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Dos grandes intérpretes mexicanas rinden tributo a la mítica Frida Kahlo

Posted By Elena Martí
July 13, 2020 at 6:00 PM

Elisa Carrillo en “Infinita Frida.” Fotografía: Oleg Zotov (cortesía)

Imposible que pase el mes julio sin hablar de Frida Kahlo.  Nació un 6 de julio de 1906 y murió 47 años después, el día 13 del mismo mes. Llueven en esta fecha noticias en internet y las redes sociales sobre su vida y obra.

La obra de Kahlo se arraiga en sus orígenes y es considerada emblema de la tradición y el folklore mexicanos. Por eso quisimos saber las impresiones de dos emotivas artistas mexicanas que han triunfado rindiéndole tributo: ellas son la exquisita bailarina Elisa Carrillo con el ballet “Infinita Frida” y la destacada actriz Ana Karina Guevara con el monólogo “Kahlo, viva la vida.”

Elisa Carrillo nació en Texcoco, Estado de México e inició sus estudios de danza a los 6 años. Por su papel de Julieta en Romeo y Julieta,” ballet estrenado en mayo de 2018 por el Staatsballett Berlin – donde es Primera Bailarina desde 2011 – Carrillo obtuvo en 2019 el premio Benois de la Danse , el más prestigioso galardón de la danza en el mundo.

El 30 de agosto de 2013 fue el estreno mundial de “Infinita Frida,” inspirada en la controvertida pintora. Y, por esta obra, con coreografía de Yuri Smekalov, conversamos por vía telefónica con la bailarina – desde 2019 también codirectora de la Compañía Nacional de Danza de México – que nos visitó en 2006 para participar en el Festival Internacional de Ballet de Miami y vivió muy cerca de la Casa Azul, donde residiera Kahlo, convertida ahora en museo.

El ballet “Infinita Frida” es interpretado por Elisa Carrillo. 

 

¿Haber convivido con el ambiente de la Casa Azul cuando eras niña influyó en tus motivaciones para el personaje que interpretas en “Infinita Frida”? El acercamiento a la Casa Azul, donde vivió Frida, me influyó mucho para el personaje que representé en “Infinita Frida”; no hay nada más bello que sentir la cercanía del personaje. Me impresionó demasiado su historia, todo el dolor que ella sintió. Y el hecho de que siempre luchó por sus ideas, salió adelante y pudo expresarse como artista. Me sentí muy conectada, porque en diferentes momentos de mi vida, también pasé por momentos difíciles y los sigo pasando. Tenerla a ella como referente de mujer y de artista que nunca se dio por vencida me ha apoyado, y fue un gran ejemplo. Haber vivido en México y haber sentido de cerca toda esa pasión y esa entrega de ella por lo que hacía me llena mucho de orgullo cuando voy a otro país y cuento cómo somos en México. Esto influyó en mi vida y en este rol. Lo que viví como niña me ayudó a sentir desde lo profundo lo que iba a interpretar.

Un momento grupal del ballet “Infinita Frida”. Fotografía: Oleg Zotov (cortesía)

Una vez te pidieron que definieras la danza con una sola palabra y dijiste: “Para mí danza es vida”. ¿Qué emociones del universo de Frida te inspiraron más en esta pieza? En efecto, para mí la danza es vida y el universo de Frida me inspira en todo sentido. Pero muy en especial la entrega a su arte. Todo el dolor y la desesperación de ella se expresaron en lo que pintó. Y esas emociones me ayudan a la hora de expresar algo en el escenario. Trato de ir a lo más profundo: puede ser tristeza o alegría. Y es que ella hizo lo mismo con sus pinturas. Y, sobre todo, en la danza clásica, en mi mundo, sufrimos muchos dolores, de otra manera claro, pero son dolores físicos. Y pensar en todo lo que ella vivió, el mundo donde ella sufría día a día, porque ella nunca pudo sentir su cuerpo al ciento por ciento, me hizo sentir muy cercana a ella durante este ballet. Me inspiraron el amor y el desamor, todo el sufrimiento que ella sintió por su relación con Diego.

¿Una palabra para definir a Frida? Fortaleza, solidez. Fue una mujer muy fuerte y siempre fue muy firme en todo lo que hizo.

Ana Karina Guevara en el monólogo “Kahlo, viva la vida.” Fotografía: Yvonne Belanger (cortesía)

Por su parte, Ana Karina Guevara nació en la Baja California. Desde muy pequeña se interesó por el teatro; tomó cursos y talleres con directores profesionales. Al llegar a Ciudad de México, estudió psicología en la Universidad Iberoamericana, y más tarde la carrera de actuación. Ha participado como actriz en más de 40 montajes. Y una de sus presentaciones más impactantes es el monólogo “Kahlo, viva la vida”, escrito por Humberto Robles. Este montaje cuenta con la dirección de Pilar Boliver. En amena charla telefónica con Ana Karina supimos detalles de su interpretación del monólogo.

¿Te ayudó de alguna forma el hecho de ser psicóloga al interpretar la personalidad de Frida Kahlo? Aunque no ejerzo la profesión como tal, estudié la carrera y me titulé. Me apasiona y la aplico a mi vida y a mi trabajo. Es una gran herramienta para mí como actriz y directora. Sí me ayudó. Hay cosas de la vida de Frida que me impactaban mucho: en lo físico, en lo emocional. Esta es mi segunda oportunidad (lo había interpretado hace 11 años); y en esta reajustamos algo el texto, hablamos mucho, fuimos a la casa de Frida, leímos, analizamos, leímos sus poemas.

El monólogo “Kahlo, viva la vida” es interpretado por Ana Karina Guevara.

En una entrevista que concedió Pilar Boliver ella asegura que el monólogo la encontró a ella y que tú fuiste quien le propuso dirigir. ¿Cómo te encontró el monólogo a ti? Mis padres fueron siempre ávidos lectores. Y uno de los primeros libros que tuve de niña fue una biografía de Frida, un libro del que nunca me deshice. Y ahora comprendo la razón. Pilar no estaba muy convencida de hacerlo, pero cuando profundizamos juntas, se apasionó. Pilar diseñó la escenografía, el vestuario. Cada elemento de la escenografía tiene un peso y un simbolismo muy profundos.

Para adentrarte en la piel de Frida tuviste que ahondar en sus cambios de estado de ánimo. ¿Crees que estos cambios tengan relación con lo mucho que sufrió? Sí, Frida tenía un gran temperamento. Y ella misma dice que, desde su accidente, con todas las cirugías que sufrió, la muerte bailaba una danza macabra a su alrededor. Frida se aferró a la vida con uñas y dientes; y con sus pinceles. Frida no podía vivir una vida tibia. Amaba la vida, las fiestas, el arte, los amigos, las tertulias. Y en este monólogo hay una Frida que se sobrepone, que no siente conmiseración ni se victimiza; a ella no la detuvo nada.

Y esa es una gran lección para mí. No importan tus circunstancias.

“Frida tenía un gran temperamento,” afirma Ana Karina Guevara. Fotografía: Yvonne Belanger (cortesía)

El monólogo ha sido presentado en numerosos países de América, en Europa, Australia y hasta Japón. Si te invitaran a presentarlo en Miami, donde predomina la presencia hispana, ¿te gustaría hacerlo?

Claro que sí. Encantada. Estamos deseosas de hacerlo. De hecho, el montaje está planeado para que todo se pueda subir a un avión, viajar por el mundo y ofrecerlo exactamente igual a lo que se ha visto en la Ciudad de México.

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