (ex bailarina que por años escribió crítica de danza para The Miami Herald), el también coreógrafo compartió con los presentes que durante el encierro de Arnon en Auschwitz, los soldados nazis la castigaron por negarse a bailar con ellos en Navidad y “al sobrevivir la terrible experiencia, ella dedicó su vida a bailar”.

Merece la pena dar a conocer que SMDCAC tiene planeado acompañar todas las funciones de danza contemporánea de la temporada 2018-2019 con un encuentro con los artistas y una conversación informal con el público una vez finalizada la actuación. En esta ocasión, ambas actividades se desarrollaron con cordialidad admirable.

Según el sitio web de KCDC, la misión de la aldea creada por Arnon es “promover la danza en Israel, con énfasis en fomentar la excelencia en las artes y crear un centro para la comunidad internacional de danza” y tiene como objetivo “fomentar la creación artística, reunir a jóvenes judíos de todo el mundo y fortalecer el vínculo entre los diversos grupos étnicos de Galilea a través del movimiento y la danza.”

En este sentido, los 19 bailarines extraordinarios que nos cautivaron en SMDCAC el sábado en la noche resultaron ser una buena muestra.

Junto a Shani Cohen, nacida en Jerusalén, participaron los norteamericanos Megan Doheny y David Warren Parker (que estudió con el Miami City Ballet y bailó con el Miami Contemporary Ballet), el francés Martin Harrague, los rusos Ilya Nikurov y Anastasia Cheshun, los coreanos Su Jeong Kim y Jinhwan Seok, el español Alberto Galindo, y otros artistas de Australia, Gran Bretaña y Brasil.

La influencia de vivir y trabajar en un kibutz es palpable en la propuesta escénica de KCDC. El sentido de colectividad se magnifica en momentos corales donde casi todos participan pero no desaparece aun cuando se separan en grupos (hombres, mujeres) o se esculpen secuencias donde un grupo comparte el escenario con un cuarteto, un trío, un dueto o un solo.

Hay también una bailarina sentada sobre un bailarín mientras este se arrastra de un lado a otro del proscenio (una alegoría que permanece en la memoria) y un bailarín enrojecido declamando con ira (quizás el momento menos inspirado de la noche).

Definitivamente, pasan muchas cosas en “Horses in the Sky” pero según Be’er, el solo ofrece una “reflexión” y no proporciona soluciones o respuestas. El público debe sentirse libre para hacer su propia “interpretación” y  darle significado a las acciones escénicas a partir de su propio mundo de referencias.

Estrenada en 2015, “Horses in the Sky” toma su nombre de la canción protesta homónima de la banda canadiense Silver Mt. Zion. Dos de sus estrofas se incluyen en el programa:

“Oh mi cordero roto
Me preocupo cuando lloras
El bebé te va a buscar
Caballos en el cielo

Aunque manos muertas rodean el jardín.
Y estos son tiempos violentos.
Y la violencia trae más violencia.
Y los mentirosos traen más mentiras”

La letra es escuchada dos veces durante la obra: primero como arenga política y casi al final como parte de la banda sonora.

La propuesta de Rami Be’er no tiene argumento pero parte de la imagen elegíaca que propone su título para ofrecernos una lectura apocalíptica de belleza onírica aterradora (sobre todo por ilustrarnos lo que vamos a perder y como) enlazando pequeñas escenas contrastantes que durante casi una hora van de la languidez a la euforia y en ocasiones se entregan de lleno al arrebato.

En este contexto, la iluminación deslumbra e intimida. La música es desesperante y un instante después parece acariciarnos. Sin olvidar unos cuantos compases estridentes de banjo que se utilizan con festiva alevosía. Por su parte, la coreografía no teme hacerle un guiño incluso al teatro musical y al vodevil.

Todos los ejecutantes parecen estar descalzos y visten calzoncillos de color blanco. Los hombres con camisas abiertas en la espada pero amarradas.

“Horses in the Sky” abre de manera explosiva y grupal con los bailarines abalanzándose al escenario y termina con los mismos bailarines apenas visibles bajo una luz tenue, mientras una mujer que no para de dar vueltas, se aleja poco a poco y desaparece.

De manera absolutamente merecida, KCDC recibe al final una gran ovación de pie que únicamente se detiene cuando ellos deciden no volver a salir a escena y se encienden las luces de la sala.  Solo entonces el público se libera del embeleso y comienza a descifrar lo que realmente significa haber cabalgado en el cielo.

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