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De la literatura al baile flamenco: un Conde Drácula apasionado

Posted By Orlando Taquechel
Caption: Foto: Pepe Flores (Drácula) y María Mercedes Perez (Mina Murray) en “El Conde Drácula”. Fotografía: Jenny Abreu (cortesía de BFLR)
November 28, 2018 at 7:28 PM

El sábado pasado, en un teatro Colony pletórico de amantes del arte flamenco, el Ballet Flamenco La Rosa (BFLR) dio inicio media hora tarde al tan esperado estreno mundial de “El Conde Drácula” de Ilisa Rosal, su fundadora, directora general y coreógrafa. Algo que seguramente hizo pensar a los presentes que este iba a ser un evento accidentado. La verdad es que así fue.

Los contratiempos que entorpecieron la fluidez del montaje tuvieron que ver con demoras, interrupciones y distracciones innecesarias durante el manejo de la utilería, que ocurre a la vista de los espectadores. Hubo también otros percances técnicos propios de una noche de estreno a la que le han faltado ensayos en el teatro.

BFLR , fundada en 1985, es una compañía miamense de larga trayectoria que invita artistas de prestigio internacional para proyectos específicos y se ha destacado presentando desde 2004 obras literarias adaptadas al flamenco. “El Conde Drácula” es la decimosegunda puesta en escena de la serie. 

El estilo inconfundible de Rosal se descubre con solo leer las notas al programa donde todo es explicado al detalle. Rosal utiliza obras conocidas para explorar y afirmar la suficiencia del flamenco como relator de historias de todo tipo. En el proceso, ella inserta diferentes “palos” o variedades tradicionales del cante flamenco (bulerías, tarantos, cantiñas, soleá, tangos, guajiras y fandangos).

Son momentos hábilmente incorporados a la manera de Petipa y los 32 fouettés de Pierina Legnani en “El Lago de los Cisnes”. Muchos de ellos ya vienen con los artistas y es por eso que todos comparten crédito como coreógrafos.

Las primeras escenas de esta versión en dos actos tienen lugar en el Castillo Drácula en Transilvania y el resto en casa de la familia Murray en Inglaterra. En la escena final, los héroes de la historia (Jonathan, Van Helsing y la Sra. Murray) regresan a Transilvania en busca de Drácula, se enfrentan a las mujeres vampiro que intentan protegerlo y acaban clavándole una estaca en el corazón.

Los roles principales estuvieron a cargo de Pepe Flores (Conde Drácula), Fran Bas (Dr. Van Helsing), Agustín Barajas (Jonathan Harker) y María Mercedes Perez (Mina Murray). En papeles secundarios participaron Alessandra Torres como la Sra. Murray, Emi Grimm como Lucy Westenra y Juan Mateo como Renfield.

Mateo, el guitarrista Manuel Aguilera y el cantaor Luis Moreno intervienen como gitanos junto a Sandra Bara, Cachela Judez, Ivanna Cárdenas y Valeria Sierralta, que asumen también los roles de mujeres vampiros y amigas de Lucy.

Aguilera tuvo también la responsabilidad de la música utilizada (tradicional y original) que aporta atmósfera e impulsa la acción. El vestuario diseñado por Rosal y Angel Lucena (realizado por este último) está logrado en las mujeres pero se siente rígido en los hombres, con excepción de Flores.

Perez y Flores son los protagonistas de “El Conde Dracula” y poseen personalidades que desbordan al teatro Colony. Así las cosas, ambos han sido vestidos también para ser “vistos” pero sin olvidar la trayectoria de sus personajes: Perez va de hija y esposa a mujer vampiro y vampiresa. Flores, transita de presencia siniestra y anfitrión enigmático con un cierto encanto aristocrático a depredador implacable y monstruo sin freno.

En todo momento, la belleza inquietante de Perez es magnificada por la astucia con la que ella maneja su propia gestualidad. Flores es un actor deliberadamente melodramático y un bailaor poderoso que sabe cómo llamar la atención sobre sí mismo.

Los otros intérpretes igualmente logran retratos con atributos memorables: el joven Victoriano de Barajas, el cazador de vampiros de Bas, la estoica madre de Torres, la muchacha glamorosa de Grimm y el prisionero sumido en la desesperación de Mateo.

Desde el punto de vista coreográfico el primer acto tiene varias ideas prometedoras que Rosal deja escapar en su afán por ilustrarnos el argumento pero hay momentos que merecen la pena ser mencionados: el dueto de amor de Mina y Jonathan cuando este regresa a Londres; la Soleá por Bulerías en la sala de la casa de los Murray y las seducciones de Lucy y de Mina que terminan con la inevitable mordida en el cuello.

Casi al final del primer acto hay una escena en el jardín que nos permite disfrutar nuevamente de Perez en un hermoso solo con abanico que provoca aplausos y gritos de ¡Ole!, justo antes de que Drácula regrese, la cubra con su capa negra, ella deje caer el abanico y salgan de escena abrazados.

Lo que distingue al segundo acto es que está construido como una sucesión de showstoppers. Barajas tiene su oportunidad para lucirse, bailando su amor eterno por Mina y su determinación por salvarla. La Soleá Apolá de Flores es el momento culminante de la noche.

Rosal agrega después otro dueto de Mina y Jonathan. Van Helsing tiene un solo hecho a su medida y Renfield regresa para morir en manos de Drácula. Sin olvidar la imagen regia de Mina vestida de negro, simplemente paseándose de manera ostentosa.  

Al llegar a este punto, poco importa el desafortunado momento “gore” de Van Helsing lanzando las cabezas decapitadas de las mujeres vampiro que, inexplicablemente, siguen en el piso durante los casi cuatro minutos que dura la entusiasta – y merecida – ovación de pie una vez finalizada la representación.

El éxito de este “Conde Drácula” probablemente radique en que te reclama desconectar el pensamiento crítico, se las arregla para hacerte olvidar lo que le falta y te facilita el disfrute de un arte espléndido como el flamenco, donde cada frase musical o coreográfica, cada gesto y movimiento son manifestaciones apasionadas de las experiencias de vida de cada uno de los artistas participantes.

Foto: Pepe Flores (Drácula) y María Mercedes Perez (Mina Murray) en “El Conde Drácula”. Fotografía: Jenny Abreu (cortesía de BFLR)

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