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El Teatro en español de Miami, sus angustias y esperanzas

Posted By Wilfredo Ramos
July 7, 2020 at 9:39 PM

“El No” de Virgilio Piñera (Arsht Center, 2012) dirigida por Mario E. Sánchez. Actores: Isabel Moreno y Gerardo Riverón. Fotografía: Pedro Balmaseda / Archivo Teatro Avante (cortesía)

Para nadie es un secreto que el teatro es una manifestación artística compleja necesitada de múltiples elementos para su desarrollo, si le agregamos el que dicho teatro sea hablado en un idioma diferente al del país en donde se realiza, esto aumenta las dificultades y hace que sus hacedores tengan que buscar constantes vías que le permitan poder llevar a cabo sus aspiraciones.

Como resultado de estos múltiples factores que inciden en la creación teatral en nuestra ciudad, es que un grupo de artistas del gremio, los cuales dirigen sus propios espacios dedicados a la presentación de espectáculos, han decidido agruparse y unir fuerzas en la Hispanic Theaters and Producers Association, HISTEPA, por sus siglas en inglés, organización que en un primer momento aglutina solo a aquellos que tratan de mantener esos espacios físicos de representación, que producen sus propios espectáculos y que entre todos agrupan unas mil doscientas lunetas, dan trabajo directo a alrededor de cien personas e indirectos a más de trescientas, así como permiten realizar sus producciones a muchas agrupaciones teatrales que dependen de estos espacios para presentar sus espectáculos.

¿Por qué surge en estos momentos dicha organización, si los obstáculos no son nuevos?

“La Balada de los tres Inocentes” de Pedro M. Herrera (circa 1977) Actores: Marcos Casanova, Velia Martínez, Manolo Villaverde y Gabriel Casanova. Fotografía: Asela Torres (cortesía)

Hagamos un poco de historia y remontémonos a la década de los años sesenta del pasado siglo con la llegada de los primeros exiliados cubanos que abandonaron Cuba ante la instauración en dicho país de un gobierno de corte socialista, el cual prontamente coartó la libertad de expresión y creación, lo que indujo a un éxodo masivo que se ha mantenido hasta nuestros días. Es dentro de dicha vorágine de inmigrantes, que comienzan a llegar a este país, en especial a la ciudad de Miami, la vanguardia del gremio teatral cubano, que ya para el temprano 1969 subirá a escena la primera obra de gran formato en español del dramaturgo y director teatral Pedro Román: “Hamburguesas y Sirenasos”, que reflejaba de manera humorística la nueva situación existencial que enfrentaba el cubano en ésta, su nueva tierra.

“Esperanza Peña” (Teatro Martí, 1980) Actores: Olga Guillot, Julita Muñoz, Martha Flores y Jorge Guerrero. Fotografía: Asela Torres (cortesía)

Es a partir de dicho momento que se da el tiro de arrancada en una carrera por crear espacios y agrupaciones teatrales que respondieran a las necesidades artísticas y espirituales de los cubanos que arribaban a estas costas, como una manera de revivir su cultura dejada atrás.

Hay que aclarar que otras ciudades como Los Angeles, New Jersey y sobre todo New York, fueron también centros donde al establecerse parte de esa comunidad exiliada cubana, subió a escena su teatro.

Muchas agrupaciones y salas teatrales han surgido y desaparecido desde ese entonces, teniendo la década de los setenta como la etapa más productiva de esta manifestación artística realizada por teatristas cubanos. Los años ochenta traen una disminución y decadencia en la oferta y calidad teatral que a duras pena ha podido remontar en las décadas siguientes, hasta llegar al momento actual.

Desde hace algún tiempo, el teatro en español de Miami es más diverso, debido al arribo a la ciudad de actores, directores y dramaturgos de toda Latinoamérica, quienes han aportado sus textos, visiones, estrategias y maneras de hacer, enriqueciendo la mirada teatral de la ciudad.

No obstante lo señalado anteriormente, el teatro en español de Miami nada en una constante marea de crisis que lo pone al borde de la asfixia en todo momento, a pesar de la lucha constante y ardua de sus creadores por mantenerlo a flote y desarrollarlo.

“Corona de Amor y Muerte” de Alejandro Casona (Teatro La Danza, 1981) dirigida por María Julia Casanova. Actores: Julia Menéndez, Orlando Varona, Manolo Coego, Evelio Taillacq, Aurora Collazo, Reny González y María Elisa Sánchez Osejo. Fotografía: Asela Torres (cortesía)

Múltiples factores atentan contra la vida teatral miamense, que van desde la visión general de esta ciudad como destino de playa, sol, bares y centros nocturnos, hasta la mal planificada extensión geográfica de la misma, que hace una agonía los desplazamientos entre un lugar y otro dentro de esta, lo que dificulta la asistencia de público a las salas, el cual en la mayoría de los casos desiste de disfrutar de un espectáculo, ante la titánica tarea de enfrentar nuevamente las distancias y el horrible tráfico de la ciudad, después de haber regresado de su jornada laboral.

Otro factor determinante en la continuidad de vida de los espacios dedicados al teatro son los exorbitantes precios a pagar por la renta de los mismos, producto del desbocado auge inmobiliario que ahoga cualquier intento por abrir o mantener funcionando dichas instalaciones.

El factor humano con respecto al propio gremio influye mucho en la permanencia de agrupaciones y salas de presentaciones, debido a la inestabilidad de los artistas que dependen de otros empleos para subsistir, viéndose en muchas ocasiones obligados a buscar otros destinos donde encontrar mejores medios de subsistencia.

La diversidad de nacionalidades con marcadas diferencias culturales y de enfrentamiento al hecho teatral es per se un elemento importante a la hora de ver reflejada la asistencia del público a los espectáculos, ya que el mismo responderá generalmente a su grupo nacional, creándose por ende guetos artísticos.

A todo lo anterior debemos sumarle la muy escasa posibilidad de encontrar financiamientos, ya sea de parte de gobiernos, instituciones y particulares que permitan la existencia de espacios y compañías teatrales.

A toda esta larga y continua trayectoria de obstáculos, debemos sumarle el de la actual situación mundial de salud que ha venido a frenar totalmente al sector teatral, para el cual no se vislumbra solución alguna a largo plazo, pues no se encuentra en la agenda de trabajo de una posible regularización del quehacer cotidiano por parte de las autoridades por considerarlo “riesgoso y no esencial”.

Es llegados a este punto que podemos responder la pregunta del por qué nuestros teatristas se han visto en la necesidad de unirse alrededor de HISTEPA, como institución que los ayude a sortear este temporal que se torna definitivo.

Ante esta lamentable situación, solo nos queda preguntarnos: ¿hemos arribado al tan temido momento de la desaparición del teatro en español en la ciudad de Miami?

Esperemos que no.

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