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Dimensions Dance Theatre of Miami: escultórico y sereno

Posted By Orlando Taquechel
November 21, 2019 at 3:26 PM

Dimensions Dance Theatre of Miami (DDTM), bajo la dirección de sus fundadores Jennifer Kronenberg y Carlos Guerra, se presentó el sábado 16 de noviembre en el South Miami-Dade Cultural Arts Center (SMDCAC) con una sola función de un nuevo programa titulado “Ballet: Escultura y Serenidad”.   
La presentación, con la que dieron inicio a la cuarta temporada de la compañía, resultó del agrado de todos los presentes – el teatro del coloso de Cutler Bay estaba lleno de seguidores – con una selección de obras ya conocidas y un estreno.
La pieza más esperada de la noche era el estreno mundial de “Genus” por ser la primera coreografía larga de uno de sus miembros, el bailarín Yanis Eric Pikieris, y por lo que significa agregar a repertorio una obra original hecha en casa.
Una primera versión muy breve de “Genus” – que cuenta con música de Jody Talbot y Benjamin Wynn (Deru) – fue muy bien recibida la primavera pasada en la muestra que Kronenberg y Guerra utilizan cada temporada para probar la eficacia comunicativa de las obras que tienen en proceso.  
Otros tres títulos completaron el programa: “Under the Olive Tree” de Tara Lee, que en noviembre de 2016 fue la tarjeta de presentación de DDTM en su debut, “Shogun” de la coreógrafa brasileña Ivonice Satie (1950-2008) y “Apollo & Daphne” de Ben Needham-Wood. Estos dos últimos, estrenos para la compañía.   
La función abrió con “Under the Olive Tree”. “Los dioses descienden de los cielos, representado por el gran árbol del olivo, para brevemente tomar parte de la experiencia humana en la Tierra”, afirman las notas al programa. 
Como el dios griego de la guerra, Ryan Nicolas DeAlexandro – recién incorporado a DDTM – deja una excelente primera impresión con su solo. Trisha Carter, Meisy Lafitte, Yaima Mendez, Miranda Montes de Oca, Selah Oliver y Calista Olson se lucen en la sección grupal. 
En los dos pas de deux ubicados en el medio de la pieza, se destaca nuevamente DeAlexandro junto a una voluptuosa Chloe Freytag (interpretando a Afrodita) y sobresale Mayrel Martinez (que formó parte del elenco original) acompañada por un Natanael Leal impactante.
La obra avanza sin tropiezos, termina como empieza y el público aplaude con entusiasmo.
A continuación, se presentó “Shogun”, que Maximum Dance Company y Miami City Ballet dieron a conocer en Miami hace ya algunos años.  Shogun es el epíteto otorgado a un general después de una campaña exitosa y un término utilizado para designar al líder de los samuráis. 
Este exigente dueto masculino explora la relación entre maestro y discípulo y fue creado en 1982 por Satie como homenaje a su abuelo, quien le enseñó las artes tradicionales japonesas. Kevin Hernández y Yanis Eric Pikieris consiguen la limpieza y precisión requerida pero ofrecen camaradería en lugar de pragmatismo. 
Después de una segunda pausa, Kronenberg y Guerra ubicaron sabiamente un trabajo exquisito destinado a ser la experiencia más conseguida de la noche: el pas de deux “Apollo y Daphne” de Needham-Wood.
Este es una coreografía inspirada por la escultura de Gian Lorenzo Bernini que representa el mito de la atracción del Dios de la Luz y la Verdad por una hermosa ninfa decidida a permanecer independiente.
Fabian Morales y Claudia Lezcano, como el dios y la ninfa, compartieron el escenario con la pianista Inesa Gegprifti y el violinista Anthony Seepersad que interpretan las sutilezas minimalistas de Arvo Pärt con un refinamiento alucinante. Esta es la primera vez que la obra se presenta con música en vivo. 
La integridad de la presencia escénica de Morales y el aplomo prodigioso de su desempeño como intérprete – infalibilidad como partenaire incluida – nos hacen recordar la masculina humanidad de Mikhail Baryshnikov en el solo “En un Paisaje” de Cesc Gelabert, donde simplemente “habitaba” la escena y eso era más que suficiente.
A su lado, Lezcano proyecta la combinación ideal para el papel: angelical pero insumisa. 
Es un suceso inexplicable y una experiencia inenarrable verlos definir el tono, explorar los matices y descubrir el verdadero significado de la inquietud agónica que subyace en el trazo coreográfico impecable de Needham-Wood.
Al terminar “Apollo y Daphne” – y la subsiguiente estruendosa ovación – era necesario un intermedio para recuperar la compostura.
El público regresaría a la sala para ver “Genus”, donde Pikieris “examina la evolución espiritual”, haciendo referencia nuevamente a las notas del programa.
El término genus (en español, género) es una categoría taxonómica que se ubica por encima de las especies y por debajo de la familia. Un género es un grupo de organismos que a su vez puede dividirse en varias especies.
La música utilizada es la misma compuesta originalmente para el ballet homónimo de Wayne McGregor, creado en 2007 para la Opera de Paris y basado en el descubrimiento de la evolución hecho por Charles Darwin y su libro “El Origen de las Especies”. 
Así las cosas, es posible afirmar que las propuestas de McGregor y Pikieris comparten tema y asunto pero con ventaja notable para el primero porque hay una cualidad descriptiva en la música que está íntimamente asociada a su manera de hacer.
En este contexto, Pikieris se esfuerza por decir algo nuevo – no necesariamente diferente – al organizar su “Genus” en tres secciones marcadas por las preguntas ¿quién soy?, ¿quién eres? y ¿qué somos?
La obra es muy interesante al comienzo – la primera sección es la mejor – con un hombre (Fabian Morales) interactuando con seis mujeres, todos vestidos de negro.
En la segunda sección, con cuatro parejas vestidas de blanco, Pikieris muestra su habilidad con el pas de deux contemporáneo y consigue momentos de lucidez innegable en el manejo de las agrupaciones. Pero es desolador ver como las cosas se complican en la tercera sección cuando la obra da la impresión de terminar más de una vez y se siente interminable. 
Por suerte, “Genus” cierra de manera tan espectacular que hace saltar al público de sus asientos cuando pone a toda la compañía en escena en lo que parece ser una referencia afectuosa y divertida al estilo Balanchine.
 
Definitivamente, hay que felicitar a Kronenberg y Guerra por los logros de este programa elegante que reinventa el estilo de la compañía – más sofisticado, menos complaciente – al mostrar a sus magníficos bailarines en todo el esplendor de su belleza.  
FOTO: Fabian Morales y Claudia Lezcano con Inesa Gegprifti (piano) y Anthony Seepersad (violín) en “Apollo & Daphne” de Be Needham-Wood. Fotografía: Pedro Portal (cortesía)
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